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NOTAS
Psicogerontología
 






   
Cambios psicológicos y sociales en la vejez
 
       
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Cambios psicológicos y sociales en la vejez
Trabajo monográfico para el
Curso Virtual Educación para el Envejecimiento
Esther Julia Esponosa Salazar
ejespin@telesat.com.co
El principal problema de las personas de edad es siempre el mismo en cualquier lugar del mundo: vivir el máximo tiempo posible, pero conservando en el seno de la colectividad los roles que le dan sentido a la vida de la persona. Es decir, el deseo es, en todas partes vivir mientras la vida valga más que la muerte, y esta valoración está intrínsicamente relacionada con las formas de vida y el ethos de cada grupo. El ser humano no puede pensarse así mismo si no lo es como miembro de una colectividad que constituye su grupo de referencia y su grupo de pertenencia.
Podríamos convenir que una vida con sentido es una vida que en principio tiene determinadas necesidades básicas satisfechas entre ellas las llamadas necesidades sociales. Las tres necesidades sociales básicas son: pertenencia a un grupo, de estar integrado en el mismo y de identificarse con él. En términos generales contamos, que en todo el mundo se quiere seguir vivo mientras estas necesidades reciben satisfacción (además de las directamente biológicas: comida, protección etc).
Establecidas estas premisas, aparece inmediatamente la primera cuestión: De que forma puede una sociedad asegurar a los adultos mayores que pueden vivir el máximo tiempo posible manteniéndose integrados en la colectividad? Como dar sentido a su vida?. Se les mantiene sanos y vivos permitiendo que tengan acceso directo a la medicina, incluso hay centros médicos especializados en geriatría y sin embargo, se les tiene en un estado de marginación propia de los colectivos anónimos. Por otra parte, podemos afirmar que, cuando la sociedad les dedica una atención especial existe una causa de utilitarismo directo, claro o implícito: en las campañas electorales por ejemplo, o si están próximos a la muerte y se espera una herencia, o si se espera que consuman determinados productos.
Esta misma actitud de doble dirección hacia la ancianidad se descubre en cualquier contexto social y cultural bajo diversas formas, pues los hechos biológicos, esenciales son los mismos. Como afirma Simone de Beauvoir en su magnífico y extenso estudio sobre la ancianidad, "para cada individuo la vejez comporta una degradación que él teme (Beauvoir, 1988, 51 ss.) La actitud más inmediata y simple es negar la vejez porque es sinónimo de enfermedades, dolor, pérdidas de fuerzas, impotencia, fealdad... y la reacción en contra de estos atributos subsiste a pesar de que las costumbres culturales la repriman.
A medida que envejecen, las personas se vuelven más lentas, tanto biológica como psicológicamente. Los sistemas orgánicos funcionan con una capacidad reducida, se observa una velocidad de respuesta más lenta y, a nivel social, el ritmo de las actividades disminuyen.
No deja de causar sorpresa el cambio de actividad social y psicológica con la edad. Hay quienes afirman que el hecho de apartarse de la sociedad es normal y adaptativo; hay quienes manifiestan que no es más que el resultado de las barreras sociales y físicas y que el envejecimiento óptimo supone el mantenimiento de los niveles de actividad social en la edad avanzada.


Los años no pasan en vano


El momento en que nos damos cuenta del envejecimiento se ve más frecuentemente acentuado por encuentros específicos con el mundo exterior. Esto generalmente ocurre en forma de cambios importantes en las situaciones de la vida, que la persona nunca antes ha experimentado. Estos encuentros también pueden ser tan breves e íntimos como ver la imagen reflejada en algún espejo. De maneras obvias o sutíles, públicas o privadas, el individuo recuerda que la vida no es totalmente como solía ser.
El pasado es un recurso natural de la persona que ha tenido una larga vida de experiencias variadas. Algunas, sin embargo, muestran una mayor capacidad para valerse de su propia vida pasada a fin de darle más valor a su vejez.
Puede resultar muy satisfactorio compartir con una persona mayor sus reflexiones sobre el pasado. Directa o indirectamente, también forma parte de nuestra historia. Aparte de los datos que podemos obtener, hace más profunda nuestra comprensión de las experiencias de la vida. Junto con el adulto mayor, sentimos la transformación desde niño hasta joven y adulto, y más allá. Así cada adulto mayor que nos hace partícipes de sus pensamientos y sentimientos,
constituye un texto único sobre el desarrollo humano y el envejecimiento. Cuando manifestamos interés por el pasado de un adulto mayor, podemos ayudarlo de varias forma. La oportunidad de sacar a relucir sus experiencias le facilita el desarrollo de una perspectiva renovada de ella. El proceso de hablar acerca de su pasado con otra persona le permite ser más objetivo: le permite retroceder y mirar con nuevos ojos las experiencias que han estado cercanas a él. Parte de la desilución y el resentimiento que pueden haber influido en su punto de vista acerca de su pasado puede llevar a cabo no sólo a un evaluación más positiva del pasado, sino también a una actitud confiada hacia el presente y el futuro. Puede resultar más fácil asumir una actitud positiva acerca de uno de los logros si se tiene a alguien a la mano para que los confirme.
No existe una restricción de edad para volverse hacia el pasado en busca de ayuda para enfrentarse a los retos del presente y del futuro. Parte del aparente uso excesivo del pasado, mostrado por ciertos adultos mayores, se relaciona con la reducida oportunidad que se les presenta de compartir sus experiencias con todos, así como los escasos estímulos y oportunidades que se les presentan en el ambiente actual.
A pesar de esta preocupación por el pasado, el futuro resulta interesante para muchas personas de edad avanzada, así como el pasado para muchos jóvenes. Las investigaciones realizadas con adultos mayores indican que los sueños despiertos más típicos se centran alrededor de tareas y retos prácticos, y esto se cumple tanto en los adultos mayores como para los jóvenes. Los adultos mayores no se entierran en el pasado ni apartan sus ojos del futuro.
El resultado del repaso de la vida de un adulto mayor no está garantizado de ninguna manera. Como todas las otras forma de utilización del pasado, puede tener resultados positivos o negativos. Si el individuo es muy exigente consigo mismo, ve su vida como una cadena de fallas y de oportunidades perdidas. Vive con base en sus deficiencias como niños, como esposo, como padre y quizá se considera culpable de una trasgresión moral que no ha sido rectificada o perdonada. Un veredicto negativo, acerca de la clase de vida que ha llevado, puede agudizar su preocupación por la muerte. Puede sentir que no puede ir a la tumba sin antes rehacer en alguna forma, o deshacer, las acciones más inaceptables de su pasado.
Al mismo tiempo puede sentirse incapaz para enmendar sus fallas y encarar la perspectiva de la muerte, ( y también quizás la vida del más allá) con temor. El mismo juicio exigente acerca de su vida puede llevarlo a buscar la muerte: puesto que una persona de tan poco valor, ¿ para qué seguir viviendo?
Las pérdidas asociadas al proceso de envejecimiento crean para el individuo un campo de experiencias que son agresión a su identidad personal, tanto desde el punto de vista de autoimagen como de la autoestima. No se trata solamente de las pérdidas más dramáticas, como la repentina pérdida de la salud, la jubilación obligada o el ingreso en una institución asistencial. Lo más frecuente es que se trate de pequeños incidentes dispersos al filo de la vida cotidiana; incidentes que pueden ser mínimos en ellos mismos, pero que son repetitivos y tendientes todos a transmitir el mismo mensaje al individuo: vas disminuyéndote, eres menos que antes.
Por el contrario, una favorable revisión de la vida prepara el camino para una actitud más serena ante la muerte. Cuando una persona es capaz de aceptar todo el esquema de su vida con ecuanimidad, puede relajarse y disfrutar de los días que le quedan. La muerte puede ser considerada el fin natural, poco temible, de una existencia valiosa.
La conciencia del envejecimiento algunas veces hace perder la confianza que la persona tiene de sí misma. Años atrás, como adolescentes, pudo haber sentido una urgente necesidad de afirmarse ante sí mismo y ante los demás, Ahora surge de nuevo esta necesidad, aún cuando las circunstancias son diferentes. En un esfuerzo por apuntalar su seguridad, el adulto mayor recurrirá frecuentemente a su pasado. Tratará de reafirmarse con el pensamiento: "He hecho esto toda mi vida, desde luego que puedo hacerlo otra vez!. Las personas me han respetado, porqué iban a dejar de hacerlo ahora?". Se reviven en la mente momentos de triunfo y se revisan los logros. Si el proceso de validación tiene éxito, entonces el individuo habrá renovado la fe en su propia capacidad. Esta confianza le ayudará a seguir adelante y a continuar demostrando su competencia.
Pero el proceso de reafirmación no siempre tiene éxito. Pueden venir a lo mente momentos de fracaso; las limitaciones y la pesadumbre pueden resultar con más fuerza que los logros positivos. La persona puede permanecer pérdida y desconsolada en medio de las ruinas. Es posible que desaparezca la confianza y la motivación necesaria para seguir adelante en la vida.
De manera similar, los prejuicios en contra de las personas mayores pueden hacer que otras nieguen que éstas todavía tienen una alta capacidad, aún cuando para ellas mismas haya quedado claramente manifestada. Unas cuantas experiencias humillantes y destructivas son suficientes para convencer a algunas personas de que no valen como ciudadanos de primera clase, y de que ni siquiera vale la pena darse ánimo con hazañas ocurridas en su fructífero pasado.
Esto es lo que ocurre la mayoría de las veces cuando los adultos mayores viven su retiro como una jubilación social, Experimentan como un sentimiento de distanciamiento en relación con la corriente de la vida de su propio grupo de pertenencia. Este empobrecimiento del contacto con el entorno se traduce en un empobrecimiento del tiempo que tiene para disfrutarlo. Privados de estímulos adecuados, los adultos mayores tienen la impresión de que el tiempo es largo, que transcurre a un ritmo mucho más lento.
El esparcimiento es tan necesario en la época de la vejez como en las anteriores. Pero la diversión no tiene en sí misma un valor de estímulo: lo que le confiere valor de tal es la significación subjetiva que puede tener para el adulto mayor. En una vida ya llena de actividades intensas, el esparcimiento aporta un equilibrio saludable entre la tensión y la distensión. Participa entonces en la plenitud del conjunto de esta vida y del valor de estímulo que de ello se deriva. El esparcimiento pueda corresponder también a un sentimiento real de plenitud cuando facilita la expresión creadora de la persona o la obtención de objetivos necesarios a la expansión.
La jubilación social de los adultos mayores lleva directamente a la soledad por el hecho de afectar a su comunidad de experiencias con los miembros de su grupo de pertenencia. Siendo como extranjeros en la sociedad donde viven, sin comunidad de experiencias con los demás, sólo la tienen a ella. Por esto no se sienten auténticamente vivientes. Comprueban con amargura que la vida, más que la ausencia de la muerte, es en realidad la comunión con una corriente vital experimentada a través de un grupo de pertenencia. Se imaginan que después de un gran número de siglos, la humanidad podrá haber desaparecido de la faz de la tierra. Pero ell@s, solitarios, seguirán viviendo. Su destino les parece entonces intolerable: sin grupo de pertenencia, su soledad será absoluta.
Se habla mucho en gerontología, de la soledad de los adultos mayores; se llega a considerar, incluso, la soledad como uno de los principales problemas de la vejez. Sin embargo, cabe preguntarse por la especificidad de la soledad de la vejez. Actualmente, no son los adultos mayores los únicos que sufren de soledad. Como problemática específica, la soledad de los adultos mayores es un empobrecimiento de la calidad de sus relaciones sociales ocasionando la reducción de la comunidad de experiencias vitales con los suyos.
Todo lo anterior no debe contemplarse como un panorama sombrío. Los cambios psicológicos y sociales que suelen darse en la vejez, deben conllevar a asumir una actitud "positiva". No se trata de esperar un hecho dramático que les abra las puertas del más allá, sino de esforzarse. Es aquí donde quienes trasegamos en nuestro trabajo con los adultos mayores debemos contribuir para que ellos la asuman en forma positiva, en realidad para "escapar de aquellas situaciones nefastas", los adultos mayores no necesitan solamente de meras actividades, sino actividades que tengan un sentido para ellos, en cuanto que significan una forma real de pertenencia social, de participación en la corriente de la vida de un grupo que les resulta propio. Estar interesados es esencialmente un estado de espíritu, una manera de situarse en relación con el mundo. Puede ser que con la edad la aptitud de actuar disminuya, pero ¿por qué tendría que disminuir al mismo ritmo la aptitud de interesarse? "Nada impide afirma Cicerón (Cato maior de senectute, XVII y VII) que hasta en la vejez más extrema conservemos el interés por muchas cosas... El espíritu permanece despierto, con tal que se tenga interés por las cosas que uno hace". Hay incontables actividades y motivos de interés a disposición de los adultos mayores. La actividad y el interés por una o varias cosas son los ingredientes de una buena vida. Los adultos mayores que se sienten realmente
atraíd@s
por las cosas de su exterior, gentes, ideas, aficiones, siguen avanzando. Permanecen activos y animados hasta el fin, porque la novedad, los comienzos y las esperanzas reciben el constante impulso de su dinamismo.
Es a través de la Educación para el Envejecimiento donde se deben trazar las pautas que conlleven a que la vejez sea asumida por parte de este segmento de la población de manera distinta y dinámica..

Resumen
Aunque no hay retornos en la vida, y menos en la historia, mucho de lo perdido puede ser encontrando. Nuestros adultos mayores nos enseñan que incluso cuando se pierden algunas cosas, como la juventud,
l@s
compañer@s, también se encuentran otros dones, como el don del autoconocimiento.
Es tiempo de dejar atrás la idea que envejecer es sólo perder, y es tiempo de visionar y asumir las ganancias del conocimiento, la sabiduría, el humor. Es tiempo de recuperar el conocimiento, la celebración profunda, la alegría del saber, que viene no sólo de la tradición, sino también de sentir orgullo y un poder consciente. Es tiempo de integrarse, de conocerse. Es tiempo de que ser un adulto mayor sea un honor otra vez.

Bibliografia
DE BEAUVOIR Simone (1988): La Vejez. Editorial Hermes
CARTENSEN Laura, EDELSTEIN Barry A.(1991) Intervención Psicológica y Social. Editorial Martínez Roca.
CONDE Sala J. Vivir la vejez positivamente IICVP 2001
FERICGLA Josep. (1992): Envejecer. Editorial Anthropos
FROMME Allan. (1985): Más allá de los 60. Ediciones Grijalbo S.A:
FUSTINONI Oswaldo, PASSANATE Domingo (1990): La Tercera Edad. Editores La Prensa Médica Argentina
HAYFLICK Leonard. (1994): Cómo y por qué Envejecemos. Editorial Herder
LAFOREST Jacques. (1991): Introducción a la Gerontología. Editorial Herder
VIGUERA Virginia. Prejuicios, mitos e ideas erróneas acerca del envejecimiento y la vejez. Temas de psicogerontología

Edad: 49 años
Ocupación: Asistente Bienestar Universitario – Universidad Icesi
Grupo de apoyo profesional Hospital Geriátrico Ancianato San Miguel
Cali, Colombia
   
Autor: Esther Julia Esponosa Salazar
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