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NOTAS
Aspectos Psicoafectivos
 






   
Envejecimiento y cambios psicológicos
 
       
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Cambios afectivos.
El principal cambio esperable al que va a tener que enfrentarse es a procesos de pérdidas más habitualmente que en otras etapas de su vida (la perdida de sus figuras parentales y de personas significativas en su vida con las que mantenía fuertes lazos a nivel emocional y afectivo).
El duelo es el conjunto de reacciones de tipo físico, emocional y social que se producen por la pérdida de una persona que nos es cercana. Dependiendo de la intensidad de la relación podremos experimentar, desde un sentimiento transitorio o de tristeza, hasta una desolación completa que puede persistir por años o volverse crónica. En este último caso decimos que el duelo no se ha elaborado adaptativamente y va adquiriendo matices patológicos, ante los cuales es preciso recurrir a la ayuda de profesionales con experiencia en su abordaje en personas mayores.
El perder a un ser querido representa un gran trauma emocional que nos hace especialmente vulnerables a padecer una enfermedad física y trastornos mentales.
El superar la pérdida implica un proceso de elaboración, en el cual debemos atravesar diferentes etapas:
Shock o parálisis.
Se produce cuando nos enfrentamos a la noticia de la muerte y puede durar de minutos a días. Nos vamos a encontrar apáticos, con embotamiento o tal vez con hiperactividad. Lo que intentamos básicamente es defendernos del impacto que supone tal noticia en nosotros y nuestra psique, pero tarde o temprano aparecerán los sentimientos de aflicción que pueden ser atemperados en función de cómo recibamos la noticia y si era esperable o no.
Alivio o relajación.
Se podría decir que tras el funeral entramos en esta fase de duración corta e influenciada por el tiempo que permanecen junto a nosotros otras personas importantes para nosotros que nos otorgan cierto apoyo.
Es aconsejable expresar sentimientos de aceptación de la muerte. Puede que tratemos de expresar gratitud hacia las figuras profesionales con las que tuvimos contacto y que facilitaron cuidados a la persona muerta.
Es una etapa variable que oscila entre estados de animo tranquilo y llanto. Lo normal es que pasado los 8 días aparezca una mayor tristeza y un sentimiento de desanimo que va influir en nuestro comportamiento.
Resentimiento.
Cuando quedamos solos, cuando realmente nos enfrentamos a la no existencia más de esa persona a nuestro lado entramos en la fase de resentimiento que puede durar de 3 a 4 meses. Persiste en nosotros la sensación de soledad, inseguridad, falta de autoestima y culpabilidad, tanto hacia nosotros mismos, como puede ser hacia los profesionales. Podemos caer en un estado depresivo por varios meses.
Es importante que podamos reconocer y comprender nuestra irritabilidad y los sentimientos que experimentamos son algo esperable y normal.
Recuerdo.
Desde los tres meses a los 12 o 15 del fallecimiento rememoramos constantemente nuestra vida pasada con esa persona que ya no está, tratando de retener las experiencias positivas. Podemos soñar con esa persona y llegar a sufrir alucinaciones ya sean visuales o auditivas.
Reparación.
Desde los 6 a los 12 meses entramos en una fase que es normal que vayamos aceptando la pérdida y empezando a hacer un esfuerzo por reiniciar nuestra vida, tratando de cultivar nuevos intereses, actividades... con posibilidad de ampliar nuestra red social y tratando de pensar más lógica y racionalmente.
El proceso de duelo no es igual en todas las personas, por lo cual se puede afirmar que los tiempos mencionados antes son orientativos.
Idealmente el apoyo a la persona afectada debe darse antes y después del duelo, existen casos como la Enfermedad de Alzheimer o procesos oncológicos en lo cual esto se hace más necesario pues aunque la persona continua con nosotros la sentimos como no presente.
En la elaboración del duelo normal se producen numerosas alteraciones en nuestros sentimientos y cambios en la percepción de cosas o de nuestro comportamiento.
Es frecuente que experimentemos síntomas somáticos como pérdida de apetito, adelgazamiento, insomnio o trastornos del sueño... Podemos llegar a experimentar alucinaciones auditivo visuales con la persona fallecida o podemos llegar a somatizar síntomas que tenía esa persona como algo normal a dicho proceso.
Expresar abiertamente la pena que sentimos es natural y deseable y supone una buena salida psicológica y fisiológica para las emociones que podemos llegar a haber retenido.
Debemos tener en cuenta que en el proceso de envejecimiento nuestras reacciones del duelo serán más sostenidas y durarán mayor tiempo por las dificultades que tenemos para ajustarnos a los cambios, tememos el sufrimiento, la soledad y el miedo al futuro.
Si después del año continuamos deprimidos, nos aislamos socialmente y utilizamos medicamentos psicoactivos deberemos consultar a un profesional de la psicología que nos ayude a superar adaptativamente dicho proceso de duelo.
Bajo mi punto de vista no es verdad que todas las personas cuando envejecen están deprimidas o sufren de trastornos afectivos. Si es normal que en algunas personas en esta etapa de la vida exista un cierto sentimiento de tristeza pero no se puede establecer como norma genérica a toda la población de adultos mayores. En mi opinión esto sucede por un aumento de las pérdidas a las que debe enfrentarse unido a la falta de un proyecto de vida.
Es normal que cuando llegamos a viejos nos tengamos que enfrentar a situaciones que nos generan cierta ansiedad o angustia, fruto del aumento de nuestros miedos y de no saber como manejarlos y actuar. Por eso es importante poder anticipar situaciones y aprender como manejarnos en ellas adaptativamente, de forma que no disparemos nuestros miedos y mantengamos una actitud abierta ante los cambios a los que vamos a enfrentarnos en el proceso de envejecimiento.
4.2.- Cambios en la personalidad.
A la hora de abordar la personalidad existen tres aproximaciones alternativas y complementarias que estudian el desarrollo personal: el enfoque de rasgos, el de estadios y el de los eventos.
Enfoque de rasgos.
Los rasgos son manifestaciones o características de la personalidad que se miden mediante escalas y cuestionarios. Desde este enfoque se sostiene que independientemente de la edad, las personas poseen características fijas que explican su comportamiento.
Las investigaciones realizadas hasta la fecha se han basado por un lado en estructura de varios rasgos multirasgo y por otro lado en rasgos concretos como predictores del comportamiento.
Dentro de estas últimas investigaciones hay que citar las referentes al lugar de control y la autoestima.
El lugar de control está relacionado con la sensación de control personal y autocontrol de las acciones y consecuencias que derivan de esas acciones humanas. Los niveles de lugar de control interno disminuyen al aumentar la edad, puesto que con la edad son más numerosos los acontecimientos negativos que viven las personas y no pueden evitar. Es probable que al disminuir el control interno se incremente el control de lugar externo pero este punto no está confirmado totalmente.
La autoestima refleja la valoración del propio yo.
Baltes y baltes (1990) encuentran niveles superiores a los esperados en personas mayores. Coleman (1992) sostiene que la autoestima se mantiene estable a lo largo de la vida.
La autoestima se encuentra asociada con la salud, las actitudes hacia el envejecimiento y la satisfacción con la vida pasada. Tener una buena autoestima, cuando envejecemos, es un buen índice de que la adaptación a circunstancias difíciles, como por ejemplo el afrontamiento de la viudez o la perdida de independencia, la realizaremos favorablemente. Niveles bajos de autoestima serían señales de la posibilidad de la aparición de sucesos depresivos.
A través de los diversos estudios longitudinales que se han realizado en este enfoque se concluye que la personalidad en la vejez es estable aunque la perspectiva interaccionista dentro de dicho enfoque plantee excepciones. Por ejemplo desde la perspectiva interaccionista en los primeros estudios se encontró que con la edad incrementa la intraversión y por lo tanto disminuye la extraversión (Jung 1931). En la misma línea son las conclusiones del estudio de Berkeley.
Schaie y Willis (1991), también desde esta misma perspectiva, enfatizarían en el papel que tienen los efectos generacionales, que pueden deberse a procesos tempranos de socialización en el desarrollo de la personalidad. Sostienen que cada persona está influenciada por el momento de la historia que le ha tocado vivir.
Enfoque de estadios.
Las teorías basadas en los estadios tienen su origen en las corrientes fenomenológicas de la personalidad.
El impacto que cualquier acontecimiento tiene sobre la persona no sólo depende de sus elementos objetivos (intensidad de las características estresantes), sino también de cómo el individuo lo interpreta y le atribuye significado.
La forma en que una persona negocia las experiencias y acontecimientos de su vida depende básicamente del contenido, organización y funcionamiento de su autoconcepto.
El autoconcepto es una organización que integra e interpreta la experiencia a lo largo del tiempo y le da continuidad y significado, regula el afecto y motiva a la persona. Para Mc Crae y Costa (1988) el autoconcepto y el significado del yo están asociadas a rasgos de personalidad como el lugar de control.
Depende de la teoría que se tome el concepto de estadio varia, sin embargo se puede decir que hay dos posiciones extremas:
• Estadio considerado como una forma de clasificar y describir a los individuos y por lo tanto, identifican intervalos de la vida de una persona.
• Estadio como la organización lógica de la personalidad, representando niveles de organización de la personalidad del ser humano.
Desde este enfoque, para comprender a las personas en la última parte de su vida y siguiendo el concepto de integridad de Erikson (1982) hay que considerarlas en el contexto de su historia personal, con los conflictos y crisis que se dieron en las etapas anteriores de su vida y los esfuerzos que realizaron por resolverlos. Las experiencias individuales únicas de cada persona marcan el que exista una mayor variabilidad interindividual en la vejez y que no tengan tanto impacto los cambios madurativos.
Desde las teorías psicoanalíticas y las teorías del yo se han identificado varios estadios en la vejez. A través de técnicas proyectivas y entrevistas semiestructuradas se han hallado cambios en la personalidad que se identifican como estadios sucesivos e independientes.
Carl G. Jung (1931) sostiene que durante la vejez hay un incremento de la introversión y una reorganización del sistema de valores propios.
Sin embargo podemos decir que las cuatro teorías basadas en el enfoque de los estadios (los estadios del desarrollo del yo de Erikson, 1950; las etapas de Daniel Levinson, 1986; el modelo de Loevinger, 1976; las tareas evolutivas de Havighurst, 1981) se centran en la edad adulta y ninguna aborda el periodo posterior a los 60 años. Si Mencionan el periodo de transición a la edad adulta tardìa, periodo comprendido entre los 60 y 65 años, en el cual la persona a través de la revisión de vida la persona inspecciona su pasada y separa los aspectos buenos de los malos pero no exploran a fondo dicha etapa de la vida.
Enfoque de eventos, sucesos vitales y estrés.
Los sucesos vitales que afectan a las personas en el envejecimiento, son factores de cambio en la personalidad.
Desde la perspectiva situacional se establece que los eventos biológicos, cognitivos y sociales y los antecedentes inmediatos tienen importancia en la forma de ser y de comportarse el ser humano.
Reig (1992) establece lo siguiente: “ Tanto las enfermedades biológicas que afectan a la salud como los acontecimientos sociales tienen un impacto muy importante en el individuo. Impacto que se une a las transformaciones que la persona experimenta en el ambiente físico. Los cambios sensoriales, motores y cognitivos en general, hacen que el mismo ambiente físico en el que venía desenvolviéndose comience a ser diferente. El individuo empieza a percibir el mismo ambiente como diferente. Estos acontecimientos externos al propio sujeto determinan una nueva forma de comportarse que percibimos como característica de los viejos”.
En la reorganización que hace el individuo cuando se enfrenta a los múltiples cambios del envejecimiento interviene su personalidad previa, es decir, la forma previa de comportarse y ser.
De cómo interrelacionan los efectos de los nuevos cambios y la personalidad previa surge la adaptación que cada persona realiza respecto a su nueva etapa: la vejez.
No es un proceso puntual sino que lleva tiempo. A través del tiempo se va a ir adaptando a esos cambios y en ese proceso se va dar según Vega Vega J.L. (1989) una continuidad o un cambio en su forma de ser, en su personalidad.
Durante la vejez el desarrollo individual se regula externamente al propio individuo en función del ambiente físico, cultural y social que le rodea.
Muchos de los acontecimientos a los que se enfrenta la persona en la vejez además de poder transformar su personalidad pueden generar estrés en la persona que los vive, el cual puede repercutir en una enfermedad física o mental.
No olvidemos que la forma en que la persona afronta un acontecimiento depende de los siguientes seis factores:
• Anticipación del acontecimiento, es decir, si la persona se encuentra preparada para recibir el suceso.
• Comprensión del acontecimiento y la interpretación subjetiva que realiza del mismo.
• La salud física y los recursos físicos con los que cuenta para afrontar el estrés.
• Los factores de personalidad y la capacidad de adaptación del individuo a nuevas situaciones.
• La historia previa de afrontamiento de acontecimientos aleatorios.
• Apoyo social y emocional que puede recibir la persona.
Algunos de estos factores como la salud física o el apoyo social pueden sufrir una disminución, y por lo tanto, afectan a nuestra capacidad de afrontar acontecimientos.
Las personas mayores cuentan con estrategias adicionales para afrontar la ansiedad y la depresión que pueden generar determinados acontecimientos vitales. Koening (1993) señala que muchas personas no necesitan más apoyo que la religión para afrontar la soledad, la ansiedad, la tensión, la desesperación o la depresión. En este sentido podríamos explicar la tranquilidad que nuestros mayores encuentran en la religión.
Sin embargo desde los diversos enfoques de la personalidad no encontramos una teoría que trate de explicar como podemos lograr un envejecimiento satisfactorio, para ello deberemos acudir a las teorías clásicas del envejecimiento ( Teoría de la desvinculación de Cumming y Henry, 1961; Teoría de roles; Teoría de la actividad de Havighurst, 1963,1968; Teoría de la continuidad de Atchley, 1989; ...).
Bajo mi punto de vista en el envejecimiento si se producen cambios en nuestra personalidad, ya sea para reafirmar rasgos establecidos en otras etapas de nuestra vida anteriores a la vejez, ya sea para atemperarlos. Dichos cambios están influenciados por el deterioro físico y la dependencia real o subjetiva que los cambios en los diversos ámbitos pueden generar en nosotros mismos.
Pueden acompañarse con pérdida de la autoestima y de aislamiento lo cual repercute en nuestra red de apoyo social y en nuestras oportunidades de participación en actividades.
4.3.- Cambios en el funcionamiento cognitivo.
Antes de abordar los cambios normales que ocurren con respecto al funcionamiento cognitivo debemos conocer como procesamos la información, para lo cual es preciso que distingamos entre sensación, percepción y ejecución.
Llamo sensación a la recepción de la estimulación física que recibimos y la traducción que realizamos de la misma en impulsos nerviosos.
Percepción es la interpretación que efectuamos de esa estimulación sensorial que hemos recibido.
Ejecución psicomotora se refiere a la realización de acciones, tareas... del ser humano y exige de una actividad muscular coordinada.
En nuestro interactuar diario sensación y percepción mantienen una estrecha interrelación mutua y afectan a nuestra ejecución psicomotora.
¿Por qué es importante conocer los cambios que se dan en la sensación, percepción y ejecución psicomotora?
Fundamentalmente por las siguientes razones:
• Nuestra capacidad para tratar e interactuar adecuadamente con nuestro entorno depende, en gran medida, de nuestro ambiente y habilidad para detectar, interpretar y responder de forma apropiada a la información que llega a nuestros sentidos.
• La forma en que percibimos se relaciona con diversos comportamientos nuestros (somos más precavidos en la tarea que realizamos y más lentos,...)
• Para evitar caer en mitos y prejuicios anclados en la sociedad.
Haciendo un símil con el funcionamiento de una computadora se detectan varias fases en el almacenamiento de la información:
Entrada de la información:
Los estímulos ambientales (imágenes, sonidos, sabores, etc...) entran al almacén sensorial. Es la etapa receptiva. Se recibe y registra la información y la experiencia sensorial. Procesamos la información a través de la sensación y así podemos ver, oír, saborear, ser sensibles al tacto... La información registrada aparecerá alterada o distorsionada si los receptores sensoriales están limitados en su capacidad de funcionamiento o si están presentes indicios que nos señalan procesos patológicos. Es importante suplir adecuadamente deficiencias consecuencia de los cambios para permitir que la información filtrada sea lo más fidedigna posible y ajustada a la realidad.
Codificación y análisis perceptivo.
Se codifica, interpreta y analiza la información proveniente de la etapa anterior. Se llama a este proceso percepción y en él operan múltiples factores como el estilo cognitivo y el tiempo de reacción perceptivo-motor.
Decisión y selección de la respuesta.
En función de la información que se recibe de la etapa anterior el ser humano elige la respuesta o acción apropiada, entrando en juego por ejemplo factores como la memoria, la inteligencia y la personalidad.
Ejecución de la respuesta.
A través del comportamiento del ser humano se emite la respuesta elegida en la cual influye toda la información de etapas anteriores y factores ambientales como experiencias previas... En dicho comportamiento está reflejada la información del ambiente, como la hemos elaborado y transformado mentalmente.
Debemos tener en cuenta que en el envejecimiento ocurren cambios normales y patológicos, mencionaremos solo los normales y esperables.
En general se podría afirmar que el proceso de envejecimiento va unido a cambios lentos y continuos que se manifiestan en diferentes áreas del funcionamiento cognitivo de manera selectiva.
Los más estudiados por el interés despertado desde siempre son los referentes a la memoria y las funciones sensoriomotoras.
Las funciones visopercepctivas, visoespaciales y visoconstructivas del hemisferio derecho de nuestro cerebro son las más vulnerables aparentemente a los efectos del envejecimiento, mientras que las funciones lingüísticas del hemisferio izquierdo se hallan mejor conservadas.
Seguidamente abordaré los cambios que se producen en la sensación, percepción y ejecución psicomotora en el envejecimiento.
Cambios en la sensación.
La sensibilidad cambia en este proceso. Dada la variedad de receptores sensoriales que poseemos vamos a ver sentido por sentido.
VISION.
Una pérdida de visión puede disminuir seriamente nuestra independencia, la cual puede estar producida por los cambios normales y/o los patológicos o enfermedades.
Los problemas se vuelven más frecuentes a partir de los 60 años y tienen una mayor incidencia en los mayores de 80 años.
Cornea: cubre y protege el iris y la pupila. Se hace más espesa y menos sensible a la estimulación mecánica y suele perder su brillo.
Iris:: Pierde pigmentación y por lo tanto, disminuye el color de los ojos.
Pupila: Se hace más pequeña (cambio que ha ido progresando desde la juventud) Se llama miosis senil. Responde más lentamente y por lo tanto nos cuesta adaptarnos a los cambios repentinos de iluminación. Se producen cambios en la latencia de reflejo pupilar. (P.ej. cuando salimos o entramos en un cine nos cuesta más habituarnos a la nueva situación).
Humor vítreo: Se vuelve más opaco, p.ej. a los 70 años la cantidad de luz que llega a los receptores del fondo de ojo se puede reducir en dos tercios y por lo tanto, necesitaremos mayor cantidad de luz para ver tan claramente como cuando eramos jóvenes.
Cristalino: Las células han ido creciendo a lo largo de la vida pero no se han perdido, por lo cual, la lente se ha ido espesando y disminuye la cantidad de luz que llega a la retina.
A partir de los 35 años amarillea y por lo tanto, disminuye la capacidad de distinguir los colores del rango verde, azul y violeta. Se distinguen mejor los amarillos, naranjas y rojos.
El ojo también es más sensible al reflejo, es decir la luz relativamente brillante que produce desagrado o incomodidad y/o que interfiere con la visión óptima.
Pierde flexibilidad y por lo tanto, le resulta difícil cambiar de forma para enfocar correctamente en distancias cortas. Alrededor de los 40 años al ojo le cuesta ver a distancias cortas, aspecto que va empeorando con la edad (Presbiopia que se desarrolla unos 3-5 años antes por las mujeres) Su corrección implica el uso de gafas.
Retina : El nervio óptico tiende a tener los márgenes menos claros y puede aparecer más pálido porque disminuyen los capilares. Igualmente se dan cambios en la mácula, pero salvo que exista una distorsión en los objetos que se ven o una disminución de la agudeza visual, estos últimos cambios no son importantes.
Otros cambios:
Agudeza visual, sería la claridad de visión o capacidad del ojo para resolver los detalles.
La agudeza visual está en función de los objetos estáticos que disminuyen y de los objetos en movimiento que disminuyen aún más. Dicha capacidad se estabiliza a los 40 años y decae a partir de los 50 años.
Campo de visión es el espacio físico visible por el ojo en una posición dada. Disminuye aceleradamente a partir de los 50 años, llegando en los 70 años a ser de 140º (como referencia mencionar que en los jóvenes es de 170 grados).
Como consecuencia, disminuye sustancialmente nuestra capacidad para ver la información en las zonas periféricas del campo visual. Así en el envejecimiento nos solemos sorprender cuando se nos aproximan por detrás o por un lateral, no vemos a las personas hasta que las tenemos muy cerca.
Implicaciones para la vida diaria.
Puede ser causa de abandono de actividades de ocio (jardinería, cocinar, coser, ocuparse del mantenimiento del coche, escribir..)
Cambios abruptos en el nivel de luz pueden causar caídas y otros accidentes, los más frecuentes se dan en los baños, al lado de la cama y los lugares de paso como pasillos,...
Relacionado con el reflejo y el destello, los suelos pueden convertirse en una amenaza para nosotros, p.ej. en los hospitales, supermercados...
Discriminamos mal los colores.
Necesitamos a los 65 años el doble de luz para leer que cuando teníamos 20 años, podemos experimentar dificultades para leer, ver la tv., mirar instrucciones de medicamentos...
Los cambios en la visión pueden interferir en la comunicación e interacción social, sobre todo en los sordos porque cuando envejecen las señales visuales les aportan el 50 % de los elementos que necesitan para entender un discurso.
Podemos experimentar inseguridad y evitación de lugares habituales.
Es recomendable hacernos revisiones oftalmológicas periódicas y usar gafas o lentes si las precisamos.
Debemos tener cuidado en como nos acercamos a otras personas mayores, por lo que mencionamos del campo visual, acercándonos lateralmente a ellas.
En cuanto al ambiente:
Procuraremos conseguir iluminación adecuada.
Evitaremos el reflejo, es decir, tendremos cuidado con ventanas, suelos encerados, espejos..., utilizar bombillas amarillas en vez de azules y en el exterior o en el coche, usaremos gafas de sol y viseras...
Colocaremos luces estratégicamente en nuestra vivienda y dejaremos algunas encendidas de modo que los cambios en iluminación que experimentemos sean graduables.
Nos acercaremos a las cosas y a las personas con una estrategia para verlos mejor. Utilizaremos contrastes para diferenciar objetos, zonas...
Si conversamos con gente con problemas de visión utilizaremos el tacto para compensar la dificultad de comunicación en este sentido.
AUDICIÓN.
Oído externo.
Cambios de tamaño, forma y flexibilidad del pabellón auditivo externo que no se sabe si afectan a la audición. Cambios en el conducto auditivo externo relacionados con un aumento de acumulación de cera y pérdida de agudeza auditiva.
Oído medio.
Calcificación de la parte clásica de la trompa de Eustaquio y menor elasticidad del tímpano. Acumulación de fluido debido a los resfriados y dificultades en la audición. La cadena de huesecillos muestra cambios artríticos en las articulaciones, pero no se ha demostrado su relación con una disminución de la audición.
Oído interno.
Disminuyen la audición alteraciones del metabolismo y pérdida de células capilares. Se empiezan a perder sonidos de alta frecuencia como por ejemplo el canto de los pájaros, el tic-tac del reloj... un tercio de nuestra conversación son sonidos de frecuencia alta (consonante p, s, z, f...) y por lo tanto oiremos distorsionado el discurso de los demás.
Enlentecimiento del cerebro y de las áreas de asociación y almacenamiento auditivo en el cerebro.
Zumbido.
Es un persistente pitido o retumbe en los oídos. Es más molesto por la noche y en ambientes silenciosos. La frecuencia de aparición entre los 65 a 74 años es del 11%.
La relación entre Audición –Comunicación es muy estrecha. Por ejemplo: si una persona oye mal, los demás, tienen que hablar más alto para hacerse oír y entender por ella. El tener que elevar el volumen de la voz puede resultar incómodo a las personas, sobre todo en situaciones con normas implícitas de buena educación. Al mismo tiempo genera dificultades a las personas con problemas auditivos para seguir las conversaciones de otros, puede originar en ellos desconfianza y conducir a un mayor aislamiento al disminuir las oportunidades de comunicación e interacción social.
Como regla se puede establecer que cuanto más tarde aparecen los desordenes auditivos y cuanto más severa es la disfunción que sufrimos, mayores son los problemas de adaptación a nuestro ambiente. La consecuencia de esto es una bajada en el autoconcepto y autoestima junto a la aparición de sentimientos paranoides (¿estarán hablando de mí?..)
Estrategias facilitadoras para disminuir los cambios en la audición implican:
• Hablar con una intensidad ligeramente superior a lo normal.
• Hablar con una velocidad normal, no demasiado deprisa.
• Hablar a poca distancia de nuestro interlocutor (entre metro y medio y dos metros).
Si hablamos con alguien con problemas auditivos deberemos estar a una distancia que nos vea, no mientras está en otra habitación o mientras ve la tv. o lee sin mirarnos.
No forzar a la persona a que escuche cuando exista un gran ruido ambiental.
No hablar directamente al oído de la persona. El oyente se pierde todo el lenguaje no verbal y puede no entender lo que le dicen porque aumenta la intensidad del lenguaje.
Si la otra persona no comprende lo que se le dice, decir lo mismo con otras palabras en vez de simplemente repetir las palabras no comprendidas.
OLFATO Y GUSTO.
El sabor final de una comida es una combinación de olor y de sabor, por ejemplo, cuando el olfato está afectado por un resfriado no se suele encontrar sabor a la comida y depende de cómo procesemos esa información, actuaremos de una forma u otra. Así pues, las consecuencias de los cambios en estos sentidos afectan, además, a aspectos nutricionales que debemos tener en cuenta en nuestra dieta.
Olfato
Las células receptoras olfativas tienen una vida corta, de 5 a 8 semanas, luego mueren y son reemplazadas por otras.
Al envejecer perdemos más células receptoras de las que se reemplazan.
Los tipos de pérdidas olfativas que podemos experimentar son:
Carencia del sentido del olfato = ANOSMIA.
Sensibilidad olfativa reducida = HIPOSMIA.
Distorsión del olfato = DISOSMIA.
Afectan al olfato las infecciones víricas, las bacterianas... Dañan tejidos nasales de forma que llega menos aire y por lo tanto, se reduce la cantidad de estímulos que entran en contacto con los receptores olfativas.
Se reduce también la sensibilidad a los olores concentrados, se suele necesitar una aumento mayor de la concentración de la sustancia para notar que el olor ha aumentado en intensidad.
Gusto
Los receptores del sabor también se reemplazan continuamente, comenzando a atrofiarse hacia la mitad de la década de los 40 años.
Cuando envejecemos:
Perdemos la elasticidad en la boca y en los labios.
Disminuye la cantidad de saliva y aumentan las fisuras en la lengua.
Sin embargo, estos cambios no afectan a la sensibilidad al sabor hasta bien tarde. Cuando hablamos de sabores debemos tener en cuenta que existen cuatro sabores básicos:
Dulce (en la punta delantera de la lengua).
Salado (en los laterales y punta de la lengua).
Ácido (en los laterales y partes laterales traseras de la lengua).
Amargo (en la parte trasera entera de la lengua).
Los umbrales para lo salado, lo ácido y lo amargo aumentan con la edad y por lo tanto se necesita mayor concentración para detectarlo, pero el umbral para lo dulce permanece inalterable.
Implicaciones para la nutrición.
Disfrutamos de la comida en base a combinar estos aspectos: olor, sabor, color, temperatura, textura... con la edad disminuye la capacidad para detectar comidas mezcladas. Estaría relacionado con la menor sensibilidad al olor y con la memoria.
La menor sensibilidad a los olores puede ser la causa por la que disfrutemos menos con la comida. Deberemos masticar cuidadosamente, moviendo la comida por la boca para aumentar la intensidad de los sabores.
Cualquiera que sea la pérdida de apetito que desarrollemos no debemos acusarla primariamente a una pérdida de receptores olfativos ni gustativos.
TACTO Y OTROS SENTIDOS SOMESTESICOS.
Tacto.
Disminuyen los siguientes aspectos cuando envejecemos:
Sensibilidad para el tacto.
Se debe a una disminución de la cantidad de receptores y de su sensibilidad individual (más acusada hacia los 60 – 70 años porque la piel es más delgada).
No cambia en las zonas del cuerpo cubiertas de pelo, si en las palmas y en los dedos de las manos y pies.
Sensibilidad a la vibración.
Los umbrales dependen mucho de la parte del cuerpo que se estimule (mayor es la pérdida en los pies que en las manos).
Sensibilidad a la temperatura.
Para sobrevivir es necesario mantener o regular la temperatura corporal interna en una banda muy estrecha, entorno a los 37º centígrados. A medida que envejecemos tenemos la temperatura corporal más baja.
Las pérdidas relacionadas con la sensibilidad al tacto y a la vibración pueden estar relacionadas con cambios en la temperatura corporal.
Cenestesia.
Habría que matizar entre:
Movimiento activo. Es el movimiento real de partes del cuerpo o de todo el cuerpo, por ejemplo el caminar. La tensión que se produce en los músculos o tendones cuando interactuamos con diferentes pesos permanece no afectada en el envejecimiento.
Movimiento pasivo es el que realizamos cuando permanecemos quietos ero vamos dentro de un vehículo o aparato en movimiento por ejemplo en un tren. Se encuentra que cuando envejecemos, la sensación del movimiento queda más afectada en rodillas y caderas.
La menor sensibilidad de los receptores cenestésicos se piensa que puede ser uno de los factores que contribuye a nuestra mayor susceptibilidad a las caídas y sus complicaciones.
DOLOR.
El sentido del dolor es imprescindible para la supervivencia humana porque mantiene la homeostasis de muchas funciones vitales.
La percepción del dolor puede ser influida por múltiples factores como: la motivación, las emociones, las creencias, la experiencia previa, la atención prestada al estímulo doloroso, la personalidad, el status socioeconómico, la procedencia étnica, las diferencias en el tipo de estímulo doloroso, las situaciones...
No se ha podido demostrar con certeza si la sensibilidad al dolor aumenta o disminuye cuando envejecemos.
EQUILIBRIO.
El sistema vestibular proporciona información sobre la posición de la cabeza, lo que permite detectar la cantidad y dirección del movimiento corporal cuando envejecemos. Se produce una experiencia de vértigo y de pérdida de la capacidad para mantener el equilibrio mientras se camina o estando de pie que puede deberse a una pérdida de células sensoriales en las estructuras vestibulares.
Al faltarnos el equilibrio más fácilmente o sufrir de vértigos pueden darse con mayor frecuencia caídas cuando somos viejos. Ante esto debemos utilizar en nuestros desplazamientos ayudas técnicas como bastones o pasamanos en los corredores o pasillos por ejemplo
   
Autor: Martín Milagros A.A.V.V. (1994) Envejecimiento y psicología de la salud. Siglo XXI de España Editores. S.A. Madrid. A.A.V.V.(1997) Guía sociosanitaria para personas mayores. Fundación Matia. San Sebastián. BERMEJO GARCIA, L. (1993) Hogar, dulce hogar. Como mejorar su vivienda haciéndola más sana y segura. Editorial Popular. Madrid. CAPELLI, M.P.; DRAGUI, V.B. (2001) Aprendizaje y vejez. Cuestionando mitos. Revista electrónica Tiempo nº 8 agosto. http://www.psiconet.com/tiempo COSTA, M.; LOPEZ, E. (1986) Salud comunitaria. Ediciones Martínez Roca. Barcelona. CONDE SALAS, J.L. (2001) Vivir la vejez positivamente. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento. Lectura complementaria. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2001) ¿Es útil aprender a envejecer?. La educación para el envejecimiento. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento, clase 3 http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2001) El proceso de envejecimiento. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento, clase 4 y 5. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2001) Cambios psicológicos y sociales. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento, clases 6 y 7. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2000) identidad y Autoestima en los Adultos Mayores. Revista electrónica Tiempo nº 5 junio. http://www.psiconet.com/tiempo MONCHIETTI, A.; KRZEMIEN, D. (2000) Participación social y estilo de vida. Su relación con la calidad de vida en la vejez. Revista electrónica Tiempo nº 6 noviembre. http://www.psiconet.com/tiempo MURRAY PARKES, C. (1999) Duelo y salud mental en la vejez. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento. Lectura complementaria. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion localizado en Revista del Climaterio 1999; 1 (5) (noviembre-diciembre) 225- 231 Fuente original :Bereavement and mental health in the elderly. Reviews in Clinical Gerontology 1997, 7 (1) 47-53 PEREZ FERNÁNDEZ, R. (1998) Sobre los derechos de las personas de edad. Seminario Temas de Psicogerontologia II clase 17. http://www.psiconet.com/seminarios POSADA F. Beneficios y sentido de la formación en la vejez. Seminario Temas de Psicogerontología II clase 185. http://www.psiconet.com/seminarios RODRÍGUEZ ESTRADA, M; PELLICER DE FLORES, G.; DOMÍNGUEZ EYSSAUTIER, M. (1988) Autoestima: Clave del éxito personal. Editorial El Manual Moderno S.A. de C.V. México. RUBIO HERRERA, R., DOSIL, A. (1994) Desarrollo de la inteligencia en la vejez. Cap 26 pags. 463 – 475 En: BERMEJO V. (1994) Desarrollo cognitivo. Editorial Síntesis. Psicología. Madrid. VARGAS, J.H. (2001) La formación de la ciudadanía emancipada de adultos mayores. Revista electrónica Tiempo nº 7 abril. http://www.psiconet.com/tiempo VARGAS, J.H. (2001) La participación social de los adultos mayores. Una práctica de la libertad cotidiana. Revista electrónica Tiempo nº 8 agosto. http://www.psiconet.com/tiempo VEGA VEGA, J.L.; BUENO, B. (1995) Desarrollo adulto y envejecimiento. Editorial Síntesis. Madrid. TAMER, E. V. (2000) Nutrición y calidad de vida: una simbiosis de importancia en el adulto mayor. Revista electrónica Tiempo nº 5 junio. http://www.psiconet.com/tiempo Montevideo 12 de noviembre del 2001. Elaborada por Milagros Martín Guerra. Psicogerontóloga. Actualmente no ejerzo. Montev
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