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NOTAS
Adulto Mayor y la Sociedad
 






   
El adulto mayor en la familia. Su relación con los más jóvenes
 
       
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Revista Cubana de Enfermería
ISSN 0864-0319 versión impresa


Rev Cubana Enfermer v.15 n.1 Ciudad de la Habana ene.-abr. 1999
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Como citar este artículo


Policlínico Comunitario Docente "Mario Muñoz Monroy". Vertientes
El adulto mayor en la familia. Su relación con los más jóvenes
Lic. Ismedy Martínez Sánchez,1 Enf. Yakelín Cardoso Vidal 2 y Dr. Henry Quintero Rodríguez 3
RESUMEN
Se realizó un estudio lineal prospectivo y descriptivo en áreas del local # 31 perteneciente al Policlínico Comunitario Docente "Mario Muñoz Monroy", en los meses comprendidos de enero a mayo de 1997. Para ello se encuestaron 200 personas, divididas equitativamente entre jóvenes y adultos mayores. Las encuestas aportaron datos acerca de la edad, el sexo, la ocupación y el nivel escolar. Todos los datos que logramos obtener se tabularon por método aleatorio simple. Se logra determinar además la satisfacción de los encuestados en sus relaciones interpersonales, destacándose la aceptación, la cooperación y la ayuda mutua. Se hace referencia a la imagen que los jóvenes y adultos mayores tienen de su familia y su interés de cooperación con ésta. Pudimos además conocer dónde piensan los jóvenes que son más necesarios los adultos mayores y dónde éstos a su vez piensan que son más útiles y necesarios los jóvenes.
Descriptores DeCS: RELACIONES INTERPERSONALES; FAMILIA; ENVEJECIMIENTO.
El envejecimiento individual ha estado presente como objeto de estudio en todas las etapas del desarrollo social y ha sido siempre de interés para la filosofía, el arte y la medicina. Sin embargo, durante el presente siglo asistimos a una situación singular: más y más personas sobrepasan las barreras cronológicas que el hombre ha delimitado como etapa de vejez; el envejecimiento poblacional se ha convertido hoy en un reto para las sociedades modernas.
Cuba es ya un ejemplo de país en desarrollo con un envejecimiento importante de su población. El 12 % de los cubanos tienen 60 años o más, cifra que aumentará según se estima a 13,4 % en el año 2000 y a 20,1 % en el 2025.
En términos relativos la proporción de adultos mayores en nuestra isla es superior a la del promedio de los países del Sur (subdesarrollados) 7 % para el 2000 y superior también al 10 % que tendrá el mundo para ese año.
Nuestro país dedica anualmente 1 399,3 millones de pesos en pensiones y 70,9 millones a la asistencia social, a pesar de lo severamente dañada que ha estado en los últimos años nuestra economía. Existen en el país 35 792 adultos mayores que reciben asistencia social y de éstos más del 9 % viven solos. El 71,5 % de la población adulta mayor que está internada en los 113 hogares de ancianos que ahora existen en el país, tienen incapacidades físicas o mentales y se calcula que aproximadamente el 22 % de los que viven en la comunidad tenga algún grado de discapacidad.1
Todo lo anterior, asociado con el poco valor de las formas tradicionales de medir salud en el adulto mayor y el porcentaje de necesidades reconocidas en los mismos, han determinado la necesidad de una evaluación más exacta de este grupo etáreo, tanto sociales como de salud, para darles respuestas adecuadas, teniendo en cuenta nuestra realidad y la experiencia internacional.1
Esta necesidad de desarrollar las políticas de atención al adulto mayor hizo que se decidiera acrecentar los esfuerzos para que Cuba cumpliera con los principios y recomendaciones sobre envejecimiento en la asamblea de las Naciones Unidas, hecho en New York en 1992 y así brindar la calidad de vida óptima a nuestros adultos mayores. Se destaca dentro de estos esfuerzos la creación del Centro Iberoamericano de la Tercera Edad (CITED) y la puesta en marcha del Programa de Atención Integral al Adulto Mayor de base comunitaria.1
La población de edad avanzada ofrece hoy una diversidad mayor que la que presentó en cualquier otra etapa de la historia de la humanidad. Las diferencias principales residen en la situación económica, el marco social y familiar, la salud, la historia personal y profesional de cada individuo, su relación pasada y presente con la educación y la cultura, etcétera.2
La forma y el significado de estas relaciones en el seno de la familia varían de una sociedad a otra, según los antecedentes culturales, sociales y económicos, pero siguen siendo esenciales para el mantenimiento de la asistencia, la comunicación y la prestación de servicios en diferentes generaciones. Naturalmente, estos intercambios funcionan en ambos sentidos: el contacto personal entre los hijos y sus mayores son para unos y otros un medio de realización individual de educación y actividad creadora.2
Se reconoce pues unánimemente que el respeto mutuo entre las generaciones, necesario para reafirmar la solidaridad familiar, se basa en los valores morales y filosóficos de las sociedades y las culturas del mundo.2
Nuestra sociedad tiene la responsabilidad de preocuparse desde el punto de vista preventivo, terapéutico y rehabilitorio de la persona de edad avanzada y tratar de romper con el tradicional estereotipo de considerar al adulto mayor desamparado e inútil. Para ello debe realizar una serie de acciones encaminadas a utilizar las capacidades y potencialidades de aquel en el desempeño de una función activa en la sociedad.3
De acuerdo con el papel que deben ocupar los adultos mayores en nuestro país y al lugar insustituible que ocupa la familia en la formación y educación del hombre nuevo y en las relaciones intergeneraciones futuras, realizamos esta investigación con el objetivo de determinar las peculiaridades de la interrelación entre el adulto mayor y los más jóvenes de la familia.
Las relaciones interfamiliares están determinadas por múltiples factores: unos de tipo físico material y otros psicológicos afectivos, de los que dependen en mayor o menor medida el fortalecimiento y la armonía de las relaciones de la familia y el bienestar y la seguridad de los adultos mayores. Entre el senescente y su familia se establece casi siempre una relación de ayuda mutua, basada en las actividades de la vida cotidiana que le permite seguir sintiéndose útil.4
Nuestro país necesita de la rica experiencia de los menos jóvenes y de la resistencia y creatividad de los más jóvenes, de aquí nuestro interés en saber qué piensan los unos de los otros, para poder entre todos aportar lo mejor, lo más dulce y tierno que tengamos dentro, sólo así podremos enriquecer la savia de nuestras vidas, mantener nuestras tradiciones históricas culturales y continuar desarrollando nuestra Revolución Socialista, por eso le rogamos a los más jóvenes que recuerden que: "vivir viejo está bien, pero importante es también vivir plenamente".
Démosle en nuestras vidas y en nuestra sociedad el lugar que merecen ocupar.
Se realizó un estudio lineal, prospectivo y descriptivo en áreas del local # 31 del policlínico comunitario docente "Mario Muñoz Monroy", durante los meses de enero a mayo de 1997.
Se realizaron 200 encuestas a jóvenes y adultos de ambos sexos, que recogen datos demográficos y otras preguntas que dan respuestas a los objetivos que nos trazamos. Los datos que se obtuvieron fueron procesados a través del método aleatorio simple. Los datos fueron tabulados por microcomputadora.
Se hace un análisis del comportamiento de las encuestas con respecto a la edad y al sexo. Se dividió por grupos etáreos, y se reportó en los jóvenes del sexo femenino la mayor incidencia en el comprendido entre 21-29 años con el 28 % (25 casos) y en el caso de los adultos mayores del mismo sexo los que están comprendidos entre 66-75 años y los mayores de 75 años con el 17,9 % (16 casos). Por su parte, los comprendidos en el sexo masculino reportan el 27 % (31 casos) en el grupo de más de 30 años, y en los adultos mayores hay una mayor coincidencia en el grupo etáreo de 66-75 años con 26 encuestados para el 23,4 % (tabla 1).
TABLA 1. Relación de los encuestados en cuanto a edad y sexo
Edades (años) Femenino (%) Masculino (%) Total (%)
- 20 7 7,8 10 9 17 8,5
21-29 25 28,0 16 14,4 41 20,5
+ 30 11 12,3 31 27,0 42 21,0
- 65 14 16,8 16 14,4 30 25,0
66-75 16 17,9 26 23,4 42 21,0
+ 76 16 17,9 12 10,8 28 24,0
Fuente: Encuesta.
En la tabla 2 vemos la ocupación y la escolaridad de los encuestados, donde se refleja que el 75 % de los jóvenes son trabajadores y que el 54 % tiene aprobado el nivel medio (preuniversitario). Los adultos mayores (61 %) son jubilados y sólo el 12 % trabaja, mientras que el 70 % sólo alcanzó el nivel primario y 3 % el universitario.
TABLA 2. Ocupación y nivel escolar de los encuestados
Ocupación Nivel escolar
Estud. Trab. A.C. Jub Prim. Sec. Preu. Univ.
Jóvenes 20 75 5 - - 13 54 33
Adulto mayor - 12 39 61 70 21 6 3
Fuente: Encuesta.
El 79 % de los jóvenes y el 84 % de los adultos mayores consideran a su familia como buenas, el 21 % de los jóvenes y el 16 % de los adultos mayores piensan que su familia funciona regularmente. Estas opiniones de ambas partes están fundamentadas en que a la familia le faltaba unión, comprensión mutua y respeto. Todos los jóvenes encuestados dijeron que le gustaba ayudar a su familia y que lo hacían (tabla 3).
TABLA 3. Visión de los encuestados de su familia, su interés en ayudarla y sus relaciones familiares
Su familia es Le gusta ayudarla Lo hace Se relaciona con
B M R Sí No Sí No Hno. Hij. Abu. Pad. Nie.
Jóvenes 79 - 21 100 - 100 - 75 - 48 81 -
Adulto M. 84 - 16 84 16 84 16 54 88 - - 42
Fuente: Encuesta.
En el caso de los adultos mayores, el 16 % dijo que no le gustaba ayudar a su familia y que por tanto no lo hacían. Con respecto a con quién se relacionaban más, el 81 % dijo con sus padres, el 75 % con sus hermanas y sólo el 48 % dijo que con sus abuelos. Por su parte los adultos mayores dijeron relacionarse más con sus hijos (88 %), el 54 % manifestó que con sus hermanos y sólo el 42 % con sus nietos.
En la tabla 4 hablamos de las relaciones interpersonales directas entre los jóvenes y los adultos mayores. Vemos que, según opinión de los mismos, el 71 % acepta y comprende a los adultos mayores, el 82 % piensa que lo ayudan en algo y el 88 % dice que les gusta ayudarlos.
TABLA 4. Relaciones interpersonales entre los encuestados
Aceptación comunicación Sienten lo ayudan en algo Desearía ayudarlo
Sí No Sí No Sí No
Jóvenes 71 21 82 18 88 12
Adulto mayor 55 45 77 23 82 18
Fuente: Encuesta.
Por su parte los adultos mayores en un 55 % acepta y comprende a los jóvenes, el 77 % siente que lo ayudan en algo y el 82 % dice que les gustaría ayudarlos.
En la tabla 5 se aprecia la opinión existente acerca del lugar donde se necesita o es necesaria la cooperación de los adultos mayores. Es relevante que el 58,5 % de los jóvenes y el 69,5 % de los adultos mayores consideren que son más necesarios "para hacer mandados" y que para la educación de los hijos y la de los jóvenes mismos se obtengan valores tan bajos.
TABLA 5. Lugares donde se necesita o es necesaria la cooperación de los adultos mayores


Jóvenes Adulto mayor
Necesidades No. (%) No. (%)
Para estudiar - - 10 12,1
Para educar a los hijos 26 31,6 42 51,2
Para hacer mandados 48 58,5 57 69,5
Para trabajar - - 13 15,8
Para cuidar la casa 29 35,3 34 41,4
Para enseñarlos a enfrentar y vivir la vida 39 47,5 44 53,6
Fuente: Encuesta.
DISCUSIÓN
Entre los jóvenes encuestados existe un predominio del sexo femenino, en el grupo etáreo de 21-29 años.
Entre los adultos mayores encuestados aparecen con más frecuencia los situados en el grupo de 66-75 años del mismo sexo.
El papel que nuestro Estado Socialista ha desempeñado en el desarrollo de nuestra sociedad, ha logrado elevar los índices educacionales de nuestro pueblo y garantiza así un futuro mejor para el país.
Los encuestados tienen una visión buena de su familia, su interés es ayudarlos y nos dicen con quién les gusta más relacionarse. La negación a la ayuda familiar estuvo fundamentada por los adultos, ya que los más jóvenes no los comprendían, y no tenían capacidad de escuchar y que por ser ellos "viejos", encontraban sus ideas anticuadas.
La relación entre los jóvenes y los adultos mayores no sobrepasa el 48 %, he aquí nuestro reclamo para que la familia juegue el papel que les corresponde, constituyendo la mejor garantía para el bienestar físico y espiritual de sus miembros de más edad, lo cual logrará garantizar el desarrollo pleno de todos sus integrantes y la posibilidad de permanencia de los mayores, pero no como seres aislados, sino convirtiéndose en la proveedora fundamental de protección y en la promotora de la elevación de la autoestima del adulto mayor que le permite participar activamente en la vida hogareña.2
Son importantes las relaciones interpersonales directas entre jóvenes y adultos mayores. Según los resultados podemos decir que opiniones emitidas por los encuestados reafirman lo descrito por otros estudios, donde plantean que la imagen que suele tener una persona de otra, se estructura gracias a la síntesis de muchos elementos, dentro de la que se destacan la comunicación y el tipo de actividad que se comparte y que se realiza. La evolución de la imagen que se tiene de los demás (fisonomía, acciones, sentimientos y formas de pensar) está determinada por las relaciones humanas o por la ausencia de ellas, lo cual provoca formas de conductas y pensamientos acorde con las valoraciones y experiencias que hayan acumulados unos y otros.4
Apoyándonos en lo expresado anteriormente, debemos tener presente que el hombre es el único ser vivo que convive en sociedad y que se relaciona socialmente y que esto trae como consecuencia, que en última instancia su salud, esté condicionada por los fenómenos y factores sociales, más aún, si lo que se valora es la salud familiar.5
Es necesaria la cooperación del adulto mayor, fundamentalmente, su participación en esferas como educación, compañía y afecto en la familia, debe ser valorada adecuadamente.
Por lo antes expuesto debemos recordar que:
"Los seres humanos forman tres grandes batallones y de ellos depende la verdadera riqueza del mundo. El primero es el batallón de los más jóvenes que aprenden, el segundo es el de las personas de edad madura que prosiguen y perfeccionan los logros del pasado. El tercero lo forman quienes aprendieron primero, hicieron su propia contribución para mantener y mejorar las conquistas del pasado y que ahora son libres de cumplir, si así lo deciden, con sus obligaciones individuales, para con un pequeño grupo o con la sociedad entera que los mantuvo".2
Por esto concluimos que el 28 % de los encuestados del sexo femenino estaba entre los 21-29 años, el 27 % del masculino estaba en el grupo etáreo de más de 30 años. Los adultos mayores del sexo femenino predominaron en el grupo etáreo de 66-75 años y en los mayores de 75 años, ambos con el 17,5 % y en el sexo masculino con el 23,4 % los comprendidos entre 66-75 años.
El 75 % de los jóvenes trabaja y el 54 % tiene nivel escolar medio. El 61 % de los adultos mayores está jubilado y el 70 % sólo alcanza el nivel primario.
El 79 % de los jóvenes considera que su familia es buena, el 100 % dice que le gustaría ayudarla y que lo hace y el 81 % refiere relacionarse más con sus padres.
Los jóvenes encuestados en el 71 % dicen que aceptan y se comunican con los adultos mayores. El 82 % siente que los adultos mayores lo ayudan y el 88 % manifiesta deseos de ayudarlos.
De los adultos mayores encuestados el 55 % se comunica y acepta a los jóvenes, el 77 % piensa que los jóvenes lo ayudan y el 82 % desea ayudar a la juventud.
Los jóvenes plantearon que necesitaban la cooperación de los adultos mayores en el 58,5 % (48 encuestados de los que refieren que éstos los ayudan) para "realizar mandados". Por su parte los adultos mayores coinciden en esta opinión, en el 69,5 %.

   
Autor: Policlínico Comunitario Docente "Mario Muñoz Monroy". Vertientes
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