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Aprendiendo a envejecer
 
       
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Aprendiendo a envejecer

Del Sociologo mexicano Joaquín Antonio Peñaloza
Cuidarás tu presentación todos los días. Viste bien.
Arréglate como si fueras a una fiesta. Qué más fiesta que la vida.
No te encerrarás en tu casa ni en tu habitación. Nada de jugar al enclaustrado o al preso voluntario. Saldrás a la calle y al campo de paseo.
El agua estancada se pudre y la máquina inmóvil se enmohece.
Amarás el ejercicio físico como a tí mismo. Un rato de gimnasia, una caminata razonable dentro o fuera de tu casa. Contra inercia, diligencia.
Evitarás actitudes y gestos de viejo derrumbado. La cabeza gacha, la espalda encorvada, los pies arrastrándose. No. Que la genete diga un piropo cuando pasas.
No hablarás de tu vejez ni te quejarás de tus achaques. Acabarás por creerte más viejo y más enfermo de lo que en realidad estás. Y te harán el vacío. Nadie quiere estar oyendo historias de hospital. Deja de autollamarte viejo y considerarte enfermo.
Cultivarás el optimismo por sobre todas las cosas. Al mal tiempo buena cara. Sé positivo en los juicios, de buen humor en las palabras, alegre de rostro, amable en los ademanes. Se tiene la edad que se ejerce. La vejez no es una cuestión de años, sino de estado de ánimo.
Trata de ser útil a ti mismo y a los demás. No eres un parásito ni una rama desgajada voluntariamente del árbol de la vida. Bástate hasta que sea posible y ayuda. Ayuda con una sonrisa, con un consejo, un servicio.
Trabajarás con tus manos y con tu mente. El trabajo es una terapia infalible.
Cualquier actitud laboral, intelectual, artística medicina para todos los males, la bendición del trabajo.
Mantendrás vivas y cordiales las relaciones humanas. Desde luego las que se anidan dentro del hogar, integrándose a todos los miembros de la familia. Ahí tienen la oportunidad de convivir con todas las edades, niños, jóvenes y adultos, el perfecto muestrario de la vida. Luego ensancharás tu corazón a los amigos, con tal que los amigos no sean exclusivamente viejos como tú. Huye del bazar de antigüedades.
No pensarás que todo tiempo pasado fue mejor. Deja de estar condenado a tu mundo maldiciendo tu momento. Alégrate de que entre las espinas florecen las rosas.
Positivo siempre, negativo jamás. El anciano debiera ser como la luna: un cuerpo opaco destinado a dar luz.
Teresita Catalano - tere_catalano@hotmail.com

   
Autor: Sociologo mexicano Joaquín Antonio Peñaloza
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