En este artículo presentamos información sobre qué es la artritis reumatoide, cuáles son sus síntomas y qué aportes puede realizar la enfermería.

Cuidados de enfermería específicos para la Artritis Reumatoidea

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¿Qué es la Artritis Reumatoide?

La Artritis Reumatoidea (AR) es un trastorno inflamatorio autoinmune que afecta las articulaciones, pero que además puede causar daños en la piel, los ojos, los pulmones, el corazón y los vasos sanguíneos.

A diferencia de otras patologías óseas o articulares, en esta se ve afectado el revestimiento de las articulaciones causando una dolorosa hinchazón que lleva a la erosión de los huesos y la deformación de las articulaciones. 

Síntomas de la artritis reumatoide

  • Articulaciones sensibles, calientes o hinchadas.
  • Rigidez articular que suele ser más marcada al despertarse o después de muchas horas de inactividad.
  • Cansancio y dolores en los huesos o articulaciones.
  • Fiebre.
  • Pérdida de apetito.
  • En el 40% de los casos se presentan síntomas en los ojos, pulmones, corazón, sistema nervioso, sistema circulatorio, riñones, glándulas salivales y otros tejidos no vinculados a la movilidad.

Los cuidados de enfermería

Los cuidados de enfermería que se pueden llevar a cabo son fundamentales para aliviar los dolores, mejorar la movilidad, favorecer la adherencia al tratamiento y mejorar la calidad de vida del paciente.

A continuación algunos consejos para tener en cuenta:

Antes de tratar con el paciente, conocer cuáles son los factores de riesgo ayudará a que pueda llevar adelante una atención y cuidados más personalizados de acuerdo a sus características particulares. Entre los que hay que tener en cuenta encontramos:

  • Sexo: las mujeres son más propensas que los hombres (de 2 a 3 veces) a tener Artritis Reumatoidea;
  •  Edad: aunque puede aparecer a cualquier edad, es más común que aparezca entre los 35 y 50 años de edad;
  • Antecedentes familiares: es más común en las familias que los han padecido; y
  • Hábitos de consumo: es más común en personas que fuman y que llevan una dieta inadecuada, por lo que el sobrepeso es un factor de riesgo.

Dado que los síntomas pueden variar y la enfermedad afecta de manera particular a cada persona, es necesario interiorizarse acerca del paciente que vamos a cuidar. Para ello debemos hablar con el paciente y sus familiares acerca de cuáles son los síntomas que presenta, cuáles sus áreas más afectadas, cuál es su estilo de vida, los proyectos que lleva a cabo y las metas que pretende cumplir. También, dentro de lo posible, tener una reunión con el profesional médico, reumatólogo, traumatólogo, kinesiólogo o terapista ocupacional que le atiende para conocer mejor la situación particular del caso.

El personal de enfermería puede realizar intervenciones educativas sobre la patología y sus efectos en tres niveles:

  • Individual: enseñando al paciente o persona a su cuidado;
  • Grupal: trabajando con familiares y amigos del paciente;
  • Comunitario: realizando actividades de promoción de la salud en la comunidad, prevención, y asesoramiento a asociaciones de pacientes y familiares
  •  Consultar con el profesional médico acerca de cuál es la medicación adecuada para su condición.
  •  Cuidar que tome la medicación en el horario correcto y la dosis correcta, pero nunca hacerlo si el paciente lo recuerda por si mismo para evitar limitar su autonomía e independencia.
  • Controlar los efectos secundarios de la medicación.
  • Evitar que el paciente se automedique. 

Practicar actividad física favorece el fortalecimiento de los músculos, huesos y articulaciones. El personal de enfermería y de cuidados debe fomentarla, teniendo en cuenta cuál es la más adecuada para el caso:

  • Asesorarse previamente con un profesional especializado antes de comenzar con las actividades físicas;
  • Proveer al paciente de los elementos necesarios para las actividades: pelotas, elásticos, cubos de madera, sillas adecuadas, pesas, ropa deportiva y demás;
  • Controlar los tiempos de ejercicios, evitando que se excede o que realice menos actividad que la recomendada diariamente;
  •  Cuidar los tiempos de descanso que requiera el paciente.
  •  Evitar los deportes que pueden ser dañinos para su organismo;
  • Controlar el estado físico del paciente después de cada ejercicio
  • Revisar que no haya lesiones en piel, articulaciones o huesos
  • Cuidar que no haya caídas;
  • Atender posibles lesiones.

Para el alivio de los dolores hay muchas técnicas que el enfermero o cuidador pueden realizar.

  •  Masajes localizados;
  • Aplicación de hielo (crioterapia) para los dolores causados por la inflamación, aunque nunca de manera directa sino colocando una toalla sobre la piel antes de aplicar la bolsa fría;
  • Uso de toallas calientes para fortalecer las articulaciones;
  • Las ceras de parafina y los baños templados son recomendables, aunque primero consultar con un profesional especializado; y
  • Utilizar con el paciente dispositivos que alivien dolores o inflamación y faciliten la movilidad como rodilleras, tobilleras, calzadores, bastones y demás. 

Algunos consejos para trabajar en estas actividades:

  • Uno de los tratamientos para la AR es una dieta adecuada, por lo que asesorarse con un profesional de la nutrición cuál es la recomendable para el paciente, ayudar a la preparación de los platos, medir las porciones adecuadas, y proveerle de utensilios necesarios para que pueda alimentarse por su propia cuenta (cubiertos accesibles, platos adecuados, bombillas o sorbetes en caso de necesitarlos) ayudarán a que mejoren sus síntomas;
  • Cuidar la higiene del paciente, favoreciendo que pueda hacerlo por su cuenta (por ejemplo, colocando una silla en la ducha o una agarradera en el baño) o ayudando en caso de que lo necesite, pero sin limitar su autonomía; 
  • Para el caso del vestido, se puede recomendar ropa que el paciente pueda colocarse o quitarse por su propia cuenta (como camisas en lugar de remeras o buzos, faldas o pantalones holgados, velcro en lugar de botones o cremalleras, zapatillas sin cordones, calzadores) o ayudando de manera respetuosa cuando lo necesite; y
  • En todos los puntos anteriores es necesario cuidar la autonomía y la independencia del paciente, favoreciendo lo que pueda hacer por su cuenta y ayudarlo cuando no pueda limitando lo menos posible su autodeterminación.

Dado que se trata de una patología que afecta la movilidad física, puede volverse muy discapacitante por lo que realizar obras de accesibilidad se vuelve fundamental para la independencia y autonomía de la persona se vean limitadas lo menos posible. Algunas que podemos recomendar son las siguientes:

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  • Colocación de agarraderas en las paredes y lugares específicos como baños o cocina
  • Pisos antideslizantes
  • Rampas en lugar de escaleras;
  • Inodoros con tapas bien colocadas y cómodas, con agarraderas y a la altura adecuada;
  • La cama debe tener la altura ideal para el paciente, ya sea que haya que recortar las patas o elevarlas;
  • En la cocina un horno eléctrico es más seguro que uno de gas para evitar incendios;
  • Sillas cómodas, adaptables al cuerpo y con almohadones (en caso de ser necesario) para cuidar la postura y reducir los dolores.

Dado que se trata de una patología que afecta la movilidad, la vida social del paciente se puede ver alterada al no poder asistir a los lugares habituales de sociabilidad. Aunque hoy es posible mantener contacto por medios virtuales, esto no reemplaza el encuentro físico y directo. Por ello el personal puede realizar algunas acciones:

  •  Preguntar al paciente si desea asistir a algún lugar o ver a alguna persona. En caso de que sea posible y que el paciente requiera del acompañamiento del cuidador, este deberá prever antes todas las posibilidades para realizar las adecuaciones que sean necesarias para que la persona a su cuidado se puede movilizar con la menor ayuda posible para no limitar su independencia.
  • Favorecer encuentros virtuales mediante computadoras, teléfonos celulares u otros dispositivos que permitan realizar videollamadas.
  •  Ayudarle a mantener las actividades sociales y comunitarias que realizaba anteriormente.
  • Consultar con profesionales de la salud mental acerca de la forma más adecuada de abordar las consecuencias psíquicas de su enfermedad y mejorar su salud psico-social-comunitaria.
  •  Escuchar correctamente cuándo el paciente necesite hablar o contar lo que le pasa.
  • Prestar atención a síntomas psicológicos que pueden aparecer: depresión, ansiedad, ideación suicida, irritación, violencia, perdida del deseo o falta de expresión de las emociones.
  • En caso de formar parte del equipo de cuidados paliativos del paciente, hacer todo lo posible para aliviar su sufrimiento físico y mental, así como el de sus familiares y amistades.

¿Dónde capacitarse en estos temas?

 Para conocer más sobre este tema se puede consultar la página de Capacitaciones Virtuales de la Sociedad Argentina de Reumatología (SAR). 

El Instituto Universitario del Hospital Italiano (IUHI) ofrece una Maestría en Educación para profesionales de la Salud, lo que brinda herramientas para difundir y educar mejor en temas de salud.

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