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La ideología del buen morir: el suicidio asistido de la función médica
 
       
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La ideología del buen morir:
el suicidio asistido de la función médica


Lic. Diana L. Braceras


El motor de la función médica es el deseo de curar, de preservar la vida y aliviar el sufrimiento. Mientras no decline su función, el médico estará implicado desde el diagnóstico hasta las últimas instancias de la vida del paciente. Esta responsabilidad se extiende a lo largo del tratamiento, de todas sus alternativas y aspectos intrínsecos: comunicaciones con el enfermo, sus familiares y otros profesionales involucrados en algún sesgo del caso (especialistas, interconsultas, segunda opinión, responsables de estudios complementarios, enfermería, prácticas de rehabilitación, psicólogos, cuidadores, etc.)
Sí, consecuentemente con la mayor expectativa de vida y de opciones terapéuticas, la práctica médica de alta complejidad requiere de un trabajo interdisciplinario, de un cuidadoso seguimiento caso por caso, controlando la dispersión y la rigurosidad de la información que se obtiene, para poder tomar decisiones lógicas, en tiempo y forma. En ello, va la vida.
Pero, en la Medicina globalizada está pasando algo similar a lo que se da en el campo del Derecho: ante la caída de la Ley, como referente de lo que se debe hacer o no, aparece la instrumentalización de instancias "remendonas" para forzar una salida más o menos bien intencionada, a los atolladeros del sistema. En el ámbito legal, las mediaciones; en lo médico, los cuidados paliativos.
Con un criterio bonachón se podría conceder: se ejerce tan mal la justicia como la medicina, por lo menos se trata de maneras de paliar... ¿paliar qué?
Si entendemos que un imperativo ético de toda práctica profesional debe ser: No prestarse a simulacros, no podemos ceder al sentimentalismo de las buenas intenciones y los modestos fines. Menos aún, aceptar que con el caballo de Troya de los Derechos Humanos, se introduzca la Eutanasia como paradigma de la libertad individual.
Analizando el emplazamiento actual del lenguaje médico o psicológico que livianamente con aires de "progre" se autodefine como ideología del "Buen Morir", la formación de sus adeptos, y fundamentalmente la promoción de una modalidad de derivación de pacientes por fuera del sistema curativo...no queda lugar para la ingenuidad. Tras el velo piadoso de la "atención integral al enfermo terminal y a su familia" aparece el lado oscuro de las mejores intenciones: el sostenimiento cómplice de la injusticia y la corrupción del sistema médico actual.
Básicamente, en este tiempo de hegemonía de la Economía de Mercado y en este lugar del tercer mundo con pretensiones de hacer los deberes del F.M.I. a cualquier costo, la idiología del "Buen Morir", cumple maravillosamente bien el servicio de asistente del suicidio masivo de la función propiamente médica:
1. Apoyando la transferencia ...de pacientes insolventes por fuera de los tratamientos curativos.
2. Ahorrando el sufrimiento... económico de los sistemas "por capitación", que con el eticamiento de "paciente terminal" se eximen de la obligación de brindar la prestación convenida.
3. Conteniendo los reclamos personales o jurídicos que pudieran hacer pacientes o familiares que llegan a estados incurables por impericia o negligencia médica.
4. Acompañando al equipo tratante a desentenderse de la responsabilidad que le cabe de asistir a su paciente en proceso de morir.
5. Anestesiando el registro de la muerte como límite a la omnipotencia del campo médico, la "tanatología"pasa a ser una nueva especialidad.
6. Colaborando activamente con el cumplimiento de las profesías de irreversibilidad del cuadro clínico, ya que catalogado de "terminal"el paciente no retorna a tratamientos curativos.
7. Ofertando la muerte como objeto de consumo, se puede adquirir a voluntad: ¿ Desea ud. mejor... morir? Tenemos un cóctel lítico buenísimo...
8. Aliviando al médico de las decisiones, controversias y disyuntivas que se plantean en el seguimiento del paciente grave o con riesgo vital, se reconvierte en balanceador de opiáceos y controlador de síntomas secundarios.
9. Consensuando prácticas que legitiman la aceptación a-crítica de los fines del sistema dominante, a partir de la evidencia de un mal a priori identificable: el encarnizamiento terapéutico vs. la agonía infinita.
10. Fortaleciendo dentro del campo médico estrategias clasificatorias propias del racismo: la portación de un rasgo constante e irreversible que decide irrevocablemente el destino del sujeto.

Este tipo de práctica impregnada de religiosidad y espíritu de cuerpo, a medio camino entre la iglesia y el ejército, no permite el trabajo entre diferentes disciplinas, ya que se autodefine como "variante del discurso médico", como "doctrina" y como "ideología". La confrontación de ideas es una amenaza para su unidad centrada en el consenso y el uso de instrumentos de medición según stándares internacionales de decidida extracción conductista, cuyo mayor mérito es su sencilla aplicación, adecuada a la escasa formación de la mayoría de los miembros.
Cuando se ha degradado la función médica, el paciente en calidad de objeto manipulable y sufriente, desesperanzado y cautivo de la voluntad de Otro (médicos, enfermeras, cuidadores, familiares, etc.), queda reducido a un deshecho indigno, su dolor será "intratable" y muy probablemente preferirá la muerte a continuar en ese estado de indefensión sin límite. La perversidad del sistema cierra el círculo ofreciéndole humanitariamente una "muerte digna". Si el sujeto de la medicina postmoderna defecciona de su deseo de curar, preservar y aliviar... ¿ en qué puede consistir entonces su práctica actual?
Tal vez...
• ¿ Funcionen como promotores free-lance de los laboratorios farmacéuticos?
• ¿ Colaboren con las empresas gerenciadoras de "Salud", para que sus cuentas cierren evitando prácticas costosas?
• ¿ Se constituyan en proveedores de pacientes para ser incluidos en protocolos de investigación a costa del sistema financiado por el estado, para su propio beneficio particular y de empresas transnacionales?

El desplazamiento de las pautas de funcionamiento del campo médico, es coherente con la legitimación de las organizaciones políticas actuales como estados técnicos administrativos, cuya razón de ser está asentada en la gestión económica que se reduce a que los cálculos cierren.
El paciente, como el habitante de estos estados, hoy tiende ha ser considerado esencialmente como "consumidor", según las variables económicas. Las categorías de Salud y Enfermedad entonces también resultan instituídas desde estas prácticas de Mercado. Hoy en día, hasta el diagnóstico de "enfermo terminal", es probable que devenga del campo de la Economía y no de la Ciencia médica según nuestra representación tradicional.
La asistencia "psico-social" acoplada a estas condiciones de funcionamiento también sufre una mutación esencial :
• Pone al servicio de esta ideología toda su influencia sugestiva, derivada de la relación cercana al paciente y el conocimiento de la conflictividad familiar.
• Aconseja, controla, censura y convence al "cliente" para que acepte las bondades del sistema y reconozca su falta de aceptación de la realidad.
• Se "adapta el paciente a la enfermedad" tanto como diversos segmentos teóricos a la doctrina totalizadora.
• Se difunde un "psicolenguaje" , collage de palabras que remitirían a conceptos psicoanalíticos (que se desconocen) combinadas con ideales de Psicologías del Yo, pasadas por el tamiz del "sentido común" y el espíritu humanista-religioso de la piedad.

En los términos que describimos la práctica actual, la opción no consiste en una tierna añoranza de los tiempos pasados.
De cara al futuro de la función propiamente médica, como de la implicación de toda práctica ética, el compromiso profesional es múltiple:
Combatir la ignorancia, que suele servir para justificarlo todo.
Rechazar la muletilla tan actual de "Y... no queda otra" , maniobra discursiva que desestima toda posibilidad de cambio o alternativa a las políticas dominantes.
Afirmar la capacidad de decir NO al conformismo que agitando las evidencias del sufrimiento propone estrategias de evasión.
Oponer al nihilismo posmoderno el trabajo creador, el pensamiento crítico y los proyectos autónomos.
¿No es acaso ésta la posición que dignifica la lucha por la vida?

   
Autor: Lic. Diana L. Braceras
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