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Duelo en la vejez
 






   
Duelo y salud mental en la vejez
 
       
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Duelo y salud mental en la vejez
Educación para el envejecimiento

Debido a que, en términos generales, las mujeres mueren a una edad posterior que los hombres y a que los hombres casados suelen ser de mayor edad que sus mujeres, las viudas superan en número a los viudos y la mujer promedio puede esperar sobrevivir a su esposo por cinco a seis años. De hecho, las viudas representan una proporción sustancial de la población de ancianos. Este artículo revisa el estado actual del conocimiento de la reacción al duelo en la vejez y se considerarán sus implicaciones para la provisión de servicios.
Epidemiología Aunque la mayor parte de los estudios de los efectos del duelo se han centrado en la gente joven y de mediana edad, es en la vejez donde el duelo por muerte es más común. Esposos, familiares y amigos todos empiezan a morir uno a uno y algunos sobrevivientes viejos sienten un regocijo melancólico en llevar el marcador. Cuando se consideran todas las otras pérdidas que acompañan a la vejez: la pérdida de los roles ocupacionales en el retiro, la falta de recursos económicos suficientes, con frecuencia relacionada con esto último, la pérdida de atracción sexual, de la movilidad física (y con esto el contacto con familiares y amigos); de la memoria .y otras numerosas pérdidas que resultan de las disminuciones físicas de la edad avanzada, podría esperarse que la vejez sea una etapa llena de pena y miseria, ¿es así? Para responder a esta pregunta se requieren estudios que comparen poblaciones de ancianos con y sin duelo con poblaciones de jóvenes con y sin duelo. Tales estudios son muy escasos debido a la simplicidad del, diseño de investigación y los que se han publicado con frecuencia cuentan con muestras demasiado pequeñas para justificar análisis estadístico, o no controlan la alta tasa de otras pérdidas que quizá coexistan en la vejez. Un trabajo clave en este campo sigue siendo Esposos ancianos en duelo (Older bereaved spouses) de Lund, el cual; además de revisar la literatura relativa al duelo en la vejez, reporta los resultados de nueve proyectos principales realizados en Estados Unidos. Lund concluye que: "el impacto global del duelo en la salud física y mental de muchos esposos ancianos no es tan devastador como se espera. Este punto se reconoce con considerable resistencia porque puede que algunos interpreten que esta gente no está en riesgo de tener graves dificultades y no necesita servicios de intervención". Estudios más recientes realizados por Beckwith y col. y Cleiren y Diekstra confirman estos hallazgos. Con el uso de varios criterios diagnósticos, Bornstein y col., Duran y col. y Lund y col. reportaron que entre 10 y 17 % dé las viudas ancianas habían experimentado en algún momento, durante el primer año del duelo, niveles de depresión equivalentes a los encontrados en clínicas psiquiátricas y un estadio realizado por Mendes-de-Lion sugiere que los ancianos entre 65 y 74 años que se deprimieron, con frecuencia continuaron deprimidos, mientras que la depresión casi nunca persiste durante más de un año en aquellos mayores de 74 años. Si se tiene en cuenta que la mayoría de las mujeres casadas algún día serán viudas; esto representa un peso considerable y está confirmado por estudios de poblaciones psiquiátricas. Por lo tanto, Clegg reportó que una tercera parte de los pacientes admitidos a un departamento psicogeriátrico habían sufrido uno o más duelos y un adicional 14% (haciendo 45% en total) había sufrido pérdida de la salud y/o pérdida de roles. importantes. A partir de estos estudios, parecería que mientras los ancianos tienden a sufrir angustia menos extrema por la muerte del cónyuge que los viudos o viudas jóvenes, existe una minoría sustancial en quienes esto puede precipitar depresión severa y cuando esto se agrega a los efectos de las otras pérdidas, lo cual comúnmente ocurre en la vejez, contribuye a una proporción sustancial de los problemas psiquiátricos de este grupo de edad. La depresión no debe confundirse con pena normal y en una muestra de ancianos se mostró que tiene el mismo patrón del trastorno del sueño (con despertar temprano en la mañana y otras características electrofisiológicas distintivas), como depresión clásica mayor; por otro lado gente en duelo no deprimida no mostró tal alteración. Aparte de la depresión, el duelo puede precipitar un amplio rango de alteraciones psiquiátricas, la mayor parte de las cuales reflejan la anterior vulnerabilidad del paciente: los bebedores pueden incrementar su consumo de alcohol; la gente con ansiedad desarrolla trastornos de pánico, síndromes de hiperventilación o estados de ansiedad; los perfeccionistas pueden volverse obsesivos, etc. Además, una minoría desarrolla reacciones de duelo patológico; de las cuales las más comunes son duelo crónico (en el cual el duelo severo dura más de lo común), duelo retrasado (cuando la ausencia inicial del duelo evidente es seguida de respuestas distorsionadas o inadecuadas) y el duelo contradictorio (cuando relaciones ambivalentes inducen a una ira anormal y/o culpa con recuperación complicada). En muestras de pacientes psiquiátricos en duelo las mujeres superan en número a los hombres en todas las edades y tipos de duelo. Esto es así aun cuando la ayuda está destinada a un mayor número de viudas que de viudos. También existe evidencia de que el duelo puede afectar la salud física y psicosomática. En un estudio de las notas de los casos de médicos generales se encontró que las viudas habían consultado a su médico general con más frecuencia durante los 18 meses después del duelo que antes del episodio. Se reportó que los mayores de 65 años de edad habían tenido menores síntomas psicológicos y prescripciones de sedantes y tranquilizantes que la gente en duelo mas joven, pero las notas registraron más quejas de dolores articulares y otros problemas somáticos. A partir de estos hallazgos no queda claro si las consultas reflejan un incremento real de artritis entre los ancianos en duelo o simplemente una tendencia a incrementar su consulta al médico por sus dolores y malestares. Estudios recientes han mostrado que los viudos y viudas ancianos tienen un menor consumo nutricional que la gente casada a esa edad y la respuesta inmunológica en una muestra de esposos en duelo de 65 años de edad, en promedio, mostró una correlación entre la intensidad del duelo y el grado de deficiencia del sistema inmunológico (como se refleja en las poblaciones de células asesinas naturales y células T ayudantes). La evidencia de mayor peso de un efecto del duelo en la salud física proviene de estudios de tasas de mortalidad. El consenso de un número de estudios (revisado por Stroebe y Stroebe) es que existen datos convincentes de un incremento en la mortalidad entre viudos mayores de 55 años de edad, el cual es principalmente atribuible a muertes por cardiopatía isquémica y aterosclerótica. Las mujeres pueden estar en un mayor riesgo de padecer alguna enfermedad mental; pero la mayor parte de los estudios indican que las viudas están en un riesgo mucho menor de morir después del duelo que los viudos. Sin embargo, un estudio reciente de jagger y Sutton sugiere que esto puede no ser así para los más ancianos. Ellos estudiaron a 344 personas en luto mayores de 75 años durante siete años y demostraron un incremento de la mortalidad entre las viudas, las cuales murieron en los primeros seis meses del duelo.
El patrón del duelo El patrón global del duelo es razonablemente consistente e incluye una reacción inicial de adormecimiento cuando la gente con frecuencia tiene dificultad en aceptar la completa realidad de la pérdida. Esto es seguido por los espasmos del duelo sufridos por la persona, acompañados de llanto, ansiedad o furia. La gente oscila entre estos dolorosos espasmos y periodos de apatía y desesperanza cuando pueden realizar tareas de rutina, pero sin entusiasmo. Ambos afrontan y evitan pensar en la realidad dolorosa de lo que ha sucedido con desconcertante inconsistencia y es importante respetar sus maneras individuales de arreglárselas con una situación que amenaza con volverse intolerable. Solo a medida que pase el tiempo la intensidad y duración de los espasmos del duelo y las marejadas de desesperanza gradualmente desaparecerán; por otra parte, no existe un punto final claro del duelo y los espasmos continúan apareciendo en las fechas cercanas a los aniversarios y otros recordatorios de la pérdida. La magnitud y duración de estas manifestaciones tienen grandes variaciones, al igual que otras características que en ocasiones se encuentran, aunque no siempre. Estas incluyen un fuerte sentimiento de la presencia cercana de la persona muerta, lo cual lo reportó la mitad de las viudas y viudos mayores de 70 años de edad estudiados por Grimby: Una tercera parte reportó escuchar, ver o hablar con la persona fallecida (alucinaciones) y estas características fueron más marcadas entre los más solos y llorosos. Las alucinaciones hipnagónicas ocurren en periodos de somnolencia, cuando se relaja la atención y normalmente no duran más de unos pocos instantes: Sin embargo, no deben tomarse como evidencia de trastorno psiquiátrico y, aunque a veces se repitan durante muchos años, son perfectamente normales. Con frecuencia se reportan sueños intensos de la persona muerta y existe una tendencia a relacionar a la persona muerta con lugares particulares que empiezan a tener especial significado. Mientras que estas características son quizá más comunes en la gente anciana en duelo que en la joven, casi nunca causan ansiedad; de hecho, con frecuencia son vistas como un alivio, particularmente por quienes cuya fe religiosa les permite tomarás como evidencia de que el alma le sobrevive al cuerpo. Las alucinaciones que duran más de unos cuantos segundos son raras, particularmente si la persona tiene una deficiencia orgánica o una reacción frenética al duelo. Otra reacción que se reporta en gente joven en duelo, pero que es más común en la vejez; es el distanciamiento. Este término se ha utilizado para el aislamiento social, el reducido rango de interés y la tendencia a volverse egoístas, lo cual es común en los ancianos. De hecho, Cumming y Henry consideran esto una parte normal del proceso de envejecimiento. Si es así (y la aseveración se ha debatido de manera vigorosa), ciertamente es una reacción normal al duelo y parece reflejar un proceso de defensa. Cada duelo debe conducir a una mayor revisión del mundo interno de la persona que lo experimenta: deben revisarse los hábitos del pensamiento y comportamiento que incluyen a la. persona perdida; una viuda debe descubrir nuevas formas de enfrentar al mundo que ahora conoce; debe someterse a una transición psicosocial rnayor. La transición toma tiempo y mucha energía. Con frecuencia la persona que habría ayudado en tiempos de crisis es la persona que ha muerto; en consecuencia; los que pasan por un - duelo, se encuentran a sí mismos recurriendo repetidamente a alguien que no está ahí. La posesión de un modelo interno acertado del mundo es una mayor fuente de confianza y autoestima. Pérdidas mayores representan una gran parte de ese modelo obsoleto; el viudo o la viuda se sienten perdidos en un mundo que parece familiar, pero que no se siente familiar. Aquellos cuya aceptación de ia realidad es apenas perceptible pueden desorientarse, "causando" la exasperación de los síntomas - de síndrome cerebrales orgánicos que en ocasiones siguen el duelo en la vejez. Incluso aquellos sin daño cerebral orgánico pueden sufrir deficiencias en la concentración y la memoria; pueden ser incapaces de responder a las demandas ocupacionales y encerrarse: en casa, evitando extraños y situaciones que quizá les demanden algún. Este aislamiento psicológico y social les permite conservar sus reservas cada vez menores de confianza y energía, mientras continúan con la importante tarea de revisar y renovar sus nociones acerca del mundo. Esto es, en esencia, lo que Freud llamó "la labor de duelo". Determinantes de resultado Estudios de un rango de transiciones psicosociales sugieren que tres (entre muchas) determinantes importantes de la facilidad y el éxito con que éstas se emprenden son: 1) la extensión en la que un nuevo modelo del mundo se ha adoptado acertadamente antes de la pérdida; 2) la magnitud de los cambios necesarios, y 3) la existencia de un sistema de soporte que proveerá seguridad, ánimo y consejo. La confirmación de la primera de ellas proviene de un estudio realizado por Cleiren y pitkstra, que indica que las muertes que siguen a una larga enfermedad son sólo menos traumáticas para la familia del fallecido que las muertes repentinas (en este estudio, por accidente vehicular o suicidio) si el que experimenta el duelo ha renunciado a la esperanza de que el paciente se recuperará. En el estudio de Gerber de viudas y viudos ancianos, aquellos cuya enfermedad terminal del cónyuge había durado más de seis meses tuvieron un peor resultado que aquellos cuyos esposos habían estado enfermos durante dos a seis meses. En este caso parece que los esposos habían organizado sus vidas en torno a su compañero enfermo. Cuando la pareja murió perdieron no sólo un esposo amado, sino también una tarea y un conjunto de propósitos significados que se habían centrado en esa persona. La magnitud de la transición fue, por lo tanto, mayor. El duelo de un esposo en la vejez rara vez es completamente inesperado y esto puede explicar los hallazgos de cuatro estudios revisados por Lund, los cuales mostraron que, mientras en muestras más jóvenes las muertes repentinas con frecuencia dan origen a un duelo severo, en la vejez "la anticipación o la advertencia del duelo no tiene mucho efecto en el ajuste subsecuente de los esposos" . Por el contrario, la muerte anticipada de un hijo adulto ocasiona más ira que otros tipos de muerte (Cleiren y Diekstra) y un duelo más intenso entre los padres ancianos que entre los jóvenes (Shanfield y col.). De Frain y col. reportan altos niveles de sufrimiento entre los abuelos de mujeres que pierden un bebé por síndrome de muerte súbita del lactante: 51 % experimentaron escenas retrospectivas, 29% culpa y 4% tendencias suicidas. Además, Roskin mostró un incremento del riesgo de mortalidad en los abuelos de hombres jóvenes asesinados en las guerras israelíes. Estos hallazgos sugieren que la pérdida de hijos y nietos es especialmente traumática en la vejez y que este trauma se agrava si la muerte es repentina o inesperada. En poblaciones jóvenes, se ha encontrado que quienes tienen matrimonios conflictivos tienen más problemas en el duelo que aquellos con relaciones no ambivalentes. Por otro lado, Futterman y col. encontraron lo opuesto en su estudio de 212 ancianos que habían quedado viudos. Un buen ajuste conyugal se asoció con depresión más severa después del duelo que un ajuste conyugal más pobre. En un estudio similar de esposos ancianos en duelo Grimby encontró más llanto, soledad y alucinaciones con la persona fallecida después de llegar al final, por muerte, de un feliz matrimonio que en uno infeliz. Estos hallazgos sugieren una mayor diferencia entre la situación de los ancianos en duelo; para quienes el proyecto de volverse a casar es remoto, y de gente más joven, para quienes los problemas presentados por un matrimonio ambivalente no terminan con la muerte de su pareja. La pérdida de un esposo en la vejez con frecuencia comienza con una serie de otras pérdidas (por ejemplo de los ingresos, la casa, amigos, etc.), las cuales pueden resultar, tan traumáticas como el duelo mismo, particularmente para aquellos cuya resistencia física o mental es ya deteriorada. Harlow y col. encontraron que la enfermedad física preexistente y la falta de amigos predijeron depresión después de la pérdida de un esposo en la vejez y Gass encontró que los esposos que enfrentan otros problemas, además de la pérdida de un esposo, estaban en mayor riesgo de enfermedad que aquellos para quienes el duelo fue la pena principal. Debe asumirse que aquellos pata quienes existen nuevos roles y oportunidades enfrentarán mejor el duelo que aquellos para quienes tales puertas no están abiertas, aunque esto no siempre es así. Chellam encontró en ancianos una correlación significativa entre aislamiento y la expectativa de la propia muerte. Quienes no anticiparon un futuro para ellos mismos en este mundo fueron más propensos a distanciarse y a permanecer distanciados de los demás pero, a diferencia del distanciamiento que sigue a las pérdidas en la gente joven, los suyos no implicaron que estuvieran deprimidos. De hecho, no fueron más propensos a deprimirse que los ancianos que permanecieron en contacto con la sociedad. Esta observación arroja dudas en la sugerencia de que el aislamiento siempre es un síntoma de depresión y que debemos trataría persuadiendo a los ancianos a salir de su encierro y a involucrarlos en las vidas de los demás. La distinción que con frecuencia se hace entre "viejos jóvenes" y "viejos” es importante. Presumiblemente los "viejos" tienen menos que mirar hacia delante que los "viejos jóvenes", pero el hecho de que no puedan mirar hacia delante no significa que no puedan mirar hacia atrás. "Soy demasiado viejo para empezar otra vez" es una actitud entendible en los "viejos" que debe ser respetada. Los ancianos con frecuencia tratarán de cambiar lo menos posible cuando su pareja muere. Ellos preferirán permanecer en la misma casa, seguir las mismas rutinas y comportarse como si su cónyuge aún estuviera presente. Es posible que crean que él o ella los está viendo y Smith y col. Han encontrado que la creencia en la vida después de la muerte se vincula con bienestar y recuperación del duelo más positivos en comparación con la falta de esta fe.
Ayuda en el duelo El intento de preservar la antigua noción del mundo en un estado tan intacto como sea posible es un medio de afrontar lo que puede o no resistir la prueba del tiempo. La mejor oportunidad de tener éxito es si algún tercero, con frecuencia una hija, es capaz de tomar el control de la mayor parte de los roles del cónyuge muerto. Los ancianos que repentinamente se espera manejen asuntos financieros, cocinar para ellos mismos y mantener la casa, cuando ellos nunca han hecho estas cosas en el pasado, con frecuencia no se ocuparán de las cosas y entrarán en un desorden catastrófico. El apoyo de una familia que proporcione cuidados capaz de hacerse responsable o de inducir pacientemente a la persona en duelo en sus nuevos roles puede hacer la diferencia entre cuidado comunitario exitoso y cuidado institucional. Debido a que entristecerse y reaprender toma tiempo, puede ser necesario considerar un periodo de `dependencia' durante el cual otros proveerán el auxilio que ayudará a sobrevivir al anciano en esta transición. Por la misma razón, la pareja de ancianos que se preparan a sí mismos para el futuro compartiendo todos los roles encontrarán el ajuste a la viudez mucho más fácil. El autor recibió la visita de una mujer casada con cáncer en etapa avanzada que lamentaba el hecho de que su esposo "no podía hervir un huevo". El autor sugirió que ella debía enseñarle y ella pasó los últimos meses de su vida escribiendo recetas y educándolo en las habilidades del manejo de la casa. Después de su muerte un consejero en duelo se sorprendió al ser invitado a una comida que el viudo había cocinado como homenaje a su esposa y como signo de su determinación de responder a sus expectativas. Las expectativas pueden ser positivas o negativas y con frecuencia se da el caso de que la gente en duelo es desanimada a establecer nuevas relaciones, ir a nuevos lugares o "recuperarse" del duelo debido a las sombrías expectativas de sus amigos y familiares. "¡Ellos no piensan que yo sea viuda!" fue la respuesta llena de contento de una anciana viuda después de haberse integrado a una clase de arte. Comentarios como éste reflejan las actitudes sociales ante la viudez que causan que la gente adopte una expresión de "visitando a la pobre viuda" cuando van a ver a la afectada. Los hijos ven al duelo de sus madres viudas como tributo a su padre muerto e incluso pueden ofenderse si ella parece recuperarse. En el otro extremo está la familia que está tan aterrada por el duelo que intentan bloquear su expresión. "No te derrumbes" es una orden común que conduce al afectado a sentir que, si ellos se desahogan, estarán en peligro de sufrir una "depresión nerviosa": En el estudio de Raphael de ayuda psicológica en el duelo ésta encontró que tales actitudes se perciben como muy inservibles. Las viudas que vieron a sus familias como no útiles estaban en mayor riesgo después del duelo que las que vieron a sus familias como útiles. Afortunadamente estas mismas viudas fueron también el grupo con más probabilidad de beneficiarse de la ayuda psicológica. La persistencia del aislamiento en algunos viudos y viudas no significa que no existan otros para quienes el reencuentro es conveniente y necesario. Lopata, al estudiar más de 300 viudas mayores de 50 años de edad en Chicago, dice que, aunque 46 % negó haber cambiado, la mayoría de las que reconocieron haber encuadrado el cambio en términos positivos se habían vuelto más capaces, independientes, libres; ocupadas, fuertes, etc. Los cambios negativos reflejaron soledad, la cual se observó regularmente como el principal problema de la viudez. Las mujeres que no habían cambiado con frecuencia estaban socialmente aisladas y "no acostumbradas a pensar y organizar. el mundo". Esta pasividad (algunas veces llamada "dependencia del campo" o "punto externo de control") las hicieron más vulnerables, pero también más abiertas a la influencia externa que sus semejantes más autónomas. Tristemente, las influencias externas a las cuales se expusieron con frecuencia fueron más perjudiciales que útiles, como se indica más adelante.
Ayuda a quienes están en riesgo Varias evaluaciones de la efectividad de la ayuda psicológica en el' duelo mediante la distribución al azar de gente afectada han demostrado beneficios significativos al seguimiento. Todas han seleccionado para ayudar a la minoría de gente en duelo que se considera está en riesgo especial. Otros servicios no han proporcionado tales beneficios demostrables; estos últimos ofrecieron ayuda a gente en duelo no seleccionada o se basaron en la autorreferencia como método de selección. Se deduce que la valoración del riesgo es una actividad útil que los médicos generales y otros miembros de los sistemas del cuidado de la salud están en una buena posición de Ilevar a cabo. Esto puede realizarse con relativa facilidad antes o al momento del duelo mediante los criterios que se muestran en el cuadro 1. Éstos se derivan de una investigación que fue revisada en más detalle por Parkes.
Cuadro 1: Factores de riesgo asociados con resultado pobre después del duelo en la vejez
Tipo de muerte
• Muertes anticipadas (especialmente si son inesperadas)
• Enfermedad Iarga en la que el que sobrevive estuvo cercanamente involucrado
• Pérdidas múltiples (por ejemplo en desastres)
• Pérdida por suicidio, asesinato u otro tipo de violencia
Factores predisponentes en el afectado
• Salud física o mental deteriorada
• Baja autoestima (creer poco en el control interno)
• Pérdidas múltiples anteriores
Relación con la persona fallecida
• Pérdida de un hijo o nieto
• Ambivalente del afectado hacia el fallecido
• El afectado depende del fallecido
• El fallecido dependía del afectado
Apoyo social
• Sin hijos o familia cerca
• Familia vista como poco útil
Idealmente, el apoyo al afectado debe darse antes y después del duelo. Los estudiantes de medicina y los médicos jóvenes hasta ahora están empezando a recibir adiestramiento apropiado en el apoyo que se necesita cuando se comunican malas noticias. Los asilos tienen mucho que enseñamos acerca del cuidado de las familias de los pacientes que están próximos a morir. Con frecuencia los médicos generales juegan papeles clave en tales circunstancias y después del duelo. Una revisión detallada de las habilidades de ayuda psicológica que se necesitan durante el duelo la proporcionan Parkes y col. A algunos médicos generales les agrada proporcionar ayuda psicológica a corto plazo y esto, comúnmente, es todo lo que se necesita. Ellos pueden beneficiarse de los cursos de capacitación en ayuda psicológica en el duelo. Aun si no están en posición de ofrecer este apoyo de manera regular, una sola visita dos a cuatro semanas después del duelo les permitirá examinar la salud física y mental, valorar los factores de riesgo y proporcionar explicación y confianza. Tales visitas son muy apreciadas por los afectados, cuya seguridad mejora al saber que tienen la comprensión y el apoyo del médico. Cuando se necesita ayuda adicional el consejero tendrá que elegir la más adecuada disponible en su localidad. Ésta irá desde servicios psiquiátricos para una minoría que muestra signos de enfermedad mental (a través de servicios de ayuda psicológica - en duelo proporcionada por consejeros voluntarios capacitados y respaldados por psicólogos, trabajadores sociales y otros profesionales) a la ayuda disponible relativamente no compleja proveniente de clubes sociales y de grupos de autoayuda (apoyo mutuo) establecidos por y para gente en duelo.
Otros servicios locales para el duelo pueden proporcionar ayuda similar, particularmente si están afiliados a la Asociación Nacional de Servicios para el Duelo (NABS por sus siglas en inglés). Algunos psicólogos y trabajadores sociales, aunque no todos, están calificados para apoyar al afectado y muchos asilos cuentan con sus propios servicios para el duelo, algunos de los cuales aceptan personas referidas de otros lugares. Asimismo, existe un número creciente de consejeros profesionales, tales como los que cumplen con los criterios de la Asociación Británica de Apoyo Psicológico. Éstos han completado cursos de capacitación más rigurosos y más largos que los proporcionados por consejeros voluntarios. En la vejez es frecuente observar como problema principal no duelo sino soledad. La cual no se soluciona mediante ayuda psicológica, pero sí a través de cualquier actividad social en la que la persona afectada pueda interesarse. Age Concern proporciona información acerca de grupos sociales: Los ancianos en duelo con frecuencia tendrán que elegir entre los servicios dirigidos a la vejez en general y los dirigidos específicamente a los que están en duelo. Cualquiera que sea su elección estos ancianos conocerán a otros que estén afectados de manera similar.
Comentario La idiosincrasia es un factor determinante en la aceptación de la muerte. El artículo aquí reseñado es interesante y de su lectura pueden obtenerse importantes lecciones. Lo comentado debe ubicarse en el contexto de la sociedad estadounidense, circunstancia que lo aleja de la nuestra. Mientras en Estados Unidos un porcentaje muy alto de los ancianos pasan sus últimos días en asilos; en México y otros países de Latinoamérica; los ancianos suelen permanecer dentro del ámbito de la familia (aunque no siempre es así). Por otro lado, el entendimiento dè la muerte entre los estadounidenses es diferente al nuestro. Otro aspecto que también establece una diferencia, y que el artículo no analiza, es la religión. Quienes son fieles practicantes de su religión (y según cuál) tienen una manera diferente de asimilar la muerte del cónyuge que los no creyentes.
Fuente: Bereavement and mental health in the elderly. Reviews in Clinical Gerontology 1997; 7(1):47-53.
   
Autor: Colin Murray Parkes Articulo reproducido con la autorización de la editorial Comunicaciones Científicas Argentinas S.A.
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