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Hipertención Arterial
 






   
Efectiva receta para tratar la hipertensión
 
       
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Efectiva receta para tratar la hipertensión

Un programa del Italiano logró que el 67% de los pacientes mantuviera controlada su presión; el promedio nacional es del 13%




"Soy hipertensa desde hace 25 años", dice Zulema Buckley, de 77, e inmediatamente aclara: "Pero tengo mi presión controlada".

¿Cómo ha logrado esta amable vecina de Acassuso ganarle a una enfermedad que afecta a aproximadamente 10 millones de argentinos, de los cuales sólo el 13% logra que sus niveles de presión bajen a niveles aceptables?

Su secreto es hacer todo lo que los médicos recomiendan -comer con menos sal, tomar los medicamentos prescriptos, hacer actividad física, controlarse periódicamente la presión-, y un poquito más. "Aprendí a leer las etiquetas de los alimentos", comenta Zulema, que adquirió ese conocimiento en un taller educativo para personas mayores con hipertensión del Hospital Italiano, que logró que el 67% la pusiera bajo control.

Al leer las etiquetas, Zulema descubrió que algunos de los alimentos que llevaba a su mesa contenían ocho veces más sal que la recomendada, o que otros que se autoproclamaban libres de sodio tenían la misma cantidad que los demás. "Es cierto que al principio perdía tiempo en el supermercado leyendo las etiquetas, pero ahora ya sé lo que dicen -cuenta-. Desde que le presto más atención a mi dieta, me siento mucho mejor: no me canso tanto y estoy mejor de ánimo."

Aprender a leer las etiquetas de los alimentos, intercambiar recetas de comidas ricas, pero sanas, conocer formas alternativas de actividad física que no demanden un gran esfuerzo y que se adapten a las posibilidades de cada persona, son algunos de los temas de trabajo de los talleres que se realizan en el marco del Programa Médico para el Control de las Enfermedades Crónicas del Hospital Italiano.

"Los pacientes están hartos de que les digamos que no tienen que comer con sal, ése es un mensaje gastado que no llega -asegura el doctor Carlos Galarza, que coordina el área de educación del citado programa-. En nuestros talleres, lo que buscamos no sólo es que aprendan lo que no tienen que hacer, sino también experiencias exitosas y herramientas útiles para la vida cotidiana que les permitan cambiar su relación con su enfermedad."

Dice Galarza: "La idea es que el paciente se convierta en el actor principal del control de su enfermedad".

El camino del autocontrol

"El programa de educación para pacientes mayores con hipertensión comenzó a gestarse en 1992 -recuerda el doctor Gabriel Waisman, jefe de la Unidad de Hipertensión Arterial del hospital-. Por aquel entonces, el Italiano comenzó a atender a afiliados de PAMI, y lo primero que hicimos fue un estudio para ver la prevalencia de hipertensión."

Waisman encontró tasas de hipertensión similares a la que presentan los mayores de 65 años en el nivel nacional -en el 55%, la presión supera los 140/90 milímetros de mercurio por decilitro-, pero el porcentaje de pacientes que se controlaba la presión era mayor al promedio: un 18%. "Concluimos que el solo hecho de tener alguna forma de acceso al sistema de salud hacía que estuvieran mejor controlados", apunta Waisman.

Años más tarde, en el 97, el PAMI se desvinculó del Italiano, pero muchos de sus afiliados se asociaron a un sistema de cobertura prepaga diseñado para personas mayores. "En este grupo, el porcentaje de control de la presión llegaba al 30%, lo que se podía explicar por pertenecer a un nivel socioeconómico más alto, lo que suele correlacionarse con un mayor conocimiento de la enfermedad -sugiere el especialista-. Decidimos entonces desarrollar un programa de control de la presión a largo plazo."

Se entrenó a los médicos de cabecera y a los geriatras en el manejo de la hipertensión, y se estableció que a todo paciente mayor de 65 años que ingresara en el hospital por cualquier consulta médica se le tomaría la presión en la sala de espera. "Los valores de presión se adosaban a la historia clínica para que estuviera a disposición del médico", cuenta Waisman.

Al implementar esas sencillas medidas, el porcentaje de pacientes con presión arterial controlada trepó al 56%. Pero aún se podía mejorar. ¿Cómo? "Nos acercamos a los pacientes a través de talleres educativos."

Acercarse a los pacientes

"Yo ya participé de tres talleres, y tengo pensado el año que viene hacer otro", proyecta, a los 81 años, Marcela Gil, vecina de Caballito. ¿Por qué la reincidencia? "Me encanta la forma en que los médicos nos explican cómo cuidarnos", dice esta mujer que ha puesto en práctica muchas enseñanzas recibidas en esos encuentros.

"Comer con menos sal y más sano [más vegetales y menos grasas] me ayudó no sólo a bajar la presión, sino también a adelgazar. Y también me ayudó mucho la actividad física", cuenta Marcela, que todos los martes y viernes practica tai-chi, una disciplina oriental basada en movimientos lentos, que no sólo la mantiene activa sino que le permite darles pelea a sus problemas de columna.

"En relación con la actividad física, lo que tratamos es de trabajar sobre las limitaciones: hay muchas personas mayores que tienen miedo de salir de sus hogares -dice Galarza-. Tratamos de enseñarles formas de gimnasia que puedan practicar dentro de sus casas, con ejercicios de elongación, que les hagan bien también a sus articulaciones."

Al mismo tiempo, agrega: "Tratamos de fomentar la sociabilidad: los estimulamos para que se junten para salir a caminar, porque solos es mucho más difícil que lo hagan. Evitamos imponerles rutinas de actividad física, porque eso es frustrante, y lo que buscamos es motivarlos".

Y la propuesta da resultado. "Hoy, el 67% de los pacientes que participan de los talleres tiene la presión arterial bajo control -se enorgullece Waisman-. Es más: un estudio que realizamos con los que además de ser hipertensos son diabéticos mostró que se redujeron a la mitad las internaciones por accidentes cerebrovasculares [una de las principales complicaciones de la hipertensión], y bajó un 30% la tasa de internación por infarto."

Quienes participan de los talleres miden sus beneficios con otra vara: "Aprendí un montón de cosas que no sabía, y me siento muy bien -resume Zulema-. Y aunque estoy operada de las dos caderas, todas las mañanas me subo a los tacos y salgo a caminar".

Por Sebastián A. Ríos
De la Redacción de LA NACION

   
Autor: Por Sebastián A. Ríos
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