banner
HOME     BUSCAR RESIDENCIAS COMO ASOCIARME CONTACTENOS
banner
 



3
NOTAS
Inmovilidad en el anciano
 






   
¿Cómo afrontar la inmovilidad?
 
       
imprimir
imprimir
     
   

¿Cómo afrontar la inmovilidad?

Una vez reconocido por su médico de familia o por el geriatra este problema geriátrico, se establecerá una valoración de su estado previo de actividad, de sus causas, complicaciones y repercusión funcional a partir de las necesidades del anciano en su medio habitual y el grado de apoyo familiar y social y se estimará el grado potencial rehabilitador del anciano. Aquellos sin patologías crónicas invalidantes asociadas, son los que tienen mejor pronóstico.
Debe quedar claro que el objetivo será recuperar la situación basal previa, si la rehabilitación total no es posible.
Incluso tras periodos prolongados de encamamiento debe intentarse la recuperación funcional, siempre y cuando la restauración de la función lleve consigo la mejora de la calidad de vida.
El enfoque del tratamiento debe ser multifactorial, tanto en el aspecto de la intervención terapéutica, como en la del personal que debería participar: estableciéndose el lugar donde se llevara a cabo, en función de los datos obtenidos en la valoración integral a nivel ambulatorio, en el propio domicilio, centro de día u hospital de día, ingreso para rehabilitación en una unidad de media estancia.
Es precisa y crucial la colaboración del paciente y su familia, tanto en el plan terapéutico como en la comprensión de las expectativas de recuperación y las ayudas técnicas de que se disponen (como son el andador, silla de ruedas, etc.).
Existen algunos factores que pueden influir negativamente en el éxito del tratamiento como son: deterioro funcional grave, alteración de la percepción del dolor, alteración del equilibrio, pluripatología, contracturas, miedo a las caídas, efectos secundarios de fármacos, depresión, confusión, actitud negativa del paciente con desesperanza, ambiente familiar sobreprotector o indiferente. Demasiado a menudo, los familiares tienen la creencia de que en el encamamiento está el mejor interés para el anciano. Esta actitud contribuye al deseo del paciente de permanecer en la cama y fomentar la inmovilidad.
El programa de reentrenamiento, será individualizado y progresivo. Se realizará en diferentes fases dependiendo del grado de inmovilidad, asegurándose de que no sobrepase la capacidad funcional y cardiovascular del anciano y evitando el riesgo de lesiones. Se recomienda:
Movilización en la cama, lateralizaciones y fisioterapia respiratoria. Cambios posturales cada 2 horas y sentarse en la cama si su estado se lo permite.

Una vez conseguida la posición de sedestación, se intentará la bipedestación y las trasferencias cercanas (a sillón, silla de ruedas). Aumento del tiempo de permanencia en el sillón, según la patología subyacente. Los ancianos pueden realizar ejercicios mientras están sentados como pueden ser el taconeo alternativo de cada pie.

Deambulación con distancias crecientes, al comienzo con andador, y más adelante con bastón. Asegurándose un correcto calzado y estado de sus pies.

Mantenimiento: en ancianos muy incapacitados se requiere un tiempo superior a 3 veces el de encamamiento. Con el objetivo final, de conseguir que el anciano sea capaz de deambular por su domicilio o entorno, y realizar las actividades de la vida diaria, a ser posible sin ayuda. En ancianos muy incapacitados, el hecho de poder ayudar en las trasferencias como de la cama al sillón o al retrete, pude ayudar a mejorar su autoestima.


¿Cómo prevenir la inmovilidad?
En medicina siempre es mejor prevenir que curar. De ahí, que la prevención del síndrome de inmovilidad sea el aspecto más importante, siendo la mejor medida preventiva el mantener el grado de movilidad e independencia mediante actividades sencillas y cotidianas.
Es función del médico de familia detectar a estos pacientes, promocionar el ejercicio físico y proporcionar una educación sanitaria a los cuidadores.
Especial atención merece el anciano con alto riesgo de deterioro funcional, que debe ser siempre reconocido: anciano octogenario, con pluripatología, que vive solo, y con incapacidad física progresiva.
Es importante que, usted cuidador, le estimule a que se mantenga activo, permitiéndole que realice o participe todo lo que pueda en las actividades de la vida diaria y a su propio ritmo, o bien que realice actividades de ocio como acudir a clubs de ancianos, ir al teatro, viajar, realizar tareas de jardinería, pescar, etc., actividades que le den sensación de utilidad y bienestar.
En este apartado, cobra especial importancia la realización de ejercicio. Los ancianos que realizan ejercicio de forma regular requieren menos soportes institucionales, y consiguen una mejor forma física.
Aún no se ha identificado el tipo de ejercicio ideal para este grupo de población ni la intensidad adecuada, aunque:
Debe haber periodos de calentamiento de 20 minutos de duración antes y después del ejercicio.

La propuesta de ejercicio debe ir encaminada a estimular la voluntad del anciano, sin que intervenga ninguna presión.

El ejercicio debe ser progresivo y mantenido. Para mejorar la condición física se necesita un mínimo de 30 minutos a la semana, durante 4-6 semanas. Si se discontinúa el ejercicio se pierden los efectos beneficiosos.

Como regla práctica el ejercicio es excesivo si el anciano no puede hablar por falta de aliento.

Cualquier molestia física debe ser suficiente para interrumpir o no iniciar el ejercicio. Su médico le informará de las contraindicaciones de la movilización, como en fases agudas de procesos artríticos.

Establecer medidas de seguridad para evitar caídas, como utilizar zapatillas deportivas o con cordones, no usar tacones altos, evitar el sobrepeso.
El ejercicio colectivo genera mayor motivación y facilita la enseñanza de técnicas de reeducación psicomotriz.

Se deben tener en cuenta las limitaciones en la práctica del ejercicio físico según la disposición física y el estado de salud y la presencia de patologías del aparato locomotor. Se aconseja realizar ejercicios acuáticos en aguas templadas (mejor en balnearios) o, si tiene alteraciones cardiorespiratorias, realizar ejercicios moderados al aire libre en lugares de clima templado y seco.

Se recomienda como ejercicios: pautas de corrección postural y ejercicios para la columna vertebral mediante tablas de ejercicios; andar con un paso vivo y amplio, balanceo de los brazos, incrementando gradualmente la velocidad/distancia recorrida, bicicleta fija, natación, según la capacidad del anciano. Se debe evitar la práctica de actividades de velocidad y de contacto.
La inmovilidad es uno de los grandes Síndromes geriátricos cuya importancia radica en la diversidad de etiologías potencialmente tratables y en la gravedad de sus consecuencias físicas, psicológicas, económicas y sociales. De ahí que debamos hacer nuestro el lema: "Mantenerse lo más activo que sea posible".

   
Autor: Dra. Cristina Castro Cristóbal Especialista en Geriatría Hospital de Getafe. Madrid
>>ir al Link
   



Untitled Document

geriatrico
geriatrico
 
geriatrico
 
 
 
geriatrico
 
 
 
 

 


 

Oficinas de Portalgeriátrico - Teléfonos : 4720-8853 / 4720-1267 L a V de 11 a 18hs
PORTALGERIATRICO ® COPYRIGHT 2001 version 3.0 Aviso Legal