Obesidad en el adulto mayor en geriátricos

Obesidad: lo que hay que saber

La obesidad es una pandemia reconocida, con efectos bien documentados en grupos como los niños, pero los ancianos se ven especialmente perjudicados por esta enfermedad

Tabla de contenidos

¿Qué es la obesidad?

Obesidad en el adulto mayor

La obesidad y el sobrepeso se definen como la acumulación excesiva de tejido adiposo en el cuerpo, es decir, cuando la reserva natural de energía almacenada bajo la forma de grasa corporal se incrementa hasta el punto de poner en riesgo la salud y la vida. 

Según la Organización Mundial de la Salud (OMS), la obesidad se ha triplicado en el mundo desde 1975 llegando a constituir la quinta causa de muerte.  La Obesidad puede clasificarse de la siguiente manera:

1. Obesidad exógena: Debida a un régimen alimentario inadecuado, que puede ir de la mano con la ausencia de actividad física.

2. Obesidad endógena: La que tiene su origen en alteraciones metabólicas, pudiendo ser endócrinas, cuando se debe a una disfunción en las glándulas endócrinas –como la tiroides- o gonadales, cuando la alteración se encuentra en las hormonas sexuales. 

Otra clasificación es de acuerdo a la distribución del tejido adiposo:

1. Obesidad abdominal y visceral: “tipo androide”, la adiposidad se distribuye en la parte superior del cuerpo (brazos, cuello, hombros) y se asocia a más riesgo de enfermedades metabólicas.

2. Obesidad fémoro-glutea: “tipo ginoide”, la obesidad se distribuye en la parte inferior del cuerpo (caderas, glúteos, piernas). 

Índice de Masa Corporal para determinar los casos de obesidad

Para la medición de la obesidad se utiliza el Índice de Masa Corporal (IMC). Se trata de un indicador simple de la relación entre el peso y la talla que se utiliza frecuentemente para identificar el sobrepeso y la obesidad en los adultos. Se calcula dividiendo el peso de una persona en kilos por el cuadrado de su talla en metros (kg/m2).

Por ejemplo si una persona pesa 80 kg y mide 1,75 metros, realizaremos el siguiente cálculo:

80/(1,75 x 1,75) =  80/3,0625 = 26

El IMC de esa persona será de 26. 

El IMC nos proporciona una medida útil y confiable acerca del sobrepeso y la obesidad, pues es la misma para ambos sexos y para personas adultas de todas las edades. Sin embargo hay que considerarlo un valor aproximado porque puede no corresponderse en el mismo nivel de grosor para las diferentes personas.
En el caso de los niños y las niñas deben tenerse en cuenta algunas particularidades de su desarrollo.

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En menores de 5 años el sobrepeso es el peso para la estatura con más de dos desviaciones estándar (SD) por encima de la mediana establecida por los Patrones de Crecimiento Infantil de la OMS, mientras que la obesidad es el peso para la estatura con más de tres desviaciones estándar por encima de la mediana de la OMS. En niños y adolescentes de entre 5 y 19 años el sobrepeso es el peso para la estatura con más de una desviación estándar (SD) por encima de la mediana establecida por los Patrones de Crecimiento Infantil de la OMS, mientras que la obesidad es el peso para la estatura con más de dos desviaciones estándar por encima de la mediana de la OMS

En algunas definiciones se menciona que hay obesidad cuando la cintura presenta una medida superior a 102 cm en hombres y 88 cm en mujeres. Sin embargo el ICM resulta una unidad de medida más adecuada. 

Si bien mencionamos que la ingesta de alimentos altos en calorías y la falta de actividad física, junto con alteraciones genéticas y metabólicas, son la principal causa de la obesidad, el tema es mucho más complejo. La obesidad suele ser el resultado de factores y causas confluyentes que podemos resumir de la siguiente forma

Causas de la obesidad en adultos mayores

Los genes heredados de los progenitores pueden influir en la cantidad de grasa corporal que se almacena, el lugar donde se acumula esa grasa, la eficiencia corporal para convertir esa grasa en energía para el funcionamiento, la regulación del apetito y la forma en que el cuerpo quema las calorías durante el ejercicio.Pero en familias en donde todos los miembros o la mayoría de ellos padecen obesidad, los genes no son la única explicación. Los hábitos aprendidos y las actividades similares son un factor preponderante tan importante como los genes. 

a) Dieta no saludable: alta en calorías, mucha comida rápida, ingesta de bebidas azucaradas o calóricas, porciones demasiado grandes, y poca ingestión de frutas y verduras.

b) Calorías líquidas: ingesta de bebidas calóricas –como las alcohólicas o las azucaradas- que no dan una sensación de saciedad, por lo que se busca la ingestión de otros alimentos.

c) Inactividad: el sedentarismo, la falta de ejercicios y el estar mucho tiempo frente a las pantallas ingiriendo calorías es una de las causas principales de la obesidad.

El Síndrome de Prader-Willi, el Síndrome de Cushing y otras patologías similares pueden predisponer a la obesidad. La artritis-artrosis y las patologías que afectan la movilidad reducen la posibilidad de hacer actividad física, favoreciendo el sedentarismo y el consumo de calorías que no han de ser quemadas

Los antidepresivos, corticoides, anticonvulsivantes, antipsicóticos, medicamentos para la diabetes, esteroides y betabloqueantes pueden inducir a un aumento de peso. 
La falta de educación sanitaria y de políticas de alimentación saludable, el exceso de trabajo que impide comer correctamente y tener tiempo para hacer ejercicio, la inseguridad que impide salir a correr o ejercitarse, la publicidad que te induce a comer de manera incorrecta, la falta de dinero para acceder a alimentos más sanos o anotarse a un gimnasio, y otros factores similares.
Aunque la obesidad puede presentarse en todas las edades, a medida que se envejece los cambios metabólicos y hormonales predisponen mayormente a padecerla. 
Muchas mujeres aumentan de peso durante el embarazo y les cuesta perderlo posteriormente. La lactancia materna ayuda a perder ese peso que se adquirió durante la gestación. Con la menopausia puede ocurrir un aumento de peso debido a los cambios hormonales.

Muchas personas comienzan a ingerir dulces y otros alimentos de manera constante para compensar la ansiedad que les provoca la ausencia del tabaco. De todas formas no se recomienda el tabaquismo para prevenir la obesidad, ya que las consecuencias suelen ser peores. Es mejor realizar terapia o tratamiento de control de la ansiedad para evitar las ingestas abusivas.

Similar al punto anterior, la ansiedad de estas situaciones lleva al consumo constante de alimentos calóricos. Además hay que tener en cuenta las alteraciones hormonales causadas por el insomnio.
No se descarta el papel de las leptinas y otros neurotransmisores asociados a la regulación del apetito.
Las bacterias y arqueas que forman la flora intestinal también han sido asociadas al sobrepeso

Muchas personas, luego de perder peso, suelen recuperar rápidamente la masa corporal e incluso incrementarla. Hay que cuidarse de realizar dietas inadecuadas.

Consecuencias de la obesidad

Según la OMS, esto constituye la principal causa de muerte a nivel mundial. La obesidad vuelve a las personas más propensas a la alta presión arterial y a niveles anormales de colesterol, que son factores de riesgo para enfermedades cardíacas y accidentes cerebrovasculares (ACV).

La obesidad puede afectar el riesgo de resistencia a la insulina, provocando diabetes del adulto o Tipo 2.

 La obesidad puede aumentar el riesgo de determinados tipos de cáncer: de útero, de cuello uterino, de endometrio, de ovarios, de mama, de colon, de recto, de esófago, de hígado, de vesícula, de páncreas, de riñón y de próstata.

 La obesidad aumenta la probabilidad de presentar acidez estomacal, enfermedades a la vesícula, y problemas al hígado

La obesidad puede ser la causa de infertilidad y períodos menstruales irregulares en las mujeres. También puede provocar disfunción eréctil en los hombres.

 Además de las mencionadas anteriormente, se ha asociado la obesidad a más de 200 patologías. La enfermedad en la vesícula y la cirrosis no alcohólica son algunos ejemplos.

 Las personas obesas tienen más probabilidad de tener apnea del sueño, un trastorno peligroso en el que la respiración se detiene y vuelve a comenzar repetidas veces durante el sueño. Los ronquidos y la imposibilidad de encontrar una buena posición para dormir, también afectan al descanso saludable.

La obesidad aumenta la presión sobre las articulaciones que soportan el peso del cuerpo, además de contribuir a la inflamación dentro del organismo. Estos factores pueden llevar a complicaciones como la artrosis, artritis, osteoartritis –una enfermedad potencialmente discapacitante-, hernias, quebraduras y dolores en las piernas.

Los niños y las niñas con sobrepeso u obesidad tienen mayor riesgo de sufrir quebraduras, problemas cardio-respiratorios, diabetes, problemas neurológicos y psíquicos, discapacidad y muerte prematura.

La obesidad aumenta el riesgo de desarrollar síntomas de gravedad ante el nuevo coronavirus COVID-19 y sus variantes, debiendo recibir asistencia médico con internación, ventilación y otras intervenciones invasivas. Por eso deben ser un grupo prioritario en las políticas de vacunación. 

La obesidad puede venir acompañada de depresión, ansiedad, discapacidad motriz, pérdida de rendimiento laboral, imposibilidad de asistir a lugares o de realizar actividades placenteras, sentimientos de vergüenza, discriminación y aislamiento social que repercuten en la calidad de vida de las personas.

Algunos estudios muestran que las personas con obesidad viven hasta 16 años menos que la esperanza de vida para su sexo, grupo social o país de residencia.

En muchos países la obesidad convive con la desnutrición, lo que supone para los Estados y sus agencias de salud y seguridad social una doble carga que deben asumir. En estos tiempos de pandemia, donde al COVID se suman las enfermedades endémicas y epidémicas (dengue, HIV-SIDA, malaria, cólera), el prevenir la obesidad y fomentar hábitos de vida saludable se convierte en algo fundamental.

La obesidad en números

En 2016, más de 1900 millones de adultos de 18 o más años tenían sobrepeso, de los cuales, más de 650 millones eran obesos.

En 2016, el 39% de los hombres adultos y 40% de las mujeres adultas mayores de 18 tenían sobrepeso.

En general, en 2016 alrededor del 13% de la población adulta mundial (un 11% de los hombres y un 15% de las mujeres) padecían obesidad.

Para 2016, 41 millones de niños y niñas menores de 5 años padecían sobrepeso y obesidad en el mundo. Aunque históricamente se consideró un problema de los países desarrollados, esta problemática viene en aumento en los países de menor ingreso.
 En el continente africano se incrementó un 50% el número de niños obesos desde el año 2000. Asia es el continente con mayor promedio de niños obesos.

En 2016 había 340 millones de niños mayores de 5 años y adolescentes con sobrepeso.
Entre 1975 y 2016, la prevalencia mundial de la obesidad casi se ha triplicado.

Cada año fallecen en el mundo 2,8 millones de personas por causas asociadas con la obesidad. Al mismo tiempo es responsable de entre un 7 y 41% de los tipos de cáncer, 23% de las cardiopatías isquémicas y 44% de los casos de diabetes.

Fuente: Organización Mundial de la Salud y Wikipedia (artículo: “Obesidad”).

En Argentina, según la Segunda Encuesta Nacional de Nutrición y Salud (2019), el 41,1% de los niños y jóvenes de entre 5 y 17 años padecían sobrepeso u obesidad. 

Según datos del 2010 de la Base de Datos Global sobre Crecimiento Infantil y Malnutrición de la OMS, Argentina presente la mayor cantidad de casos de obesidad infantil en Latinoamérica con una prevalencia del 7,3%.

En Argentina, según datos de la 4º Encuesta Nacional de Factores de Riesgo (2018), 7 de cada 10 personas se encuentran en esta condición y los grupos sociales de menores ingresos son los que se encuentran más afectados, ya que gran parte de su alimentación se basa en productos ultraprocesados de baja o nula calidad nutricional y con excesivo contenido de azúcares y sal. Las generaciones más jóvenes consumen el doble y hasta el triple de productos de panadería y bebidas azucaradas.

Como podemos ver, la obesidad es un problema de todos los grupos etarios, pero tanto en Argentina como a nivel mundial, parecen ser los más jóvenes quienes las sufren en mayor medida. 


La Obesidad se puede prevenir

La prevención de la obesidad viene de la mano del fomento de hábitos de vida saludables, del control de la alimentación y del cuidado del ambiente físico y social. Es también una política sanitaria, que ayudará a reducir los costos en salud, sobre todo en lo que respecta al tratamiento de enfermedades no trasmisibles asociadas a la obesidad. Por eso su prevención es una actividad tanto individual como social que requiere de entornos saludables y accesibles.

Algunos consejos para prevenir la obesidad desde las conductas individuales son:

  • Limitar el consumo de grasas, azúcares, alimentos ultraprocesados, snack y copetines. Es preferible consumir estos alimentos solo en ocasiones especiales. Lo mismo con el alcohol, que aporta calorías pero no nutrientes. Fomentar una dieta basada principalmente en frutas, verduras, legumbres, cereales y frutos secos. Si se desea consumir lácteos (leche, quesos, yogur), optar por los descremados. Es importante cumplir con las cuatro comidas diarias: desayuno, almuerzo, merienda y cena.
  • Realizar actividad física de manera periódica. La OMS recomienda 60 minutos diarios para personas jóvenes y 150 a 300  minutos semanales para personas adultas, en bloques de 10 minutos.
  • Identificar las situaciones que llevan a comer compulsivamente y evitar caer en la trampa. Los ejercicios de control de la ansiedad suelen ser muy útiles para ello. Ante la duda, consultar a un terapeuta. 
  • Ten un plan saludable que no solo incluya la semana normal, sino que también tenga en cuenta vacaciones, eventos especiales y feriados.
  • Involucrarse más en actividades sociales saludables.

En el plano social, los Estados, partidos políticos, empresas y organizaciones sociales pueden llevar adelante acciones para prevenir el sobrepeso, la obesidad y los trastornos alimentarios:

  •  Fomentar hábitos de vida saludable a través del dictado de clases en las escuelas, publicidad en los medios de difusión masivos, habilitación de espacios para la realización de actividades físicas, charlas en lugares de trabajo, actividades en días especiales –por ejemplo: colocación de stands de información en ferias, actos públicos o concentraciones-, afiches y repartos de folletos.
  • Aprobación de leyes específicas relacionadas con la alimentación, como es el caso del impuesto a las bebidas azucaradas, el fomento de quioscos saludables en escuelas y lugares de trabajo, o la ley de etiquetado de los alimentos para saber su contenido. Se debe reducir a la vez los impuestos a la alimentación saludable y orgánica para permitir bajar sus costos y que sean más accesibles.
  • Compromiso de las empresas productoras de alimentos de reducir las azúcares, grasas y productos artificiales en sus alimentos.

Existen numerosos informes sobre la prevención del sobrepeso y la obesidad, así como el fomento de hábitos saludables. Uno de ellos es la Estrategia Mundial sobre régimen alimentario, actividad física y salud de la OMS.

La Obesidad en Adultos mayores: conocer para tratar

 Las personas mayores no están exentas de padecer obesidad que puede agravarse por determinadas condiciones de salud (por ejemplo los problemas de movilidad) y al mismo tiempo agravar otras condiciones prexistentes (diabetes, problemas vasculares, cáncer). Un estudio realizado en Perú señala que hay mayor índice de obesidad en personas mayores que viven en áreas urbanas frente a las que viven en el campo, y en las mujeres es superior a los varones –asociado a la menopausia-. Aunque no hemos encontrado cifras para Argentina, es probable que la situación sea similar. 

Durante el proceso de envejecimiento se producen numerosos cambios corporales: disminución de la masa total del cuerpo (sobre todo muscular y óseo), disminución del agua total en el cuerpo y expansión de los compartimentos grasos. Se calcula que entre los 20 y los 70 años se sube un 40% la grasa corporal en una especie de redistribución típica que hace que aumente las posibilidades de riesgo cardíaco y diabetes tipo 2.

La disminución de la masa corporal hace que sea más difícil aplicar el sistema IMC en personas mayores para saber si padecen sobrepeso u obesidad. No hay un estándar mundial para medir esto, sino que cada país cuenta con diferentes sistemas de mediciones que van desde medir el porcentaje total de grasa en el cuerpo, ver el diámetro de la cintura y ver el crecimiento de la grasa corporal en relación a la disminución de la masa muscular y de la fuerza. 

Entre las principales causas de la obesidad en personas mayores encontramos: un estilo de vida inadecuado, mala alimentación, falta de ejercicio físico, alteraciones metabólicas, trastornos neuroendócrinos, causas sociales –aislamiento y falta de reconocimiento-, y factores hereditarios. 

En una persona mayor la obesidad puede ser muy peligrosa. En las mujeres provoca mayor riesgo de aparición de artrosis y osteoporosis, con los problemas de movilidad que ello conlleva. En los hombres es mayor el riesgo de problemas cardíacos y la acumulación de colesterol puede llevar a aterosclerosis, infartos y trastornos cognitivos. Como dice Mónica Katz en una entrevista: “la obesidad es la puerta para enfermar de muchas cosas”. 

Por ello la necesidad de prevenirla y tratarla se vuelve fundamental. Las acciones deben iniciarse desde los inicios del envejecimiento. Algunas medidas que podemos aplicar son:

  • Está comprobado que la técnica más efectiva es la de tipo conductual, que combina la alimentación saludable con el ejercicio físico. No se debe descuidar la ingesta proteica (entre 1,2 y 1,5 gramos de proteínas por kilogramo de peso) para no sacrificar la masa muscular. Como señala la especialista Mónica Katz, por cada kilo que se pierde 75% es de grasa y 25% es de músculo. Es importante que los ejercicios se hagan con supervisión profesional para evitar esfuerzos que provoquen lesiones o agotamiento innecesario.
  • Para la planificación de una dieta se recomienda consultar a un médico dietólogo, nutriólogo o nutricionista. Hay que tener cuidado con las dietas de moda como la Keto, la de la Luna, la ayurveda o los ayunos porque son peligrosas para la salud. 
  • Control periódico de peso y visita al médico.
  • El acompañamiento profesional, familiar o de un cuidador es importante para ayudarles a sostener la frustración que puede sobrevenir y evitar que se coloquen metas demasiado ambiciosas que puedan desembocar en fracaso. Como toda técnica o terapia, esta debe ser personalizada de acuerdo a las posibilidades y necesidades de la persona mayor involucrada. 
  • Al igual que sucede con las personas de otros rangos etarios, el uso de fármacos para adelgazar es una medida excepcional, ya que la mayor parte de ellos tienen contraindicaciones. Además las personas mayores suelen consumir otra medicación para sus problemas de salud que podrían reaccionar mal si se mezclan con los fármacos para perder de peso.
  • En las mujeres se pueden aplicar terapias de reemplazo hormonal (TRH) para compensar el estrógeno que se pierde con la edad, pero estas técnicas están muy cuestionadas porque se asocian a la aparición de algunos tipos de cánceres.
  • La cirugía bariátrica, el by-pass gástrico y otras intervenciones quirúrgicas también son medidas excepcionales debido a los riesgos que conllevan.  
  •  Controlar las causas sociales de la obesidad en personas mayores. El aislamiento, la soledad, el estrés y el “hambre emocional” llevan a una alimentación que resulta poco saludable. Durante la cuarentena se registraron aumentos de peso, lo que incluye a las personas mayores. La búsqueda de compañía y nuevos vínculos sociales ayuda a combatir la obesidad. 

Combatir el estigma y la discriminación: la burla no ayuda

Las prácticas discriminatorias hacia las personas que padecen obesidad se expresan en chistes, videos, memes, imposición de apodos humillantes, aislamiento, perpetuación de estereotipos, agresiones físicas y demás prácticas que perpetúan esta forma de violencia hacia quienes no poseen un cuerpo que se acerca a los patrones de belleza hegemónicos. Según el Instituto Nacional contra la Discriminación, la Xenofobia y el Racismo (INADI) es la segunda causa de discriminación en Argentina, pero ocupa el número 14 respecto a las denuncias realizadas a la institución.

En los informes realizados por el INADI en 2013 y 2019 se observa que la discriminación a personas con obesidad es mayor en el segmento de 18 a 30 años: los casos de discriminación duplican a los que se observa para las personas con obesidad de entre 60 y 74 años. Las personas mayores con obesidad sufren menos discriminación –pero no por eso es menos grave- que las personas más jóvenes. 

Quienes realizan estas prácticas aberrantes tergiversan la mirada de lo que significa “lo saludable”, ya que niegan a la persona que padece obesidad sus derechos humanos básicos. Recordemos que “discriminar” es negar el acceso a un derecho. La discriminación no fomenta hábitos de vida saludables ni ayuda a quienes están en esa situación.

En el último tiempo se han aplicado en nuestro país algunas medidas tendientes a combatir la discriminación y garantizar derechos. En el marco de la pandemia el Ministerio de Salud aprobó la Resolución Conjunta 10/20 que otorga licencia laboral a las personas con obesidad clase III (IMC 40 o superior) debido a que por su condición presentan mayor riesgo de peor evolución del COVID-19 y recaudos especiales a cumplir por los empleadores a fin de garantizar la salud de las personas con Obesidad Clase I (IMC de 30 a 34) y II (IMC 35 a 39). Por otro lado se avanzó en la ley de etiquetados de alimentos para conocer su valor nutricional y se ha puesto a funcionar la Comisión Nacional de Alimentación Saludable y Prevención de la Obesidad. El INADI también elaboró un informe en donde ofrece una serie de recomendaciones a los medios de prensa para evitar perpetuar estereotipos y prácticas discriminatorias. 

Estas medidas -aunque insuficientes todavía- muestran que es posible llevar adelante políticas para combatir la obesidad y fomentar hábitos de vida saludable sin caer en prácticas discriminatorias y estigmatizadoras a las personas que padecen obesidad que, lejos de ayudarlas, contribuyen a aumentar su sufrimiento, su aislamiento social y el empeoramiento de su salud. 

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