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Hogares: posibilidades para los últimos años
 
       
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Los especialistas recomiendan que las personas mayores convivan en entornos familiares; sólo cuando acechan las enfermedades o faltan recursos, los geriátricos aparecen como una solución posible



Cuando uno toma contacto con la realidad de los adultos mayores institucionalizados, las primeras sensaciones que acechan son una profunda soledad y un duro abandono. La mayoría de estas personas, por diversos motivos, se encuentran desmembradas de sus núcleos familiares y han perdido su lugar en el mundo.

Las causas son variadas: carencia de recursos económicos, muerte o separación del cónyuge, ruptura de vínculos con sus allegados más íntimos, adicciones, enfermedad o demencia.

No existen cifras ni relevamientos oficiales sobre cuántos hogares para ancianos existen en la Argentina. "La realidad nos demuestra que en nuestro país tenemos un índice bajo de ancianos internados, solamente el 2% de la población total de personas de 60 años y más", sostiene Santiago Pszemiarower, médico geriatra y consultor de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos.

En términos generales, y con mayor énfasis en el interior, los ancianos suelen convivir con sus familias, uniendo así varias generaciones.

"La familia es un grupo insustituible en el cual debe permanecer el anciano el mayor tiempo posible, pues desvincularlo de su medio constituye un factor de alto riesgo social", argumenta Pszemiarower.

En este sentido, la OMS en su informe técnico N° 706 insiste en la necesidad de mantener al anciano en su entorno familiar, como medida óptima para la promoción de la salud y la prevención de enfermedades.

Sin embargo, en los casos en que las personas mayores padecen enfermedades severas o no tienen familiares que se puedan ocupar de ellos, la mejor opción es la institucionalización, ya que socializan con pares, están estimulados y encuentran un hogar.

"Existe un gran prejuicio en relación con los geriátricos y por eso las personas buscan mantener a sus parientes de edad el mayor tiempo posible en sus casas, aun cuando esa situación implique un enorme desgaste físico y emocional para el resto de la familia", expresa Elías Klubok, director médico del Geriátrico del Botánico.

Más allá de que el anciano viva con su familia o en una institución, lo fundamental es que no deje de recibir el cariño de sus seres queridos. El vacío que generalmente dejan los familiares es imposible de llenar en el nivel institucional. Por eso en los geriátricos se trabaja con las familias, se hacen reuniones y se festejan los cumpleaños en conjunto.

El índice de visitas suele ser muy bajo y en algunos casos hasta se da el abandono de persona.

El individuo al ingresar en la institución suele deprimirse porque pierde su historia y su entorno. ¿Cómo se recuperan de esa depresión inicial? Principalmente, por el encuentro con contemporáneos con los que comparten historias comunes, como las de los ídolos del pasado. Se transportan a una misma época, que es lo único que calma un poco esa sensación de desamparo.

El hogar pasa a transformarse en la casa de cada uno, en lo único que conocen. En los hogares o geriátricos las personas llevan una vida que poco o nada tiene que ver con la del resto de los miembros de la sociedad.

A los residentes suele sobrarles el tiempo libre, y los angustia no saber en qué emplearlo. Por eso lo que más necesitan es gente que los vaya a visitar, los escuche y los mime un rato.

Las condiciones en la que viven estos ancianos no siempre son las más dignas y es imperioso trabajar para que puedan disfrutar de los últimos años de su vida.

Sin embargo, lo más urgente sigue siendo la soledad y el desarraigo que sienten estas personas.

Para solucionarlo es menester concientizar en el respeto por la dignidad del ser humano y entender que cada uno de nosotros es un potencial anciano necesitado de afecto y contacto personal.

Espacios que amparan a los ancianos

Los hogares de ancianos son residencias de alojamiento permanente para mayores y abiertos a la comunidad donde se brindan diversos servicios. Actualmente están funcionando cuatro hogares dependientes del Gobierno de la Ciudad de Buenos Aires.

El Hogar de Ancianos Guillermo Rawson alberga a 286 mayores de 60 años. Tiene la modalidad de puerta abiertas y 200 personas de personal, entre médicos y cuidadores.

Gran parte de los residentes de esta institución, que linda con el Moyano y el Borda, provienen de los 1400 internos del antiguo Hogar de Ancianos General Viamonte de la Recoleta.

Cuentan con atención médica durante todo el día, medicamentos gratuitos, biblioteca, cine gratis todos los viernes, choriceada los jueves, festejo de cumpleaños una vez por mes, sala de juegos con billar y metegol.

Por su parte, el Hogar San Martín funciona como residencia permanente de puertas abiertas y la edad mínima para ingresar son 60 años.

Ofrece servicios de peluquería, clases de taichi-chuán, taller de historia de la música, capilla, odontología, enfermería, kineseología, podología, psicología, entre otros.

   
Fuente:www.lanacion.com
   



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