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NOTAS
Aspectos Psicoafectivos
 






   
Envejecimiento y cambios psicológicos
 
       
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Cambios en la percepción.
Los procesos perceptivos, referidos a la percepción auditiva y visual se enlentecen en el envejecimiento.
PERCEPCIÓN VISUAL.
Velocidad de procesamiento.
Procesamos la información más lentamente de lo que lo hacíamos en nuestra juventud (tanto en el ritmo como en la latencia con la que se inician el procesamiento).
Comportamiento de búsqueda visual.
Cada vez somos menos capaces de ignorar la información irrelevante o redundante. En aquellas tareas que realizamos a diario y casi automáticamente no se nota, pero si en aquellas que son nuevas para nosotros o que requieren más tiempo para controlarlas.
Percepción de profundidad.
La profundidad la notamos a través de la superposición de dos imágenes: una en la que intervienen señales que se captan independientemente por ambos ojos, y otra en la que necesitamos de la imagen que nos envían los dos ojos a la vez.
Empieza a deteriorarse entre los 40 y 50 años.
Algunos investigadores piensan que esta influida por la menor cantidad de luz que llega a la retina, y otros piensan que es por el deterioro de las células del córtex visual.
Organización perceptiva.
Aparecen dificultades a la hora de conseguir percepciones organizadas de los estímulos ambiguos, incompletos, poco estructurados, irregulares o no familiares.
Flexibilidad perceptiva.
Vamos siendo menos flexibles en reorganizar o cambiar una percepción una vez que la hemos realizado.
Ilusiones geométricas.
Ante ilusiones geométricas (por ejemplo la de las dos flechas en la que una flecha tiene las puntas hacia fuera y la otra hacia dentro y tenemos que tratar de averiguar cual es más larga) en la vejez somos más susceptibles a verlas diferentes aún siendo iguales.
Dependencia de campo.
Implica que hacemos juicios muy influidos por el entorno circundante. La independencia de campo, que disminuye en el envejecimiento, implicaría lo contrario
PERCEPCIÓN AUDITIVA.
Pérdida de sensibilidad absoluta a los tonos puros.
Es mayor en las mujeres que en los hombres. Sin embargo, a medida que envejecemos somos más precavidos al dar una respuesta, no estamos familiarizados con la pregunta... En una conversación por ejemplo hay bastantes diferencias entre la percepción de una consonante y de una vocal y en la intensidad de las mismas no se han demostrado claras diferencias para la edad.
Enmascaramiento auditivo.
Supone que un sonido puede ser oscurecido o hacerse inaudible por otros sonidos.
Cuando escuchamos a alguien no suele ser generalmente bajo condiciones ideales de escucha y por lo tanto, la incapacidad para descodificar sonidos cuando hay ecos, gran velocidad o interrupciones progresivas aumenta. En el envejecimiento los principales déficits auditivos se deben a que percibimos bajo condiciones de enmascaramiento.
Cambios en la ejecución psicomotora.
Se da un enlentecimiento en dicha ejecución, pero no se puede unir a un déficit específico, pues son muchos los mecanismos que están implicados.
Tiempo de movimiento.
Es el intervalo de tiempo que transcurre entre el inicio y la terminación del movimiento y aumenta a medida que envejecemos.
Aparecen discapacidades para subir escaleras, correr, a partir de los 55 años pueden afectar también a actividades como alcanzar objetos, agarrarlos, poderse estirar, agacharse para recogerlos...
Fuerza muscular.
Es la máxima fuerza o tensión generadas por un músculo cuando realiza su contracción máxima y disminuye con la edad. por un deterioro de la masa muscular provocado por una disminución en el tamaño y en el número de fibras musculares. Las disminuciones están relacionadas también con el tipo de actividad que realizamos y el número de músculos que participan.
Si la persona se mantiene activa los cambios son más pequeños y se puede decir que a un nivel preventivo un aumento de la actividad física con suficiente intensidad, duración y frecuencia debilita el proceso de discapacidad
Como implicaciones para nuestra vida diaria debemos tener en cuenta que mantenernos en buena forma física puede ayudar a prevenir discapacidades y mantener nuestra fuerza y tono muscular.
En la ejecución psicomotora están implicados también aspectos como la atención, el aprendizaje, la memoria, el lenguaje y la inteligencia que abordaré a continuación.
Inteligencia.
Existen diferentes puntos de vista entre investigadores dependiendo del material evaluativo utilizado para medir dicha función, pero en líneas generales hay que precisar que los resultados que se obtienen están en función de la familiaridad, del grado de dificultad, del esfuerzo y la velocidad del material evaluativo.
Sobre la base del WAIS Albert y Heaton (1986) pudieron establecer que durante el envejecimento existe una mayor dificultad en las pruebas manipulativas que en las verbales, posiblemente facilitadas estas últimas por el aprendizaje y las habilidades verbales adquiridas y consolidadas a lo largo de las diferentes etapas evolutivas del ser humano.
Botwinick (1977) sostenía que las tareas verbales del WAIS se relacionaban con la utilización de la información almacenada en la memoria y refrescada por el vivir diario, de ahí que las personas mayores obtuvieran un mayor éxito en este tipo de pruebas y las manipulativas le suponían enfrentarse a materiales novedosos, no familiares y a menudo complejos para ellos.
Horn (1982) sostiene que la inteligencia cristalizada (la que es producto del aprendizaje) se mantenía en el envejecimiento, mientras que se deterioraba la inteligencia fluida.
Bajo mi punto de vista la inteligencia es una función psíquica multifactorial en la que existen factores que mejoran con la edad y por lo tanto en el envejecimiento como la inteligencia cristalizada, es decir, la comprensión verbal y el razonamiento aritmético y otros factores como la inteligencia fluida es decir, la capacidad perceptual, razonamiento inductivo y simbolización que disminuyen con la edad. Además entran en juego las diferencias individuales derivadas de las trayectorias profesionales, sociales, familiares... que generan diferentes experiencias de vida e inciden en distintas habilidades. Igualmente influyen los factores genéticos y los ambientales.
El tener todo esto en cuenta nos lleva a trabajar más unos aspectos que otros para ralentizar el proceso de perdida de estas capacidades y habilidades.
Lenguaje.
La creencia de que las habilidades verbales se preservaban en el envejecimiento motivo que dicha área del funcionamiento cognitivo no suscitará durante mucho tiempo el interés de los investigadores.
Conviene precisar a la hora de hablar sobre el lenguaje, que entendemos por fonología, léxico, semántica y sintaxis.
Fonología se refiere a la capacidad de utilizar y combinar los diferentes sonidos del lenguaje. Durante el envejecimiento esa capacidad queda preservada.
Cuando representamos un objeto dándole un nombre convencional estamos utilizando la capacidad del léxico, la cual la adquirimos a través de la lengua. Salvo la velocidad de respuesta no existen diferencias cualitativas en dicha capacidad durante el envejecimiento.
La representación semántica de una palabra se refiere al mismo significado de esa palabra. Cuando envejecemos aparecen dificultades en lo referente a los aspectos como la evocación de palabras y la fluidez verbal.
La sintaxis se refiere a la capacidad de combinar palabras para que adquieran un significado. No aparecen efectos en función de una mayor edad, las estructuras complicadas lo son tanto para los jóvenes como para los mayores.
Se podría decir pues que los cambios que ocurren en el lenguaje durante el proceso de envejecimiento se reducen a la dificultad en la denominación o evocación de palabras y en una reducción de la fluidez verbal, y aspectos como el vocabulario o la expresión verbal mejoran en este proceso por las experiencias acumuladas.
La preservación del lenguaje nos está dando pautas de que el proceso de envejecimiento es normal, se adecua a lo esperado
Memoria.
Son múltiples las quejas subjetivas que refieren los adultos mayores con respecto al funcionamiento de su memoria, de ahí que esta área del funcionamiento cognitivo haya sido la más estudiada.
De hecho procesos degenerativos como la demencia senil se manifiestan con alteraciones de memoria en sus inicios, pero hay que precisar que algunos aspectos de la memoria se deterioran con el paso de los años, pero no todos por igual ni en todas las personas.
La memoria es un proceso cognitivo que permite al individuo almacenar experiencias y percepciones que luego puede recordar en situaciones posteriores.
Comprende tres niveles o estadios que interactúan entre sí:
Memoria sensorial.
Representa la primera fase en el procesamiento de la información que realizamos dependiendo de modalidades sensoriales. En dicha memoria la información no permanece mucho tiempo, tan solo unos segundos, pero si es procesada adecuadamente la información pasa a la siguiente memoria.
En ella influyen los cambios sensoriales y perceptivos mencionados anteriormente, pero no tiene propiamente cambios importantes que generen limitaciones en nuestro comportamiento cuando envejecemos aparte de que precisamos mayor tiempo para extraer la información o fijarla.
Memoria a corto plazo.
También llamada memoria primaria o memoria inmediata. La información es retenida tan solo durante algunos minutos a no ser que sea reactivada por nosotros.
A medida que envejecemos experimentamos dificultades para retener listas de dígitos en orden inverso especialmente. La latencia de respuesta, es decir, la rapidez con la que damos una respuesta a una tarea es también mayor precisando más tiempo para procesar la información y dándose en general un enlentecimiento en el proceso cognitivo de la información.
En nuestro rendimiento influye tanto el tipo de material presentado como la metodología que utilicemos a la hora de retener y aprender.
Memoria a largo plazo o memoria remota.
Puede almacenarse en ella una cantidad indeterminada de información durante largos periodos de tiempo.
La información la olvidamos en secuencia inversa al orden en que se aprende (ley de Ribot), por eso, cuando somos mayores tenemos mayores dificultades para recordar hechos recientes pero no aquellos que están anclados fuertemente en nuestra experiencia individual, como por ejemplo acontecimientos de nuestra niñez o juventud.
Basándonos en el tipo de contenidos que retenemos debemos distinguir entre la memoria referida a los hechos recientes y la referida a acontecimientos remotos.
Existe, además, una memoria declarativa y una memoria procedural. La primera es la resultante de considerar a la memoria como una base de datos, es nuestro conocimiento sobre el mundo y requeriría de un conocimiento o familiaridad con los datos,. En ella, cuando envejecemos podemos tener más dificultades para encontrar palabras en discursos espontáneos o veremos como disminuye nuestra fluidez verbal. La memoria procedural es la referida a la codificación de operaciones de los procedimientos y que implica saber como llevar a cabo una tarea determinada, muy practicada y por lo tanto, automática. Esta memoria procedural no es afectada en el envejecimiento normal.
Debemos finalmente distinguir entre la memoria explicita y la implícita. La primera es la que requiere la intención de recordar y hacerlo. En la segunda no experimentaríamos esa conciencia de que queremos recordar. En ambas no hay cambios en el envejecimiento.
A medida que envejecemos nos es más difícil recordar hechos recientes, pero en la medida en que utilizamos pistas se puede lograr el recuerdo de dicha información. Tenemos dificultades a la hora de planificar estrategias de memorización, repercutiendo en la cantidad de información que podemos retener y posteriormente evocar.
La capacidad para distinguir entre recuerdos percibios (más ricos en detalles) y generados (más esquemáticos) disminuye cuando envejecemos y aumenta la probabilidad de cometer errores de confusión.
Nuestro rendimiento memorístico se ve afectado por diversos factores:
1.- Familiaridad de los materiales o tareas a realizar.
2.- Experiencia.
3.- Salud física o mental. Cuando se experimentan deterioros en ambas nos resulta más difícil aprender o recordar lo fijado. Los estados de ansiedad o depresión pueden dificultar nuestro funcionamiento. La ansiedad lleva a que nos preocupemos y centremos en nosotros mismos en lugar de en la tarea a realizar, con lo cual, al retirarse la atención de la misma disminuye nuestro rendimiento. La depresión puede operar de forma indirecta, es decir, cuando nos deprimimos nos preocupamos más por los lapsus de memoria que experimentamos y nos quejamos más de ellos, provocando que esta mayor atención en ellos pueda conducir a declives reales.
4.- La tendencia a la polimedicación, unido a que hay un cambio en los niveles de metabolización de los mismos, lleva a que la administración de tranquilizantes como el diazepan alteren el funcionamiento de la memoria.
5.- El uso de alcohol afecta al sistema nervioso y daña la memoria.
6.- Se produce una disminución de los niveles de motivación cuando envejecemos.
7.- La precaución genera que los errores que cometemos son más por omisión que por respuestas erróneas realmente.
8.- La estructura social a través de los estereotipos trata de que nos conformemos con las expectativas y roles que la sociedad tiene sobre nosotros cuando envejecemos.
En resumen, podríamos decir que la memoria que se altera en el proceso de envejecimiento es la memoria procedural y la memoria episódica, manteniéndose estable la memoria semántica.
Existen diferentes opiniones con respecto a la posibilidad de que las personas mayores tengan dificultades para recordar localizaciones espaciales de los objetos.
Para Tubi y Calev (1989) existiría déficit de memoria verbal-visoespacial en las personas mayores, comportándose peor en pruebas visoespaciales que en verbales (asimetría del deterioro), lo cual es atribuible a dos posibles causas. La primera plantea que los cambios asociados con el envejecimiento aparecen más rápidamente en el hemisferio derecho que en el izquierdo. La segunda causa se refiere a que aumenta la practica del material verbal a medida que aumenta la edad y decrece la de material de tipo visoespacial.
Ante todo esto no podríamos dejar de preguntarnos ¿por qué se producen tales cambios en la memoria de las personas mayores?.
Craik (1977) sostenía que la adquisición de la memoria a corto plazo dependía de factores como la organización del material a recordar o a almacenar.
Rabinowitz y Ackerman (1982) plantean que los ancianos codifican el material de forma más general, en términos de características semánticas globales y como consecuencia de esto tienen mayor dificultad en integrar relaciones nuevas y una mayor desvinculación con el contexto.
Houx et al. (1991) pensaban que los déficits que tradicionalmente han sido atribuidos al envejecimiento normal pueden surgir de la existencia de factores de riesgo no controlados (hipertensión, diabetes...) que influyen.
Bolla et al., (1991), refieren que las quejas de memoria de las personas de edad están relacionadas con el estado de ánimo más que con la ejecución real de las pruebas evaluativas y a mayor nivel intelectual de la persona las quejas son menores.
Rabbitt (1991) sostiene que el ser optimista con respecto al rendimiento de la propia memoria depende de factores emocionales y de personalidad más que de la edad cronológica.
En mi modesta opinión los déficits en el funcionamiento de la memoria en personas mayores son debidos a que tenemos déficits en la planificación de estrategias a la hora de almacenar y recuperar la información. Posteriormente a la adquisición de estrategias memorísticas y a la familiaridad con los materiales a utilizar, aparte de la similitud con sus actividades diarias el rendimiento de las personas mayores en lo referente a tareas memorísticas mejora.
Atención.
Es la energía o la capacidad necesaria para apoyar el procesamiento cognitivo.
Existen cuatro tipos de atención:
Atención sostenida.
También llamada vigilancia, es la atención que utilizamos en una tarea cuando la realizamos a lo largo de un tiempo.
Cuando envejecemos nos distraemos con más facilidad en las tareas que implican el uso de esta atención y por lo tanto, no podemos darnos cuenta con igual facilidad que antes de cual es nuestro objetivo.
Atención dividida.
La utilizamos cuando realizamos dos tareas a la vez. Cuando las tareas a realizar son simples, como indicar si un objeto está presente o no en alguna representación no hay cambios en el proceso de envejecimiento con respecto a otras etapas de nuestra vida, si se presentan dificultades cuando las tareas son complejas.
Atención selectiva.
La empleamos por ejemplo cuando debemos seleccionar señales de un conjunto de estímulos. Si la tarea a realizar es irrelevante y sencilla no experimentamos grandes dificultades cuando envejecemos.
En mi opinión la atención que prestamos cuando somos viejos depende de lo motivados o estimulados que estemos hacia la tarea o suceso al que debemos prestar atención. Si es algo que nos interesa indudablemente le prestaremos toda la atención de la que seamos capaces.
Aprendizaje.
En general el aprendizaje puede ser definido como la adquisición de asociaciones estimulo – respuesta.
En el aprendizaje verbal si existe un declive claro a partir de los 60 años pero existen diferencias interindividuales que nos impiden fijar una línea en dicho declive. Si logramos organizar el material a aprender en categorías y espaciarlo en el tiempo logramos mejorar nuestro rendimiento en la capacidad de aprendizaje.
A medida que envejecemos mejora sustancialmente nuestra ejecución en razonamiento, resolución de problemas y otras habilidades cognitivas complejas.
Cambia nuestro ritmo de aprendizaje pero mantenemos nuestra capacidad para adquirir nuevos aprendizajes. Indudablemente la metodología de aprendizaje que utilicemos influye, no podemos utilizar la misma que se utiliza con los jóvenes. La metodología que utilicemos en esta etapa debe estar basada en enfoques de aprendizaje de adultos y adaptada a las circunstancias con la finalidad de lograr una mejor fijación de las asociaciones estimulo – respuesta.
Para mejorar la capacidad de aprendizaje cuando somos viejos debemos seguir una serie de pautas:
• Darnos más tiempo para aprender, lo cual nos va a permitir organizar, buscar y recuperar la información.
• Compensar determinadas deficiencias sensoriales y perceptivas a través de técnicas auxiliares como por ejemplo material audiovisual.
• Establecer un ambiente de aprendizaje positivo, en el que nos encontremos estimulados para usar ayudas didácticas y metodológicas.
• No darle mucha importancia a si al principio no recordamos lo aprendido.
• No encontrarnos muy ansiosos o fatigados a la hora de aprender.
• Entender las instrucciones que se dan perfectamente o preguntar en caso de dudas.
Tal como apunta Rubio Herrera R. Podemos desarrollar nuestro potencial de aprendizaje en esta etapa de nuestra vida fundamentalmente en dos áreas:
• Las habilidades intelectuales como la interacción social y la sabiduría.
• Las habilidades relacionadas con aspectos del sistema de conocimiento y experiencia que pueden verse facilitadas por el medio ambiente en el que nos desenvolvemos y sus demandas hacia nosotros.
   
Autor: Martín Milagros A.A.V.V. (1994) Envejecimiento y psicología de la salud. Siglo XXI de España Editores. S.A. Madrid. A.A.V.V.(1997) Guía sociosanitaria para personas mayores. Fundación Matia. San Sebastián. BERMEJO GARCIA, L. (1993) Hogar, dulce hogar. Como mejorar su vivienda haciéndola más sana y segura. Editorial Popular. Madrid. CAPELLI, M.P.; DRAGUI, V.B. (2001) Aprendizaje y vejez. Cuestionando mitos. Revista electrónica Tiempo nº 8 agosto. http://www.psiconet.com/tiempo COSTA, M.; LOPEZ, E. (1986) Salud comunitaria. Ediciones Martínez Roca. Barcelona. CONDE SALAS, J.L. (2001) Vivir la vejez positivamente. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento. Lectura complementaria. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2001) ¿Es útil aprender a envejecer?. La educación para el envejecimiento. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento, clase 3 http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2001) El proceso de envejecimiento. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento, clase 4 y 5. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2001) Cambios psicológicos y sociales. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento, clases 6 y 7. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion G. de VIGUERA, V. (2000) identidad y Autoestima en los Adultos Mayores. Revista electrónica Tiempo nº 5 junio. http://www.psiconet.com/tiempo MONCHIETTI, A.; KRZEMIEN, D. (2000) Participación social y estilo de vida. Su relación con la calidad de vida en la vejez. Revista electrónica Tiempo nº 6 noviembre. http://www.psiconet.com/tiempo MURRAY PARKES, C. (1999) Duelo y salud mental en la vejez. Primer Curso Virtual de Educación para el Envejecimiento. Lectura complementaria. http://www.psiconet.com/tiempo/educacion localizado en Revista del Climaterio 1999; 1 (5) (noviembre-diciembre) 225- 231 Fuente original :Bereavement and mental health in the elderly. Reviews in Clinical Gerontology 1997, 7 (1) 47-53 PEREZ FERNÁNDEZ, R. (1998) Sobre los derechos de las personas de edad. Seminario Temas de Psicogerontologia II clase 17. http://www.psiconet.com/seminarios POSADA F. Beneficios y sentido de la formación en la vejez. Seminario Temas de Psicogerontología II clase 185. http://www.psiconet.com/seminarios RODRÍGUEZ ESTRADA, M; PELLICER DE FLORES, G.; DOMÍNGUEZ EYSSAUTIER, M. (1988) Autoestima: Clave del éxito personal. Editorial El Manual Moderno S.A. de C.V. México. RUBIO HERRERA, R., DOSIL, A. (1994) Desarrollo de la inteligencia en la vejez. Cap 26 pags. 463 – 475 En: BERMEJO V. (1994) Desarrollo cognitivo. Editorial Síntesis. Psicología. Madrid. VARGAS, J.H. (2001) La formación de la ciudadanía emancipada de adultos mayores. Revista electrónica Tiempo nº 7 abril. http://www.psiconet.com/tiempo VARGAS, J.H. (2001) La participación social de los adultos mayores. Una práctica de la libertad cotidiana. Revista electrónica Tiempo nº 8 agosto. http://www.psiconet.com/tiempo VEGA VEGA, J.L.; BUENO, B. (1995) Desarrollo adulto y envejecimiento. Editorial Síntesis. Madrid. TAMER, E. V. (2000) Nutrición y calidad de vida: una simbiosis de importancia en el adulto mayor. Revista electrónica Tiempo nº 5 junio. http://www.psiconet.com/tiempo Montevideo 12 de noviembre del 2001. Elaborada por Milagros Martín Guerra. Psicogerontóloga. Actualmente no ejerzo. Montev
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