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NOTAS
Hipertención Arterial
 






   
Hipertensión arterial Una enfermedad silenciosa
 
       
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Hipertensión arterial
Una enfermedad silenciosa
La hipertensión arterial es la enfermedad crónica más frecuente. En nuestro país la padece más del 20 por ciento de la población y constituye la causa de más de 300 mil muertes anuales. La mayoría de los afectados ignora su condición. Si se la controla a tiempo, pueden evitarse consecuencias graves como el infarto de miocardio, entre otras patologías cardiovasculares.
En la Argentina, el 25 por ciento de los adultos, y entre el 50 y el 60 por ciento de las personas mayores de 60 años, es hipertensa. Lo grave es que la mitad de estas personas ignoran que padecen esta patología. De aquellas que saben de su enfermedad, sólo la mitad recibe un tratamiento; y de los pacientes tratados, sólo un pequeño porcentaje tiene su presión controlada.
En la ciudad de La Plata, de todas aquellas personas que saben que son hipertensas y reciben un tratamiento médico, sólo el 17% tiene controlada su presión. Estos datos surgen de un estudio realizado por el VARICG LP (organismo de Valoración del Riesgo Cardiovascular Global de La Plata), dependiente de la Federación Argentina de Cardiología, de la Federación de Bioquímicos de la provincia de Buenos Aires y de las Facultades de Medicina, de Informática y de Educación Física de la UNLP.
Eduardo Valeff -médico cardiólogo y jefe de Consultorio Externo del Servicio de Cardiología del Hospital San Juan de Dios de La Plata- resalta que "como es una enfermedad que no provoca síntomas, no hay una gran demanda del paciente, entonces, de esta manera, entra en complicidad con el no control".
La hipertensión es una enfermedad de la pared arterial y se caracteriza por producir cambios en su estructura: reducción del diámetro de la arteria o su endurecimiento. De esta manera, la sangre fluye con más fuerza aumentando el daño y provocando la elevación de la presión arterial por sobre los valores considerados normales: por debajo de 140 de sistólica (contracción de la arteria) y por debajo de 90 de diastólica (dilatación de la arteria). Es decir que 140/90 ya es hipertensión.
La presión arterial varía con cada latido del corazón y está relacionada, entre otros factores, con los niveles de actividad física, alimentación, consumo de alcohol, de tabaco y estados emocionales.
En el cuerpo humano existe un sistema regulador, denominado neurohumoral, que modifica el tamaño de los vasos sanguíneos, y esto provoca el aumento o reducción de la presión arterial. Cuando el diámetro de éstos disminuye, la sangre necesita más fuerza o presión para poder circular y si esta situación no es encauzada, es ahí donde surgen los problemas. De este sistema participan el cerebro, sectores periféricos del cerebro, receptores cardíacos, los riñones y las glándulas suprarrenales, actuando en conjunto.
"Por lo general, los órganos más afectados son corazón, cerebro, riñón, vasos sanguíneos y ojos, que, en la jerga médica, los llamamos órganos blancos -aclara Vallef- porque son los que debemos proteger cuando una persona padece presión alta ya que son en donde se va a manifestar la enfermedad".
Los valores máximos en una persona sana pueden elevarse, ocasionalmente, frente a una situación de estrés, pero eso no significa que el individuo esté enfermo.
Se considera recién que un adulto (40-45 años) es hipertenso cuando, luego de reiterados controles de la presión arterial, presenta valores iguales o superiores a 140 milímetros de mercurio de máxima y 90 de mínima, lo que habitualmente conocemos como 14/9. En personas de edad más avanzada (60 años) es normal que los valores se ubiquen entre los 16 de máxima y los 9 de mínima (16/9).
Norma Mijailovsky, cardióloga del Hospital San Juan de Dios de La Plata, afirma que "el paciente diabético y el insuficiente renal tienen otra cifra de normalidad. La presión de ellos tiene que estar por debajo de 13/8. Y si ese diabético además es insuficiente renal, los valores normales deben estar por debajo de 12/8".


Una enfermedad sin síntomas
El comienzo de la hipertensión es asintomático, y los médicos la llaman "silenciosa", ya que en la mayoría de los casos, no presenta síntomas. Sin embargo, algunos de los afectados puede padecer dolor de cabeza, irritabilidad y mareos, aunque no a todas las cefaleas se les puede atribuir la enfermedad.
Pero no hay que esperar la aparición de un síntoma para ir a consultar al médico. La medición de la presión arterial debería ser una forma rutinaria del control de la salud desde la niñez y, por lo menos, una vez cada dos años se debe verificar si se mantiene dentro de los parámetros normales. "Hay que tomar conciencia de que hay un momento para prevenir y cuanto antes se llegue a la consulta es mucho mejor", resalta Mijailovsky.

El no control puede derivar en severas complicaciones
Accidentes cardiovasculares, anginas de pecho, infartos de miocardio, insuficiencias cardíacas y renales, y demencia, son varias de las complicaciones que pueden derivar de la hipertensión. Si esta enfermedad no es tratada a tiempo, los afectados no sólo tendrán una mala calidad de vida, sino que puede llegar a provocarles la muerte.
Las enfermedades cardiovasculares ocupan el primer lugar entre las causas de muerte en nuestro país, y la alta presión sanguínea es uno de los factores de riesgo de esa patología que resulta modificable.
El corazón de una persona hipertensa trabaja más fuerte, aumenta el tamaño del músculo cardíaco, y en particular del ventrículo izquierdo. De esta manera, estas personas tienen un riesgo incrementado cuatro veces de sufrir infarto de miocardio.
El accidente cerebrovascular se produce cuando las arterias del cerebro se inflaman y rompen, produciendo así una hemorragia cerebral. Las consecuencias son la dificultad en el habla y hasta la imposibilidad de mover un brazo o una pierna.
La enfermedad arterial periférica es una de estas complicaciones, y como lo explica Norma Miijaivlosky, se produce cuando "una persona que sufre de hipertensión arterial, se le suma otro factor de riesgo que es el tabaco. De esta manera se le enferman mucho las piernas pudiendo quedar hasta incapacitada para caminar".
En Argentina, los accidentes cerebrovasculares constituyen la causa de unas 24 mil muertes por año, además de los casos de discapacidad o demencia.

Causas o factores de riesgo
En el 90 por ciento de los casos registrados están afectados por la llamada hipertensión primaria o esencial. La medicina todavía no ha encontrado las causas específicas que la provocan, aunque existen factores genéticos o hereditarios que favorecen su desarrollo, por ejemplo el sexo de la persona o tener familiares que padezcan o hayan padecido la enfermedad.
En el sexo masculino prevalece entre los 35 y los 40 años, mientras que en las mujeres se manifiesta a partir de los 55 y hasta los 60 años. "Esto es así -afirma Valeff- porque en las mujeres, las hormonas femeninas sirven de protección, retrasando la disfunción dotelial, que produce daños dentro de la arteria".
Estos factores genéticos o hereditarios, entonces, no pueden modificarse. Sin embargo, existen otros que si pueden revertirse y que son los externos, relacionados con el "estilo de vida". Tienen que ver con las pautas culturales como el consumo de sodio, el estilo de vida sedentario, el consumo de grasas y de sodio, de tabaco y alcohol.
El 10 por ciento restante de los afectados corresponde a la hipertensión secundaria, la cual aparece relacionada con otras enfermedades como la diabetes, enfermedades del riñón o de la glándula suprarrenal. También se la asocia con el uso de medicamentos como anfetaminas, gotas nasales, corticoides, antiinflamatorios y anticonceptivos orales.
En este pequeño porcentaje de pacientes, existe una causa concreta de la enfermedad y es tratable.
Valeff señala que "la que más nos debe preocupar es la hipertensión primaria sobre todo por la gran cantidad de afectados, donde por más que busquemos, la medicina todavía no puede dar una respuesta". Entonces es necesario saber si el paciente fuma, si tiene colesterol, si padece diabetes u obesidad y de esta manera actuar en varios lugares para poder controlar la hipertensión.


Tratamiento y prevención
El tratamiento es de por vida ya que la enfermedad no se cura, sino que se controla. Tiene dos pilares básicos: la modificación de hábitos y el farmacológico. Un buen tratamiento comienza por el control de todos los factores de riesgo y en el caso de ser hipertenso existen medicamentos para estabilizar la presión.
Para prevenir la hipertensión, entonces, el paciente, además de controlarse periódicamente la presión debe mejorar su calidad de vida, es decir aprender a alimentarse, realizar actividad física, dormir bien para evitar el estrés, restringir el consumo de sal, evitar el exceso de alcohol y suprimir por completo el cigarrillo.
Con respecto a este último factor, el cardiólogo alerta sobre su acción cuando afirma que "nada más que por fumar 1.500 personas mueren por día en el mundo constituyendo la segunda causa de muerte".
También es fundamental saber que no hay que consumir alimentos con alto contenido de sodio y de grasa, otros de los factores de riesgo de padecer hipertensión.
Los alimentos que contienen un elevado contenido de sodio son los embutidos, fiambres, quesos duros; los productos de copetín, conservados en salmuera, de confitería, y productos enlatados o envasados, que tienen conservantes derivados, en su mayoría, del sodio.
Con un buen tratamiento de prevención y control de la presión arterial se reduce en un 42% las posibilidades de un accidente cerebrovascular, entre un 16 y un 24% el infarto de miocardio, en un 54% la insuficiencia cardíaca, y en un 50% la demencia, ya sea vascular o por Alzheimer.
En el caso de que al paciente se le indique un determinado medicamento para mantener controlados y estabilizados los niveles de la presión arterial, es fundamental que no se lo abandone -salvo indicación médica-, ya que pueden producir efectos "rebotes" -según cada fármaco- y la presión puede subir más.

La sal, un gran enemigo
Según datos de la Fundación Cardiológica Argentina, en nuestro país se consumen un promedio de 12 gramos por día, una cifra difícil de digerir si se toma en cuenta que la medida aceptable para prevenir la hipertensión arterial es de
5 gramos diarios y que, para los pacientes hipertensos, la indicación es de apenas 2 gramos. Es importante tener esto en cuenta ya que se considera que disminuir en 3 gramos la dieta diaria de sal baja la presión máxima en 5 puntos y la mínima en 2,5 puntos.
El organismo humano recibe el aporte de sal necesario a través de la ingesta de los alimentos naturales y el agua.
El consumo de sal constituye un mal hábito adquirido que responde a pautas culturales.

   
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