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NOTAS
Adulto Mayor y la Sociedad
 






   
La vejez en la Historia de la humanidad.
 
       
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REDBA - RED ASISTENCIAL DE BUENOS AIRES
DIRECTOR GENERAL: Lic. Sergio Sáliche
CURSO: Asistente Geriátrico c/ Primeros Auxilios
PROFESOR: Daniel González
MONOGRAFÍA: "Los adultos mayores en la década del consumo (1990 - 1999) desde lo social"
AUTORES: Mercedes Conci – Jorge Omar Groba – Teresita Pérez - Patricia Sanguineti - Margarita Tiglio
CURSADA: Primer Cuatrimestre 2003
ENTREGA CERTIFICADO: Agosto de 2003



1. La vejez en la Historia de la humanidad.


Basta una simple indagación bibliográfica para sorprenderse por los cambios radicales que la vejez ha sufrido en su valoración a lo largo de la Historia. Cambios que van desde el exterminio de los ancianos hasta su más sacra veneración: prácticas que en la actualidad consideraríamos criminales y otras de raigambre profundamente religiosas atravesaron a la vejez.

Comparativamente, se realizaron estudios e investigaciones sobre el comportamiento de especies animales distintas al hombre en relación con aquellos seres que envejecen. En las especies más evolucionadas los animales mayores son altamente considerados por los animales más jóvenes por la experiencia que éstos poseen.

Contrariamente, los monos antropoides jóvenes suelen eliminar a aquellos que pierden su capacidad de lucha a causa del debilitamiento físico que el envejecimiento les produce.

Algo así sucede en las primitivas poblaciones humanas en las que, en algunas veneran a sus adultos mayores, y otras toman la drástica determinación de eliminarlos. Podemos destacar, por caso, una colectividad del Sur del Sudán, que llega a enterrar vivos a los adultos mayores cuando son víctimas de una notoria debilidad.

Aún en sociedades más avanzadas, del Siglo XVIII, existían ceremonias cuyo objeto era expulsar a los adultos mayores del seno social mediante escenas ficcionales.

Variadas son las fuentes que refieren la valoración de la vejez realizadas por las sociedades primitivas; hemos afirmado que la consideración varía entre aquellos pueblos que veneraron a sus adultos mayores y aquellos que los desprecian o eliminan. Para tener una idea acabada de cómo se ha considerado la vejez históricamente, no sólo hay que indagar en la Historia sino que la búsqueda se debe ampliar e ingresar en otras ramas específicas, tales como las artes, la literatura y la mitología.

Si se habla de alta consideración y situación privilegiada para la vejez, es China milenaria el mejor y más acabado ejemplo que la civilización ofrece al respecto. Es la estructura familiar, de organización patriarcal, el sustento y razón principal que ha permitido este favorecimiento y privilegio que rodea a la vejez, pues la familia toda debía obediencia al hombre de mayor edad, como así también la postura filosófica y religiosa que relaciona la vejez con la sabiduría; no resulta extraño entonces comprender por qué el envejecimiento se ha visto favorecido en esta civilización si sabemos que para los chinos la sabiduría está relacionada directamente con la mayor elevación espiritual posible a que el hombre puede aspirar. El ingreso a la senectud era celebrado como un momento memorable.

La civilización egipcia ha dejado pocos datos respecto del trato dispensado a la vejez, aunque no resulta esto poco relevante dado que habla acaso de un viejo anhelo de la humanidad: un papiro, considerado el primer texto que trata el tema de la vejez, nos habla con criterio acerca de los achaques de la vejez y los medios para como conseguir transformar en joven a un viejo.

La Biblia hace no pocas referencias con respecto a la vejez y la visión que el pueblo judío tenía de ella; se habla de la sociedad patriarcal y los favores que poseen personas centenarias describiéndolos como mensajeros o enviados de Dios. También hay párrafos en que se refiere a las edades más avanzadas como un logro o bendición y que para alcanzarlas había que llevar una vida plena de virtuosismo. Un bello y poético párrafo en el Proverbio 20 exclama que "la gloria de los jóvenes es la fuerza, y la hermosura de los ancianos su vejez". Destaca la Biblia entre otras cosas el papel político que desempañaban los viejos: el episodio referido a Moisés nos habla de la orden dada por Dios en la que el anciano debe juntar setenta ancianos entre los varones de Israel para compartir con él la carga del pueblo. Aún así existen en la literatura posterior, episodios protagonizados por ancianos en los que se revela su in conducta y por ello son condenados a muerte, como el de los dos viejos y la casta Susana, y en el Eclesiastés, hay un párrafo alegórico de la vejez, aunque paradigmático y misterioso en que se dice que debe reverenciarse a Dios durante la juventud: "en los días de tu juventud acuérdate de tu Hacedor, antes de que lleguen los malos y los años en que dirás: no tengo ya contento".

Es importante destacar la posición de la civilización griega frente a la vejez por ser la que más ha influenciado a la civilización occidental actual. Los griegos consideraban la juventud como la única edad en que valía la pena vivir la vida. Desde lo filosófico, pasando por las artes, la poesía especialmente, se realizaban lamentos acerca de la vejez. En la mitología se habla de dioses que al envejecer se hacían malos y perversos.

Es la civilización griega un claro ejemplo de la forma contradictoria y extrema en que la vejez ha sido tratada históricamente, si tenemos en cuenta que a pesar de las lamentaciones que provocaba el envejecimiento, políticamente el poder fue ejercido en un importante período por gerontes. Esparta es una muestra acabada de la gran consideración que se tuvo con la senectud: hombres y mujeres debían someter su vida a un riguroso, estricto régimen militar hasta alcanzar la edad de sesenta años, momento en que eran liberados de la implacable disciplina militar. En Atenas el poder político era administrado por los más viejos aunque con el paso de la Aristocracia a la Democracia, los ancianos fueron perdiendo sus poderes.

Paradigma de lo expuesto, la antigua Roma es otra muestra de contradicciones y extremismos en el trato hacia sus viejos, ya que en su época primitiva los viejos eran arrojados a las aguas desde puentes para que se ahogaran, y ya en la época de la República el poder del Senado, órgano fundamental de la misma, era ostentado por gerontes. La decadencia y caída del Imperio Romano producida por los constantes embates de los pueblos bárbaros dejan pocos datos respecto de estos pueblos salvo por la mitología y la historia misma de los pueblos germánicos, que habla del predominio de los jóvenes, luego de que dioses jóvenes y guerreros enfrentan y vencen a dioses más ancianos y dominan así la escena; si se tiene en cuenta que los germánicos eran guerreros y conquistaban para vivir (o viceversa), se puede suponer que los viejos eran despreciados y, quizá, pocos.

El advenimiento del Cristianismo, coincidente con la decadencia el Imperio Romano, mejora las condiciones de vida de los ancianos, aunque durante el Imperio y la Alta Edad Media los ancianos casi no tenían acceso a la vida pública.

La Edad Media representa un retroceso en la consideración de la vejez, salvo y como excepción el período de la República de Venecia como Estado en que se forma una gerontocracia. En general, la Edad media en todas sus facetas y períodos presenta un rechazo hacia la vejez y refuerza la idea del rejuvenecimiento. La época que la sigue, el Renacimiento, aunque se prolongan ciertas tradiciones de la época anterior, produce fundamentalmente un florecimiento de las artes y las ciencias sustentado por la prosperidad de las ciudades de Italia. Se desarrollan los ideales de la belleza y el amor a la vida, por lo cual la ancianidad vuelve a sufrir oprobios y menciones irrisorias dirigidas a hombres y mujeres ancianas.

El Siglo XVII tampoco le es favorable a la senectud. Ya en el siglo XVIII se observa en Europa un aumento de la población con disminución de la mortalidad en edades tempranas por lo que empieza a aumentar la población de gerontes. Los hombres de edad, con el desarrollo de la burguesía van cobrando mayor importancia y crece el respeto por sus figuras dentro del seno familiar, pues simbolizan sus unidad y permanencia. Esto se refleja también en las artes y la literatura de época.

Entre el Siglo XVIII y el Siglo XIX es la literatura quien ofrece las mejores obras en sentido filosófico sobre la senectud. El Fausto, de Goethe es una de las mejores representaciones. Ya con Goethe nos introducimos en el Siglo XIX época de enormes cambios socioeconómicos que favorecen a las personas de edades avanzadas. La revolución industrial provoca un despoblamiento urbano, el crecimiento de la urbanidad y un fenómeno de clase social nuevo: el proletariado. Aparecen, junto a un crecimiento de la población anciana con respecto a la población total y surgen las primeras distinciones sociales entre los viejos privilegiados y los de clase social más pobre. La preocupación por la mala situación de los ancianos pobres es tomada como eje central en la obra de reconocidos autores de época, como Maupassant y Zola. La vejez es exaltada por autores como Víctor Hugo. En un párrafo de su obra "Booz dormido", retrata así a un viejo: "Si el joven es bello, el viejo es grande; si en los ojos de los jóvenes se ve fuego, en los ojos del viejo se ve luz". También autores como Dickens resaltan el amor y la dulzura en el trato entre abuelos y nietos.

Ya en épocas contemporáneas, la actitud de la sociedad va a experimentar un cambio importante respecto de la vejez, traducida como un interés y una toma de conciencia trascendente de la senectud y el envejecimiento, tanto que en los países desarrollados aparece el fenómeno demológico conocido como envejecimiento de la población, tan importante y cargado de consecuencias que algunos lo han denominado revolución vital del siglo XX.


2. El problema de la vejez en la República Argentina
en la década de los 80.

¿Un problema actual?


En la medida en que se ha considerado la problemática de la vejez en la República Argentina se ha llegado a determinar que el fenómeno en sí se ha acentuado. La población mayor considerada desde los 65 años, representaba el 4,2 % de la población total en 1950. Ya en 1980 esta cifra llegaba al 8,6%; esto es: se duplica para entonces la población de ancianos en nuestro país.

Para 1980 la problemática del envejecimiento en nuestro país, teniendo en cuenta los aspectos que hacen al potencial de crecimiento demográfico y económico, llevó a la conclusión de que se alteraría la posición política dentro del continente, con relación a otros países del mismo.

Datos fehacientes por entonces, demuestran que sumando las edades de 0 a 14 años con la de 65 años y este resultado se divide entre la población de entre 15 y 65 años, tenemos una relación entre la población que generalmente no trabaja con la que generalmente trabaja y de este modo, en 1950 por cada 1.000 habitantes activos tenemos 532 pasivos o que no trabajaban.

En los años ochenta la cifra era de cada 1.000 activos, 582. Estos cambios de estructura de la población afectaron la fuerza laboral; el desequilibrio in creyendo entre quienes se suman a la fuerza laboral y aquellos que se retiran se vuelca en número mayor a favor de quienes dejan la actividad laboral.

Un factor fundamental es la baja tasa de natalidad que registra el país, registrada ya en 1978 a través de un cuadro comparativo de la población mundial, publicado por Intercom en enero de 1979 según la cual la baja tasa de natalidad en Argentina es de 23, mientras que en América Latina es de 36 y para el total mundial es de 29.

Según estos datos, con una tasa de mortalidad de 9, tiene una tasa de crecimiento natural de 1,3 % anual. Esto quiere decir que para duplicar su población nuestro país precisará 53 años en tanto países limítrofes, como Bolivia, con una tasa en crecimiento natural de 29 % para duplicar su población necesitará de 29 años, Brasil con su tasa de crecimiento natural de 2,8 % necesitará 25 años, Paraguay, con una tasa de crecimiento de 3,1 % necesitará 22 años y Chile con su tasa de 1,8 % requerirá 38 años.
No se toma en cuenta a la República del Uruguay ya que teniendo una tasa de crecimiento natural de 1,1 precisará de 63 años para duplicar su población.

Los datos registrados por entonces proyectaban una población para 2.000 de 32, 9 millones en Argentina, 8,7 millones para Bolivia, Brasil 205, 2 millones, Paraguay 5,3 millones, y Chile unos 15,4 millones.

Un informe elaborado por el BID (Banco Interamericano de Desarrollo), calculaba entonces que la población activa o de personas que buscan empleo progresaría de distinta forma en los países mencionados, lo que agravaría el ya por entonces agudo problema del desempleo.


El cuadro, por entonces marcaba esta situación:

PAÍS 1960 1980 2000
Argentina 8,1 10,3 12,6
Bolivia 1,2 2,0 3,4
Brasil 22,8 39,7 69,3
Chile 2,5 3,7 5,6


Esto indicaba que este crecimiento a un ritmo tan acelerado podría agravar el problema del desempleo. La desigualdad de Argentina respecto de aquellos países, hecha la excepción del Uruguay podría crear una presión inmigratoria a través de las fronteras por parte de los habitantes desocupados de aquellos países.


El desequilibrio en las fuerzas laborales entre ingresos y egresos se hizo notorio desde mediados de los años 70 y ya se presentaba un problema de no fácil solución.

Los interrogantes por entonces eran:

1) ¿Se tiene en cuenta esta situación en planes referidos a jubilaciones?

2) ¿Se realizan proyectos para hacer frente a una creciente falta de la oferta laboral en el futuro?

3) ¿Se contempla la situación de la política migratoria dentro de Argentina?

4) ¿Cuál es la política demográfica más conveniente para Argentina?

5) ¿Se ha meditado sobre la conveniencia de estimular el crecimiento de la población de argentinos por medidas de estímulo adecuadas, que por razones obvias es preferible en la actualidad, que logre el aumento de población atrayendo inmigrantes?

Considerados la extensión territorial de Argentina, sus recursos económicos, muchos todavía no explotados, la baja densidad poblacional de extensiones como la Patagonia, es apremiante encarar políticas demográficas adecuadas, que, por otra parte no será fácil implementar para que nuestro país no se vea obligado, al finalizar el año 2000, con problemas de orden político, especialmente con aquellos países con fronteras en común.

Como dato relevante se podría aseverar que, por los años 80, hubo avances en lo concerniente a la solución de los diversos problemas de la vejez. Es de resaltar la aparición de cultores dentro de la Medicina, de actores socioculturales tales como cuerpos médicos especializados en Gerontología y Geriatría, hospitales, centros médicos oficiales y privados, con servicios dedicados especial o directamente a la atención de ancianos, no sólo en Capital, sino en el interior del país. Se realizaron Congresos a los que fueron invitados especialistas extranjeros en la materia, observado cursos de postgrado, de nivel universitario, para la formación de especialistas de dichas disciplinas y disposiciones legales para determinados aspectos asistenciales y sociales en ancianidad.




También, desde lo cultural, la Tercera Edad ha sido considerada, con la creación de la Fundación Cultural de la Tercera Edad, que inició sus actividades en 1979 organizando cursos de lo más diversos, tales como Idiomas, Psicología, Derecho Civil y Temas de Medicina Geriátrica, etc.

Aún así, esto ha sido insuficiente, si bien constituye un progreso rápido y sostenido, es mucho lo que queda por hacer, especialmente en lo concerniente a leyes dedicadas particularmente a los ancianos, así como la creación de servicios que permitan la permanencia de los ancianos en determinados lugares, como sus hogares, junto a sus familias. En síntesis, la solución a los problemas sociales y de salud de los individuos de la Tercera Edad no consiste en abrir más establecimientos que, por más modernos o especializados que sean, sino que se debe reforzar la vida hogareña y familiar en vez de contribuir a destruirla.

Ya en 1979, la revista "Salud Mundial" editada por la Organización Mundial de la Salud alertaba desde sus páginas:

"En la asistencia a las personas de edad hacen falta innovaciones audaces que faciliten la participación activa de los ancianos en la vida familiar y social. La auto asistencia, asistencia familiar y la asistencia de la comunidad deben organizarse de manera que las tres se refuercen mutuamente. Los que se preocupan por el costo de la asistencia descubrirán pronto que esta estrategia presenta, a la larga, la solución más barata, pero lo que por sobre todo importa es que será un paso importante hacia una mejor calidad de vida no sólo de los ancianos, sino también para sus hijos y nietos".


En el desafío planteado por el envejecimiento de las poblaciones y su problemática, los medios a utilizar no son estáticos ni incólumes, pues a medida que se avance se observará que las soluciones pueden hacerse obsoletas y deberán ser reemplazadas por otras.
En pocas palabras, la batalla del envejecimiento exigirá tácticas y estrategias cambiantes y dinámicas.

3. Los adultos mayores en la década del consumo
(1990 - 1999)


INTRODUCCIÓN.

En el año 1990 la Organización de Naciones Unidas (ONU.), designó el 1º de octubre "Día Internacional de las Personas Mayores", con el fin de concientizar a la población sobre los problemas y necesidades de las personas de más edad.

*

La aparición del fenómeno de la vejez en nuestro país nos ha llevado a determinar las siguientes conclusiones: por causas demográficas y económicas en proyección, se puede llegar a la alteración de la posición política Argentina dentro del Continente; esto significa que hay una falla en la reposición generacional.

Los datos son contundentes: la cantidad de individuos de hasta 15 años es menor que la población de gerontes. Las proyecciones del INDEC (año 1995), indican que actualmente la población de mayores de 65 años representa el 9 % de la población total.

Las perspectivas de vida en Argentina es hoy de 72 años, similar a la de los países desarrollados, con la diferencia que en América Latina la relación por cada 5 activos hay un pasivo y en Argentina, la relación es de 2 activos, 1 pasivo.

Introduciéndonos en la problemática de nuestro país debemos agregar los cambios brutales a los cuales ha sido sometida nuestra sociedad desde comienzos de la década de los años 90, donde se aplicó una feroz e inhumana política de corte neoliberal que, en principio desarticuló, para luego transformar la estructura social, expulsando del mercado laboral a aquellas personas apunto de jubilarse, no pudiendo completar sus años de aportes quedando fuera del Sistema.

La pregunta que surge es cómo van a incidir los adultos mayores en nuestra economía local, y regional, es un aspecto que aún no se ha abordado ni siquiera analizado: Cada día aparece algo nuevo pues el proceso de envejecimiento conforma una madeja con muchas puntas, de las cuales se pueden ir desenmarañando algunas cosas, pero siempre surge algún aspecto que demuestra nuestra falta de preparación para el mundo futuro. Para citar un ejemplo, el sistema de jubilación se va a encontrar con la necesidad de otorgar y mantener beneficios en el marco de una población económicamente activa con bajo nivel de empleo y con desequilibrios financieros cuantiosos. ¿Qué hacer entonces? ¿No le vamos a pagar la jubilación a la gente que trabajó en negro o que vivió en la informalidad?

Ahora surge una posible solución para modificar lo que se lanzó con el nombre de Reforma del Sistema Previsional, decretada en 1994, por el desfinanciamiento que produjo en el Estado, en referencia a que los aportes para la jubilación que recaudaba el Gobierno y que le servían para pagar al menos una parte de los haberes, comenzó a ir a parar a las AFJP. Entonces, para poder cumplir con los jubilados la Nación se endeudó, y en gran medida, el dinero le llegó desde las propias administradoras (fuente: Clarín - 15/05/03).


DESARROLLO

Luego de décadas de frustraciones y oscilaciones, cada vez más brutales, entre gobiernos civiles desplazados por gobiernos de facto, en el año 1989 se logra el traspaso del poder político por parte de un presidente civil elegido por el voto y la voluntad popular, a otro, elegido por el mismo medio. Aún inmersos en un estado de cosas caótico, con el país sumido en el flagelo económico de la hiperinflación, se lograba este importante avance societal.

Tras algunos traspiés económicos, y una última y sangrienta asonada militar, el levantamiento "carapintada" del 3 de diciembre de 1990, el país pareció enderezar su rumbo.

Con el fin de modernizar el Estado, e ingresar en la órbita de los países desarrollados (Primer mundo), hubo en el país una serie de profundas reformas en el orden político, constitucional, económico, social y cultural.

En el aspecto político, y con los cambios producidos en el mundo con la proclamada globalización, se proclamó el "fin de las ideologías" y se tomó el modelo socioeconómico neoliberal como única variable posible para el desarrollo.

La política exterior de alineamiento con los EE.UU. (las llamadas "relaciones carnales"), más las conversaciones retomadas con organismos internacionales como en FMI y el Banco Mundial, interrumpidas hacia fines de los años 80, con la posibilidad de solicitar créditos y sanear una economía devastada, fueron los primeros pasos dados hacia una sociedad de consumo.

Esto se tradujo en el achicamiento del Estado mediante la privatización y venta de empresas y recursos naturales genuinos.

De esta manera a través de concursos y licitaciones, se procedió a la privatización de empresas hasta ese momento dirigidas por el Estado; YPF (petróleo), SEGBA (energía), ENTEL (telefonía), correos, comunicaciones (radios y canales de TV), aeronavegación, transportes colectivos (ferrocarriles, subterráneos), fueron pasando de la órbita estatal a manos privadas.

Mediante medidas de orden económico, como la instauración de la moneda única, conocida como "peso", a valor nominal de 1 a 1con el dólar estadounidense, y con el firme propósito de instalar la estabilidad económica, se fue tejiendo un entramado de cuestiones que atravesaron a la sociedad en su conjunto.

La estabilidad económica lograda por aquellos primeros años de la década supuso la inversión de capitales extranjeros en el país, y el regreso de una herramienta cara a la clase media y la sociedad en su conjunto: los créditos bancarios y financieros para la adquisición de bienes que hacen al confort y bienestar de toda sociedad de consumo.

Paralelamente al nuevo estado de cosas comienzan a verse las primeras fisuras en el Sistema; se produce un crecimiento de la cultura de lo efímero, de la ostentación, del enriquecimiento, en detrimento de valores tradicionales. El lema parece ser hacer dinero rápido y fácil, en detrimento de la cultura del trabajo.

Si el fin era la modernización del Estado transformando la vieja estructura de estado proteccionista en una de Estado Regulador, a través de su achicamiento, lo que se obtuvo fue el vaciamiento del Estado y su ausencia. Pasamos del Estado proteccionista al Estado Ausente.

Mediante las medidas adoptadas generalmente por Decreto, a menudo sin la anuencia del Parlamento y con una dependencia de poderes
a todas luces de sesgo inconstitucional, se vulgarizaron los valores tradicionales reemplazándolos por otros, superficiales, que sólo fueron llevando a la instauración de conductas individualistas, de una profunda indiferencia social.

La política socioeconómica implementada no sólo llevó al vaciamiento del Estado sino a la desintegración social. Abrió una brecha insalvable entre sectores: aquellos cada vez más ricos, y aquellos cada vez más pobres.

En medio, la clase media se vio afectada hasta la fragmentación y los sectores de menores recursos pasaron de la pobreza a la indigencia.
El aumento del desempleo y la subocupación comenzó con su lento pero incesante crecimiento. Y fueron los primeros coletazos de un modelo que sólo podía llevar a la exclusión y la marginación social de millones.

Y, si bien fueron aquellos estratos sociales los más afectados, fueron los adultos mayores quienes, en primer lugar, y en mayor medida sufrieron las consecuencias.

Existen datos significativos, reveladores acerca del Sistema y sus consecuencias en los viejos. Datos por lo menos llamativos:

Por caso, en mayo de 1992, precisamente el día 7 de mayo, el Gobierno anuncia que para cancelar deudas previsionales contraídas al 31 de mayo de 1991 con jubilados y pensionados de la Caja de Industria y Comercio, creó un modo de pago: el BOCÓN (Bonos de Consolidación de Deudas Previsionales), para unos 300.000 jubilados. Los títulos emitidos en moneda nacional y dólares estadounidenses, de unos 500millones, serían entregados para fines de ese mes a los jubilados y pensionados que en forma inmediata llenaron los formularios aceptando esa forma de pago. Por tratarse de bonos escriturales los beneficiarios no recibirían los títulos, sino certificados de tenencia otorgados por la Caja de valores. Se preveía que para el mes de Junio se habrían pagado unos 3.500 millones en conceptos de deuda y para julio los 2.500 millones restantes. El plazo de emisión del BOCÓN era de diez (10) años y la cancelación se haría dentro de los siguientes 60 (sesenta) meses.

Los beneficiarios podrían utilizar los bonos para cancelar deudas contraídas con el estado, impuestos nacionales, obligaciones vencidas por aportes de trabajadores, cargas sociales, etc..

Las posibilidades abiertas para la utilización del BOCÓN, hicieron movilizar a agentes de Bolsa y financieros interesados en adquirir los títulos a los jubilados que por razones de edad o por razones de vida se verían obligados a venderlos...

Una semana después, se anuncia (14 de mayo) que los beneficiarios de los bocones podrían utilizarlos para cancelar deudas contraídas o futuras con el FONAVI (Fondo Nacional de la Vivienda). La decisión oficial daba así una tercera opción a los jubilados ya que hasta ahí (una semana antes) podían decidir entre conservar los bonos para cobrarlos diez (10) años después, o venderlos con fuertes descuentos en el mercado financiero.

Ese mismo año, en el mes de noviembre, una noticia conmueve a la opinión pública: cada ocho días un anciano se suicida.
Bajo el título de ALARMANTE la noticia recorre los distintos medios de comunicación, aunque se intenta menguar y atenuar, dando cifras oficiales que indican que lo normal es que los ancianos se maten cada 60 días, y se minimiza la noticia, comparándola con el mayor número de suicidios de ancianos acontecidos en años anteriores: 1991, 1990.

Como dato acerca de los títulos BOCÓN, un (1) año después de su emisión, la Corte Suprema de Justicia decide que una (1 en 300.000) jubilada de (93) noventa y tres años no cobre la deuda que el Estado contrajo con ella en Bonos por ser una medida inconstitucional, ya que era inaplicable la emergencia previsional a una anciana de 93 años...

Los cambios vertiginosos producidos a nivel mundial, a los que nuestro país no es ajeno, vuelven a tener un impacto en la población de gerontes, bombardeados desde lo social con la aparición de nuevas tecnologías: INTERNET, por caso los modernos métodos de pago de servicio y cobro de haberes a través de cajeros automáticos. El titular de este mecanismo señaló al respecto:
- El uso del plástico incorporará un gran progreso para la sociedad.

La pregunta es: ¿Este beneficioso sistema que libera a los jubilados de largas colas en los bancos, está a su alcance? ¿Les es realmente útil? ¿Puede un jubilado realmente manejarse frente a una máquina que responde según el botón que apriete, cuando en verdad resulta de difícil manejo aun para un joven o un adulto?

Viendo las largas colas que forman los jubilados frente a los bancos los días de cobro, según los valores y numeración de documentos de identidad negándoseles incluso el derecho a cobrar cuando tienen ganas o puedan hacerlo, creemos que no.

No sólo podemos referirnos a las dificultades que atraviesan a la población anciana desde un elevado tono tecnológico, como sería INTERNET y las cada vez más sofisticadas herramientas tecnológicas, sino desde un terreno más mundano y cotidiano:

Las máquinas boleteras de distintos medios de transporte colectivo de pasajeros, las peripecias que deben realizar los ancianos para cruzar avenidas con semáforos preparados para atletas, o para transitar por una calle con veredas plagadas de baches, puestos de venta ambulante (salida elegida por muchos de aquellos desocupados que excluidos del Sistema de consumo tuvieron que buscar salidas laborales precarias), o comercios que invaden las veredas con sus carteles de oferta o liquidación... 1 de cada 2 ancianos se queja y pide espacios más amplios para caminar

Este es el tenor de algunas de las protestas y reclamos de los ancianos que, consideramos, también han sido los primeros en reclamar frente a la injusticia social, acaso por un salario mínimo de $450 frente a los miserables $145 que aún hoy, diez años después, perciben luego de años de esfuerzo y de trabajo. Lo que generaron no pocas marchas y no pocos palos recibidos en tremendas situaciones de represión policial.

El desamparo, la desprotección, la indiferencia, la marginalidad son el peso con que los ancianos parece deben cargar, además de la fatiga propia los años y el cansancio y las secuelas de la vejez.

Los continuos desbarajustes del PAMI, son un eslabón más en la cadena de sufrimientos y humillaciones ha que han sido (y son) destinados los ancianos. El PAMI es la obra social más grande del país, con un presupuesto aproximado de 2.700 millones de pesos anuales, comparable a una provincia grande. Cuenta con sucursales en todo el país, y tiene más de 3 millones de afiliados y 11 mil empleados.

Creado en 1971 por Francisco Manrique no es un organismo del Estado sino un instituto que se financia con el aporte de los jubilados y de todos los trabajadores en actividad. Las pésimas y corruptas administraciones llevaron a su increíble cronicidad de déficit presupuestario.

La rebaja de aportes patronales dispuesta en 1994 redujo sus ingresos en el orden de los 600 millones de pesos. A eso se le sumó la caída de recaudación fiscal causada por el mayor desempleo y la baja de los salarios. Sin lugar a dudas esta crisis afecta la salud y la vida de los jubilados. Y es secuela, una más, de lo que significó la década del consumo en la vida de los viejos.

Aun existen más datos acerca del trato dado a los ancianos por la sociedad. Y son elocuentes. La por entonces Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires contaba con cuatro hogares de ancianos, al ser creados en 1978 eran llamados asilos, o más despectivamente guarda viejos. Recuerda esto a las villas miserias, cuando fueron arrasadas por las topadoras en los días del Mundial de Fútbol de 1978, escondiéndoselas del turismo. Así, los viejos fueron literalmente levantados de las calles y arrojados a estos lugares bajo un régimen cuartelario de estricto control. El cambio de "asilo" por el de "hogar" se produjo con la llegada de la democracia, y hubo al menos algún cambio importante: los ancianos pueden decidir cuándo entrar o salir y sólo deben "avisar" de su ausencia.

Muchos de los que allí se hospedan son los que van a Plaza de Mayo y no a dar de comer a las palomas precisamente, y son el espejo fiel del trato hipócrita que les dispensa la sociedad que, por un lado se lamenta y por otro los expulsa...

Estudiada (y no respondida aún hoy) la cuestión del suicidio (que allá por 1992 había sido clasificada de alarmante), enumerada apenas como una razón más entre otras, surge el tema de la jubilación, como "la coincidente aparición de enfermedades en el momento del retiro de la actividad laboral" (Silvia Molina, directora de Tercera Edad del Instituto Municipal de Previsión Social). "Una situación que debería ser vivida como corolario de una vida de trabajo se convierte en algo enfermante para el individuo".

Y continúa diciendo Silvia Molina:

"Entrar en la categoría de jubilado implica la pérdida de roles conocidos y valorados, aumento del tiempo de inactividad y la reducción de sus ingresos, entre otros prejuicios, que llevan al jubilado al aislamiento y la soledad"


CONCLUSIONES

Hemos considerado el tema de la vejez al inicio de esta monografía a través de un repaso histórico, desde los inicios de las comunidades humanas organizadas; podríamos aventurarnos a asociar a la vejez de los tiempos de la década del consumo con las épocas más negras y oscuras que atravesó esta etapa de la vida.

Pocas veces el segmento poblacional anciano y de adultos mayores ha sido "pensado" de manera más irreverente y despectiva como lo ha hecho la sociedad de consumo, desde sus distintos estratos, a lo largo de la década que va de 1990 a 1999.

La indiferencia gubernamental, que sólo ha pensado en ellos para extraer el último jugo que pudieran entregar, el advenimiento de los valores, o mejor los desvalores que conlleva en su seno una sociedad como la de consumo que troca al sujeto de deseo en un mero objeto de placer y coloca a sus viejos en el lugar que la sociedad parece guardarles: el del objeto social, son tan sólo algunos de los múltiples factores que sumergen a los viejos en la marginalidad.

Toda sociedad civilizada debiera organizarse en torno a la cadena de productividad - consumo guardando un lugar de privilegio a aquellos que llegan al cese de la actividad laboral, incluso sosteniendo a aquellos en edad de hacerlo y que por distintas razones están fuera.

La década del 90, rompió con esa cadena primaria de organización al fragmentar, precarizar o sencillamente desvalorizar la herramienta del trabajo, y al romper con esta, toda la esfera societal queda partida en principio, y luego estalla con sus distintas manifestaciones: desocupación, falta de educación, violencia, la lucha de unos contra otros, pobres contra pobres, ricos contra ricos, etc.

Educación, quizá, sea la palabra clave. Será clave para la sociedad, para la nuestra y para cualquiera. Será clave para los viejos, que con el cese de la actividad laboral sencillamente no saben qué hacer con sus vidas porque no se han preparado, nadie los ha preparado y en rigor, nadie sabe qué hacer con sus vidas y entonces, enferman o viven sus días sumidos en la angustia, la desesperación, a la espera de la muerte.

Existen alternativas que ocupen ese hueco que parece imposible de llenar, la posibilidad de encarar el futuro con la mirada puesta en los tiempos de cada uno, en las necesidades de cada uno. Acaso aquellos ancianos que no tengan, por la razón que fuera, acceso a las modernas tecnologías pueden ocupar su tiempo con un (ahora tan en boga) "Plan B", como puede ser un simple hobby que, sin irnos por las ramas podría transformarse en una salida laboral artesanal despojada de ambiciones de riqueza más que la riqueza propia del saber (algo para rescatar en el viejo) y el poder transmitir (algo cultural y asociado a la transmisión de la sabiduría o del saber hacer de los viejos).

Viejos, viejos son los trapos. Transmisores de cultura, dueños de un enorme saber.
Viejos... Viejos son los trapos.

¿Quién dice que los viejos ya no son útiles? Aun desde su lugar de objeto social hoy los viejos conservan poder: el poder de cambiar o volcar una elección con su voto. En la última elección los candidatos llegaron a la instancia del Balotaje con un 24% y un 22%: y los viejos son el 20% del padrón electoral.

Está en nosotros pero también en ellos mismos, volverlos a colocar en el lugar que merecen estar. Sin necesidad de protestas.


4. Anexo: Mitos y prejuicios de la sexualidad en la vejez.

Junto con los temas que tratamos, no podemos dejar de lado la sexualidad en la vejez. Últimamente, aparece en el diario Clarín, en el suplemento "Palabra Mayor", el adulto mayor demostrando sus relaciones. Bajo el título "Conocimiento por chateo" la historia de Rogelio Mato, 81 años, porteño y de María R. Felgueras, 72 años, de Trelew.
- Somos como dos pibes-, dicen. Se ven cada vez que pueden y ya hablan de casarse, o de -vivir juntos.

Maruja y Jorge -como se llaman entre sí-, después de conocerse personalmente, a principios de este año, se declararon su amor.
¿El futuro?, ni ellos saben qué pasará.
- Ya pasamos de ser novios.
- Somos una pareja.
- Tenemos intimidad.

Ejemplos como éstos en el diario, hay varios, pero ahora nos remitiremos a un Centro de Jubilados: "Abuelos en acción".
María y Omar formaron pareja, conociéndose en este Centro. Son personas mayores, de 68 años. María asegura que su pareja "Me hizo volver a vivir", y declara no tener miedo al futuro.
- Nos vimos, y nos enamoramos-, dice ella.
- Amor de viejos, amor que dura-, dice él.

Más allá de estas historias de vida reales, el cine, desde su lugar, no ignoró estos temas. "Besos en la frente", película argentina del director Galetini, y con guión de Jacobo Langsner, transcurre en la actualidad. El tema: Sebastián, un joven de 28 años, recientemente abandonado por su novia, conoce a Mercedes, de 80 años de edad. Se encuentran, cuando ella lo ve tocando un piano, y los rasgos del joven le recuerdan a su marido ya fallecido. Este recuerdo la erotiza de tal manera que comienza una búsqueda.
Durante un encuentro, él le dice:

- Sigue siendo una mujer atractiva. Sus ojos, su pelo-.
- ¡Ojo! -retruca Mercedes-, no siga desenvolviendo mis encantos, que se va a enamorar de mí.
Después hay un beso, y Sebastián no vuelve a visitarla. Pasan muchas cosas, donde el amor de Mercedes crece, pero sabe de lo insostenible que es este amor.

- Cuidado, Mercedes, se dice a sí misma, -no cruces; la luz está roja, pero yo sé que la luz verde no se enciende para mí.

Ante una visita del joven, y llena de angustia, dice:
- Me ha transformado en una vieja loca, me ha hecho perder la dignidad y la vergüenza... Que se vaya...

Aparece de esta manera el peso de la moral, que reprime sus impulsos, y genera que se vaya aquel que ella desea. Terrible final en el que no hay posibilidad para el amor, y en que la sexualidad queda plasmada en un símil pobre y devaluado. Sólo en este final existe una frase, en la que él dice:
- Si tuviera 80 años...
- Las cosas que haríamos...-, le contesta Mercedes.

No hay duda de que para pensar en el amor hay que pensar en la juventud. Por ello, Mercedes, sólo debe recordar. Para poder desear y amar debe conectarse con la juventud y sentirse joven.

"Romance otoñal", de origen norteamericano, dirigida por B. Keedron, cuenta la historia de una mujer de 68 años, Pearl, que queda viuda. Aparece un personaje amigo del esposo, un hombre de 70 años, y le propone en medio del funeral ir a tomar un café. Ella, para no seguir escuchando a su madre, a su hermano y a su cuñado planeando su viudez, lo acompaña. Y surge entonces el siguiente diálogo, en el que él le declara su amor:

- Tú eres mi verdadero amor
- Soy demasiado vieja -dice ella- no tengo fuerza para una nueva vida.
- Deja que sea yo el fuerte. Te doy esa seguridad.
- Nadie te da seguridad, no hay garantía...
- Soy una garantía.

Este corte con lo esperado que propone la película aparecerá como un desafío a la moral, al duelo, y a una serie de expectativas sociales.

Esto es una pequeña aproximación a lo que viven los viejos. Esta conducta no es generalizada pero viene a insertarse en uno de los tantos temas que nos preocupan. Sumado a lo anterior, nos encontraremos con los mitos y los prejuicios que hay sobre la vejez. El imaginario social piensa en extremos opuestos: o los viejos son asexuados, o son perversos asquerosos. Este recorrido les recorta la dimensión del deseo y deja al amor sin objeto. En esta monografía, se intentará dar respuesta a muchos prejuicios que existen en la materia.
Y nos haremos preguntas que habitualmente escuchamos: ¿Disminuye la sexualidad con el curso del tiempo? ¿Los seres humanos se vuelven cada vez menos activos, menos interesados, menos inquietos sexualmente?
¿Debemos prepararnos para gozar en nuestros últimos años?

Para poder responder debemos saber que en la vida humana hay conductas en que el placer lo encontramos exclusivamente en los órganos genitales: a esto llamamos genitalidad.
Hay otra serie de excitaciones que estuvieron en la infancia de cierta forma. Por ejemplo:
• • tocar y ser tocado
• • mirar y ser mirado
• • buscar y ser buscado

La intimidad, la comprensión que produce un placer que no puede reducirse a la necesidad fisiológica primaria.
Estas formas eróticas pueden o no estar en la actividad genital, pero no es la única.

Los individuos que soportan una disminución o la desaparición de sus funciones genitales no por eso son asexuados, y deberán realizar su sexualidad a pesar de sus limitaciones. Justamente ese es el problema del viejo: La erección, el coito y el orgasmo son hechos deseables, pero no son los únicos necesarios para brindar placer. Ramos F. y González H., (1996), citan estudios recientes muy demostrativos:
"En el trabajo de Laury, se informa que los ancianos pueden sentir placer y llegar a la eyaculación sin llegar a la erección", y comentan un estudio en el que el 25% de los hombres se había masturbado sin llegar a la erección.
Para la mayoría de los ancianos del estudio Conway - Turner (1992), las caricias y otras formas de contacto corporal resultaban ser una fuente de placer, y eran los aspectos que más celebraban en sus relaciones íntimas. La exploración fenomenológica de Hite (1976 - 1978), revela que muchos hombres prefieren el sexo oral al coito, a pesar que este es considerado más importante a la hora de demostrar su masculinidad. En cuanto a la mujer, éstas disfrutan más del prejuego o posjuego del coito, de las caricias y otros aspectos íntimos de la relación que del coito mismo.
En estos momentos en los medios de comunicación se toca el tema de la masturbación como posible factor de evitación del cáncer de próstata (realizada ésta a edad temprana) en los hombres, y en las mujeres no sabemos aún qué problemas.

No podemos dejar de mencionar en esta monografía a Starr (1987):
"Esta práctica, especialmente entre los viejos sin pareja, se ha convertido en una creciente y aceptable forma de sexualidad, y es ampliamente practicada. Un alto grado de masturbación es realizada por viejos solteros, viudos y divorciados, así también por muchos casados. Los expertos acuerdan con que la masturbación en los viejos es una actividad saludable que puede reducir los sentimientos de frustración y soledad.
A pesar que muchos de los viejos de la presente generación se han desarrollado bajo severos tabúes acerca de la masturbación y que les lleva a experimentar una considerable cantidad de culpa al realizarla, existe evidencia que el factor culpa está naufragando a la luz de la popularización de la masturbación realizada a través de las terapias sexuales y del movimiento feminista.
Dado el grado de interés sexual expresado por los viejos y las dificultades que relatan para encontrar pareja, la masturbación continúa siendo una importante salida sexual para muchos de ellos".

No podemos negar que esta información obtenida de reconocidos especialistas nos ayudaría en la tarea que tenemos que emprender.
Nosotros que tenemos una materia llamada demencia, debemos descartar la perversión si sabemos que nuestros pacientes la practican (a solas, sin testigos) y no pensar que éstos son moralmente perversos, anormales o "viejoverdes". Aun los médicos, que deberían saberlo mejor, frecuentemente asumen la postura de que la sexualidad no es importante ni necesaria en la vejez. El hecho de que muchos viejos creen en estos estereotipos, les hace sentirse avergonzados de sus urgencias sexuales y les lleva a no poder gozar de una actividad sexual normal o renunciar a ella.

"Esto también juega en contra al rehacer pareja a los viudos y viudas en la vejez" (Palmore, 1990).
Pero qué se puede esperar si la enorme mayoría de los padres guardamos en secreto nuestra sexualidad: ¿porqué los jóvenes deberían asumir que las personas mayores ejercen su capacidad sexual, si la ocultamos tan celosamente? Esto llevaría a que neguemos la sexualidad de nuestros viejos. A esto se le suma la conducta represiva impuesta por patrones socioculturales muy extendidos, entre los cuales juega un papel predominante la idea religiosa de que la procreación es el único fin de la sexualidad.

No vamos a negar que existen cambios fisiológicos a medida que las personas envejecen, pero es importante saber que estos cambios, por sí solos, no deberán llevar a que la función sexual sea afectada negativamente. A parte de la programada terminación genética de la fertilidad con la menopausia (en las mujeres), los cambios son mínimos. La falta de relaciones sexuales en la vejez no es el resultado de la pérdida de capacidad, sino de la ausencia de oportunidades.

Explicamos rápidamente como empieza a declinar fisiológicamente nuestro cuerpo desde lo sexual. Tanto en la mujer como en el hombre, aparecen alrededor de los 50 años una serie de cambios multidimensionales en sus aspectos circulatorios, neuronales y psicosociales entre otros. Estos períodos se llaman climaterios y se extienden durante varios años. Un particular período dentro del estado de climaterio femenino se caracteriza por la cesación gradual o súbita de las menstruaciones, debida generalmente la pérdida de la función ovárica, y que lleva a una continua disminución de la producción de estrógeno y progesterona y que junto con otros factores, puede afectar directamente la función sexual femenina. Este estado se llama "menopausia", y presenta síntomas tales como jaquecas, nerviosismo, calores, accesos de llanto y otras respuestas desagradables. Sin embargo, Weg señala que el porcentaje de mujeres que sufren estos síntomas ha sido exagerado.

En una investigación reciente, el 75% de las entrevistadas dijo no tener síntomas, en tanto que otro estudio solamente dejó el 26%, lo cual muestra que la respuesta de la mujer a su menopausia es altamente idiosincrática. Por otra parte, factores psicosociales aparecen relacionados con la menopausia. Las mujeres que trabajan o que tienen intereses adicionales sufren menos dificultades que aquellas cuya función es la de ama de casa o madre. La respuesta clitoridiana (aumento del cuerpo esponjoso) continua en las mujeres de 70 años, pero la reducción hormonal produce una pérdida del tejido adiposo.
Hay muchísimos estudios realizados, pero especialmente los de Master y Johnson de 1978, se desprenden las características de estos cambios que son más extensos, pero seguiremos dando respuestas que afectan también a la sexualidad masculina.

En el hombre de edad las mayores diferencias en la respuesta sexual se relacionan con la duración de cada una de las fases del ciclo sexual:
"En oposición al joven, que presenta una erección casi inmediata, rápido acoplamiento y rápida eyaculación, el hombre añoso (en particular después de los 60 años), es lento en la erección, en el acoplamiento y en la eyaculación, y advierten que no pueden desarrollar otra erección por un período de 12 a 24 horas después de la eyaulación" (Master y Johnson).
La erección comienza a depender cada vez más de la estimulación directa del pene y el ángulo de la pared abdominal, que se hace cada vez mayor: 90º contra 45º en la juventud. Una vez alcanzada esta erección puede mantenerse durante un largo período antes de eyacular pero esto, por supuesto, no incluye a aquellos que han tenido eyaculación precoz a lo largo de sus vidas.

Podemos agregar muchísimos más datos desde el punto de vista de la vejez a lo que ya sabemos, pero no podemos dejar de lado el ejercicio de la sexualidad a una enfermedad altamente discapacitante y de enorme importancia, que es la demencia.
Estudios recientes de Flores Colombino (1998), quien nos familiariza con el concepto de "función erótica", que junto a la "función reproductiva" constituirían la "función sexual". Esta función erótica abarca el placer sexual, el lenguaje sexual de la comunicación y el vínculo afectivo del amor. Esta "función erótica" está conservada en todos los ancianos a cualquier edad y aun dentro de una patología demencial. La más alterada es la capacidad de amor, en que se profundiza el déficit intelectual y simbólico. Pero la capacidad de sentir placer sexual está conservada, así como buena parte de lo más primitivo del lenguaje sexual, como, por ejemplo, el tacto.

Sabemos que el contacto físico es fundamental para estos pacientes, pues así lo expresan generalmente. También los cónyuges de estas personas pueden sentir deseos de abrazar y ser abrazados, se besar y ser besados, de tocar y ser tocados. No solamente las manos, estrecharlas con afecto, sino también tocar y ser tocados en las zonas erógenas sexuales; y esto es normal, no debe ser motivo de vergüenza o de culpa... pero...
"La tarea que tienen las personas que acompañan a los pacientes demenciados, sobre todo si se trata del o la cónyuge, es una de las más duras y difíciles, complejas y sacrificadas conocidas. Muchas veces el conocimiento de la fisiología sexual de las personas mayores, la adecuación de valores, la remoción de mitos y prejuicios equivocados sobre la sexualidad, permiten grandes logros en el mejoramiento de la calidad de vida de las personas demenciadas, así como para preservar la de los acompañantes, cónyuges o no, lo que sin duda tiene la mayor importancia" (Flores Colombino, 1998).

5. Bibliografía, Autores y Fuentes consultados

"La Tercera Edad". Estudio integral, Fustinoni - Passanante. Editores La Prensa, Buenos Aires, República Argentina. 1980.

"Qué lleva al anciano a la soledad", Ana María Dufek. Primera Escuela de Psicología Social. 1993.

"Proyectar la vida", "El desafío de los mayores", Ricardo Iacub.

"Conducta sexual en la patología demencial", Flores Colombino.

"La vejez. Una mirada gerontológica actual", Leopoldo Salvarezza.

"La sexualidad en la vejez", Ramos F. y González.

"Psicogeriatría, Teoría y Clínica", Leopoldo Salvarezza.

Revista "Unión Personal", Revista de difusión de las distintas actividades de la Obra Social del Personal Civil de la Nación. 1999.

Master y Johnson

Weg

Hite

Starr

Conway - Turner

Diario Clarín: Cuerpo principal y suplemento "Palabra mayor"

"Besos en la frente", dir. Carlos Galetini

"Romance otoñal", dir. B. Keedron

Centro de Jubilados "Abuelos en Acción"

   
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