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NOTAS
Adulto Mayor y la Sociedad
 






   
La aventura de los adultos mayores que decidieron volver a estudiar
 
       
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La aventura de los adultos mayores que decidieron volver a estudiar


Algunos tratan de saldar una antigua deuda con ellos mismos. Otros, hallar una fuente de ingresos. En la actualidad, hay en Capital unos 2.800 mayores de 55 años cursando primaria y secundaria y más de 7.100 en cursos no formales.


Alejandra Toronchik.
atoronchik@clarin.com


A veces, se trata de saldar una vieja deuda con uno mismo. O de querer saber más, para poder ayudar a los más chicos con sus deberes. A veces, también, se busca aprender a elaborar algo "vendible", para así mejorar los ingresos. O son, apenas, unas enormes ganas de salir de casa para no estar solos. Las razones por las que los adultos mayores deciden ponerse a estudiar siempre arraigan en cuestiones de fondo, vitales. Quizá por eso el perfil de estos estudiantes sea diferente y siempre interesante.

"Son los más perseverantes, los que asumen todos los riesgos y compromisos de estudiar —dice Eduardo Aragundi, director de Educación para adultos y adolescentes de la Ciudad—. O son los que empujan a los más jóvenes, diciéndoles ''no vayas a abandonar, que no te pase lo que me pasó a mí''".

"Al superar las obligaciones laborales y familiares que se tienen en la juventud, a una persona se les abren tres o cuatro décadas por delante, que pueden ser creativas y de desarrollo personal. Quedarse sentados todo el día o sumidos en la nostalgia acelera el envejecimiento y el deterioro cerebral", explica Graciela Zarebski, coordinadora académica de la Licenciatura en Gerontología de la Universidad Maimónides.

Si bien hay un número importante de quienes planean terminar la escuela o lograr aquella vocación que no fue, "la mayoría no viene a resarcir una deuda antigua, sino en busca de ofertas estudiantiles de primer nivel por puras ganas de saber y aprender. Lo hemos comprobado a través de encuestas", asegura Edith Litwin, ex directora de UBA XXI, el sistema de educación a distancia creado por la Universidad de Buenos Aires que —desde sus comienzos en 1987— tuvo una enorme afluencia de adultos mayores en sus cursos. "Tampoco son tantos los que planean ''recibirse de algo'', aunque los hay. Pero muchos se proponen estudiar porque quieren sentirse vivos. Y seguir siendo adultos inteligentes. Y tener conversaciones con sentido en temas de ciencias, política, o de aquellos temas de los que habían escuchado algo y no sabían nada. O se deciden a encontrar explicaciones que hasta ese momento no tenían", asegura Litwin.

Lejos de ser un fenómeno aislado, hay unos 2.858 mayores de 55 años cursando actualmente la escuela primaria y secundaria y más de 7.100 en cursos no formales, en el ámbito de la Ciudad. A éstos hay que agregar quienes siguen otros cursos informales, cualquier carrera universitaria de grado o postgrado, estudios terciarios u ofertas educativas especialmente diseñadas para adultos mayores que hoy abundan en distintas universidades privadas o estatales de la Argentina.

Sea cual fuere la elección, es bueno saber que en el proceso de volver a estudiar surgirán miedos y también positivas sorpresas. Los especialistas en este riquísimo momento de la vida aconsejan, durante las primeras semanas de clase, hacer ejercicios para volver a poner en funcionamiento la memoria, la concentración, o tomar conciencia de con qué saberes y herramientas intelectuales cuenta cada uno. "Pero el temor de estar anquilosados es a veces infundado o pasajero. La mayoría de los estudiantes mayores redescubren sus propias capacidades. Se dan cuenta de que pueden hacer algo que nunca antes se imaginaron. O sienten que pueden ser útiles para sí y para la comunidad, hacer tareas solidarias, o divertirse", dice Carlos Caputo, coordinador pedagógico del área de Educación no formal del Gobierno de la Ciudad.

La idea central parece ser la de recuperar la libertad que da el ser grande. Y pedir ayuda, orientación e información para elegir estudios dictados por gente agradable, y que resulten realmente interesantes para cada uno. "Es importante ser muy sincero con uno mismo: qué quiero hacer, cuánto tiempo me gustaría dedicarle al estudio. Y pensarlo dejando de lado los prejuicios, el ''yo no sirvo para esto, no voy a poder''", sostiene Zarebski.

La dimensión de esta tarea tiene alcances insospechables. "Trabajar con adultos mayores no es sólamente darles clases sobre algo que no conocen, sino ayudarlos a seguir produciendo conceptualmente —concluye Litwin—. En una época como la nuestra, donde se descree de los movimientos sociales, ésta es una oportunidad enorme para los que enseñamos: la de recuperar la experiencia de esta gente con tanta historia vivida que sigue creando".

   
Autor: Alejandra Toronchik. atoronchik@clarin.com
   



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